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09/04/2018 07:29 CEST | Actualizado 09/04/2018 07:29 CEST

Diario de una 'startup': el nombre y otras cuestiones (9)

Shutterstock / Sergey Nivens

Como tantos otros ingenieros, soy una persona más orientada hacia el producto que hacia el envoltorio. Esa insensibilidad mía en relación a los aspectos más "marketingianos" no quiere decir en absoluto que el envoltorio no tenga su importancia. La tiene, y mucha, como ya señalé en uno de los primeros posts de esta serie, citando al gurú Peter Thiel.

Que duda cabe, el nombre es una parte muy visible del envoltorio o branding y tiene su importancia, pero dudo que empresa alguna haya jamás triunfado exclusivamente gracias a su nombre. Nosotros tomamos como punto de partida que no íbamos a invertir más de un centenar de euros en el nombre, lo que elimina muchas de las opciones más jugosas cuándo se descartan nombres que ya existen como marcas registradas, dominios de internet ya existentes o cuentas en redes sociales. Nos gustaba el concepto japonés del Bentō, por lo que buscamos una palabra que lo declinara: de ahí Okakiben.

Aunque chequeamos que el nombre fuera pronunciable y con una buena sonoridad en muchos idiomas, recientemente un colega italiano me comentó que "Okakiben" le sonaba a algo así como "Oh, cagé bien" en su lengua. Aunque Italia no es el target que teníamos en mente cuándo creamos la empresa, probablemente me hubiera gustado haberlo sabido antes de registrar la marca, así que futuros creadores de startups, tened esto en cuenta.

Pensar en los (hipotéticos) beneficios antes que en el (necesario) crecimiento me parece un grave error para cualquiera que quiera crear una startup

Otra cuestión que el creador de este tipo de empresa habrá de resolver es cuándo y dónde crear la startup. Registrar una sociedad tiene unos costes de gestoría de unos 1500 euros (aproximadamente), por lo que puede no tener mucho sentido crearla en el momento de tener la idea. Puede incluso suponer cierta incompatibilidad, como era mi caso, con la actividad asalariada que uno esté efectuando en ese momento. Yo estuve considerando la idea y sondeando a amigos durante más de 6 meses antes de crear la sociedad, y le di a mis ex jefes un preaviso de 3 meses antes de crearla. Y ojo, tened en consideración que si la estructura es medianamente compleja, con socios radicados en el extranjero, el proceso de creación de la sociedad puede multiplicar varias veces los plazos óptimos que se supone que uno puede conseguir.

En relación al dónde, y siendo residente en Francia, yo elegí la conveniencia, y opté por la forma SAS, que es la más flexible para estructuras como la nuestra, y por crearla ahí. Francia, además, ofrece un ecosistema bastante apropiado para desarrollar una idea de este tipo como ya expliqué anteriormente, y con muchas empresas más bien huyendo de mi ciudad natal, el año pasado no me parecía un momento propicio para crear una empresa en Barcelona.

Obviamente, hay muchos países que ofrecen ventajas fiscales en relación a Francia, pero pensar en los (hipotéticos) beneficios antes que en el (necesario) crecimiento me parece un grave error para cualquiera que quiera crear una startup, y ello por no hablar de la ética borderline de ciertas estructuras societarias. Y puesto que públicamente no aplaudimos estas actuaciones en público tampoco las hemos querido reproducir en privado, dentro de nuestra sociedad.

Y es que el dinero, obviamente, no lo es todo en la vida.

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