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10/02/2013 10:02 CET | Actualizado 11/10/2013 11:55 CEST

Marxismo, emigración y relaciones de pareja

Emigrar es una situación estresante, y al hacerlo en pareja no siempre ambos miembros se van a integrar igual de fácilmente en el país de acogida, ni a gozar de las mismas oportunidades laborales, lo que puede crear dificultades y en el peor de los casos resentimiento.

Da cierto vértigo pensarlo, pero hace ya más de 20 años que la Generalitat de Pujol lanzó una campaña de comunicación cuyo eslogan era 'Som 6 milions'. El anuncio del link muestra una situación bastante inverosímil en la que un catalán castellanoparlante adoctrina a un catalán a secas en eso que Pujol denominaba 'fer país', la versión convergente de lo que el marxismo militante llamaba crear conciencia de clase y que el pujolismo transmutó en crear conciencia de país. Bajo el pretexto de promover el uso del catalán, el objetivo de la campaña era extender esa visión integradora del catalanismo que reza que es catalán quien vive y trabaja en Cataluña y ya de paso ampliar la reserva de votantes potenciales al contumaz granero de votos socialistas que entonces era el cinturón rojo de Barcelona.

Hoy la cifra de 6 millones evoca una realidad mucho más siniestra. Un fantasma que recorre España, el fantasma del paro. O traducido en lenguaje convergente, existe una nación de parados en el seno del estado español. Si los parados se constituyeran en comunidad autónoma sobrepasarían ampliamente la población de Valencia y no andarían lejos de rebasar a la Comunidad de Madrid. No sabemos a ciencia cierta cuál sería su himno, pero probablemente su película de referencia sería Los lunes al sol, de la que Fernando León nos explicaba en un post que diez años después de rodarla, hoy la haría exactamente igual. Y haría bien, es más, hoy su película está más de actualidad que hace 10 años. Echemos mano a la memoria otra vez: en 2002 el paro en España era de menos del 12% y estaba bajando. La verdad es que en esa época Santa, encarnado por Javier Bardem, podría haberse planteado razonablemente la emigración interna e irse a trabajar en un andamio en Jávea o en Marbella, y en una coyuntura como la de entonces podría incluso defenderse de forma convincente que una reforma laboral era necesaria para crear aún más empleo. En 2012, en cambio, con una tasa del 25% de desempleo y aumentando no era necesario ser un lince para entender que el resultado de flexibilizar el mercado de trabajo podía ser catastrófico por su componente procíclica.

He escrito con anterioridad en este blog que mal que nos pese la emigración es prácticamente la única opción válida para muchos jóvenes españoles en el paro, cuya tasa de desempleo causa ya literalmente vergüenza ajena, y lo mismo se podría decir para alguien como Santa, de quien vemos en una escena de la película en la que hace una lectura marxista del cuento de la cigarra y la hormiga como el largo desempleo le está corroyendo el carácter.

En la película vemos también que Santa no tiene ni mujer ni hijos, y tiene por lo tanto poco que perder. Y sus excompañeros del astillero se lo recuerdan cuando Santa les reprocha haber firmado un convenio que degradaba sus condiciones de trabajo. Quién nada tiene, es bien sabido, nada tiene que perder más que el orgullo y puede permitirse actuar como un kamikaze.

Alguno de los jóvenes y no tan jóvenes que han emigrado o tendrán que hacerlo próximamente tienen pareja, obviamente. Y la emigración no va a ser una prueba fácil para dichas parejas, que en el caso de seguir siéndolo deberán decidir entre hacerlo a distancia o emigrar juntos. Sólo las parejas más sólidas resistirán a lo uno o a lo otro. Sobre las relaciones a distancia, los mexicanos tienen una sentencia que dicta 'amor de lejos, amor de pendejos'.

Emigrar es generalmente una situación estresante, y en el caso de emigrar en pareja no siempre ambos miembros se van a integrar igual de fácilmente en el país de acogida ni a gozar de las mismas oportunidades laborales, lo que puede crear dificultades y en el peor de los casos resentimiento. Por no hablar de otras situaciones, en las que para conseguir un visado habrá que precipitarse a tomar decisiones trascendentales como casarse, por ejemplo.

En todo caso, mucha suerte a las parejas que se aventuren a hacerlo: si la relación merece la pena aguantará el estrés ligado a la emigración como soportó el ligado al paro.

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