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20/12/2017 07:25 CET | Actualizado 20/12/2017 07:25 CET

Sobre Petitet, el rumbero, y la rumba catalana

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Los amantes del Liceu de Barcelona tuvieron el privilegio de asistir el pasado 17 de octubre a un concierto excepcional de rumba catalana orquestado (en el sentido literal del término) por Joan Ximénez, más conocido por todo el mundo por su nombre rumbero, es decir, Petitet.

Petitet ha logrado materializar su ambicioso plan a pesar de estar afectado por una enfermedad grave llamada miastenia gravis, lo que me hizo pensar en que Petitet es la misma encarnación de lo antifrágil el bello neologismo creado por Nassim Taleb en su libro del mismo título. Además, Nassim Taleb siente cierta fascinación por los gitanos, como he tenido ocasión de comprobar en un avance de su próximo ensayo titulado Skin in the Game, del que ya reseñé un capítulo en este mismo blog.

El avance del ensayo de Taleb llegó a mis manos de forma un tanto azarosa por Twitter, y por una coincidencia parecida logré el número de teléfono de Petitet, por Twitter también, deparando cierta interacción casi mágica entre el virtual mundo de las redes sociales y la vida real que personalmente soy capaz de encontrar solo en esa red social.

Petitet, que tuvo que dar muchas entrevistas antes del concierto y que previsiblemente tendrá que dar muchas más antes de la película sobre la historia de una promesa que ha dirigido Carles Bosch, hace una excepción a estos meses de merecido descanso y acepta recibirme en el bar de barrio del que es cliente de toda la vida.

Sobre Petitet, el rumbero, y la rumba catalana

P - Dices que lo único especial que hay es Dios. Yo no sé si Petitet es especial, pero desde luego eres un personaje, ya que Carles Bosch acaba de dirigir una película sobre tu vida. Seguro que él ha visto algo especial en ti.

R - No soy especial. Soy tal como soy.

P - Puede que eso hoy en día no sea tan corriente. Ser lo que uno es y no pretender ser otra cosa.

R - Yo me siento normal. No creo ser un personaje ni ser especial. Yo doy lo que tengo, sea bueno o malo, yo doy eso. A la larga, son los otros los que tendrán que valorar las cosas. Yo a menudo me equivoco, pero a veces también acierto. Carles sabrá porque se fijó en mí.

P - ¿Ya os conocíais?

R - Sí. Yo trabajaba con el Gato Pérez e iba mucho a la sala Zeleste. En aquélla época yo tocaba con gente bastante conocida, como Carles Benavent, Paco Zapero, Raimundo Amador. A veces Carles Bosch venía a ver mis conciertos a la Zeleste. Yo siempre he sido alguien a quien le gusta todo tipo de música y no solo la rumba: rock, blues, jazz.

P - Para el que no lo sepa, tú has hecho arreglos para Rosario o Lolita.

R - He hecho mis cosas. El último que hice fue el Sarandonga de Lolita, que vino a hacerlo aquí. Ella vino a grabar unos cuántos temas, y yo le dije: si quieres que suene, haz el Sarandonga. Dicho y hecho. Cuándo salió y se oyó el resultado, pegó mucho.

P - En una entrevista vi que hablabas de rumba, y concretamente de Vete de los Amaya. Decías que lo mejor era el estribillo (vete) y el resto prácticamente morralla. Lo ponías como ejemplo de que la rumba cuando mejor está es cuando está libre de pretensiones.

R - Entiendo por donde vas. Hoy en día las cosas han cambiado. Antes se escuchaba la música con los oídos, ahora se escucha con los ojos. La letra ya no cuenta, y además la vida ya es bastante complicada. Si complicas mucho la letra, la gente que ha ido a bailar y a divertirse se queda descolocada. Se necesitan cosas que peguen, como "vete" o bien "olé olé olá".

P - O Sarandonga.

R - O Sarandonga.

P - Por cierto, ¿quiere decir algo Sarandonga? ¿O es como el Aserejé?

R - No lo sé. El asunto es muy sencillo: si yo quiero tomarme una copa y bailar, quiero divertirme. Cuándo quiera escuchar un tema que hable de la muerte, o de la libertad, buscaré otro tipo de música.

P - La rumba es muy distinta del cante jondo, que es también música gitana por antonomasia.

R - No tiene nada que ver una cosa con la otra.

P - Perdona, pero yo veo cierto hilo común. Cierto desprecio por lo intelectual. Manuel Agujetas decía que un buen cantaor tenía que ser analfabeto, porque si pronunciaba bien el cante perdía su gracia. Quizás tenga poco que ver, pero creo que la rumba tiene cierto punto antiintelectual.

R - El cante es puro sentimiento, independientemente de que uno pronuncie bien o mal. Hay gente que canta fenomenal pero que no saben comunicar. Salen a un escenario y no comunican. Puede que otro que cante un poco peor comunica mejor y a más gente.

P - ¿Crees que el ser gitano puede tener que ver algo en esto de saber comunicar?

R - No, eso tiene que ver con lo que llevas en el corazón, y todos, gitanos, payos o ingleses, tenemos corazón.

P - Pero parece que a los gitanos se os dé mejor. Puede que sea simplemente un tema de práctica.

R - Hemos practicado más este arte. Es por eso que quizás lo hacemos mejor. Pero hay payos que cantan rumba de forma espectacular.

P - Te he oído preocuparte por el futuro de la rumba. Los jóvenes parece que estén vendidos a la salsa y a otros ritmos caribeños.

R - Mi padre, cuando tocaba con Peret y con Toni, lo hacían con una guitarra y con dos palmas y poco a poco, introdujeron la percusión. Pero ahora, los jóvenes no están haciendo rumba catalana, hacen salsa. Los salseros usan el cencerro, y en Cuba esto está muy bien. ¿Pero como puede ser que los rumberos hoy usen cencerros? Eso no lo habíamos visto aquí nunca, y a mí no me gusta.

P - Se pierde la esencia.

R - Claro. Zapatero a tus zapatos. Ellos no saben hacer rumba catalana ni nosotros sabemos hacer salsa. Ni nosotros sabemos imitar el cante del Sur. ¿Por qué? Pues porque somos catalanes. Los salseros cubanos no intentan hacer rumba catalana, ellos saben muy bien dónde están.

P - Entonces el futuro de la rumba está complicado. ¿Por qué crees que se pierde la esencia? ¿Tienes alguna explicación?

R - No lo acabo de entender. Si yo como escudella i carn d'olla a diario y me gusta el Barça, ¿qué pintamos haciendo world music? Y a mí me gusta esa música, pero yo pienso en rumba, desayuno con rumba, almuerzo con rumba y meriendo con rumba. No acabo de entender lo que está ocurriendo. ¿Para qué usan los percusionistas de hoy campanas? ¿Por qué lo hacen ellos? Por favor, no. La rumba es guitarras, palmas y muy de vez en cuando un golpe, con un coro muy potente. Eso es la rumba catalana.

P - Yo tengo una teoría. Una teoría de un lego, que conste. Al ser la rumba una creación gitana, quizás el hecho de que los gitanos estén hoy más integrados y puedan ejercer cualquier oficio, quizás haga que se dediquen menos a la música.

R - El mundo ha cambiado y los gitanos tienen hoy todo tipo de trabajos. Pero en la calle de la Cera (NDLR calle de Ciutat Vella donde vive Petitet) no siempre había habido rumberos, salieron mi padre, Peret y Toni. Los otros eran vendedores ambulantes y vendedores de chatarra: ellos fueron los pioneros. Luego salió más gente, pero siempre a la sombra de estos "bestias". ¡Ojalá hubieran salido muchos más! Yo he pedido muchas veces que salieran otros, porque me temía que con ellos se acabaría la rumba.

P - Para los que no lo sepan, tu padre era el palmero de Peret.

R - Hay un vídeo del año 1966, en el que les ves cantando en la tele El Muerto Vivo. Esos hombre eran auténticas bestias: una guitarra y dos palmas. Además, si lo ves, iban muy elegantes.

P - Y tú igual, por cierto.

R - Iban muy elegantes. Que cada cuál se vista como quiera, pero en un escenario hay que ir bien vestido. Si vas a cantar rock, te vistes de la forma que te interese o que te guste, pero la rumba catalana es una señora, no puedes salir con ella en tejanos enseñando los calzoncillos. En mi casa yo eso no lo vi nunca: mi padre siempre iba con traje de alpaca, buenas camisas y zapatos de charol. Era un hombre del mundo del espectáculo, y la gente pagaba por verle y nunca le ibas a ver vestido de cualquier manera. Los rumberos de hoy salen en tejanos al escenario: eso es la revolución.

P - Es importante mantener la elegancia.

R - La rumba es una señora. No es de aquí te pillo, aquí te mato, y exige elegancia. Además, en nuestras letras siempre hemos hablado de la vida, nos hemos reído. Nuestras letras nunca han tratado el submundo de la criminalidad o de las drogas, porque jamás hemos vivido eso, la verdad. Yo soy old school, y visto a la antigua.

Sobre el pueblo gitano y el pueblo catalán

P - Petitet, ¿tú fuiste presidente muchos años de una asociación gitana, verdad?

R - Cuando yo tenía 31 años, vinieron a mi casa 3 gitanos, a medianoche. Mi padre estaba en casa, y me dijo: "¿Qué has hecho?" Yo le dije: "No he hecho nada, papá, te lo juro". Y él me dijo: "Algo has tenido que hacer para que vengan tres gitanos a casa". De hecho, habían venido a decirme que querían que fuera el presidente de la Entidad Gitana de Ciutat Vella.

P - Pues efectivamente, algo debías de haber hecho.

R - Nos quedamos más tranquilos cuando supimos que venían para eso. Yo les dije que para mí sería un honor, y que intentaría hacer todo lo que pudiese, pero que sería a mi manera, como presidente que querían que fuese. Y les dije que lo primero que iba a hacer era no pedirle dinero a nadie. Esa era la forma en la que yo quise hacerlo. Les presenté un proyecto, y organicé un concierto en el Apolo. Conseguí que vinieran todos mis colegas de la época, y cobrabamos 500 pesetas por entrada.

P - Que era poco, ¿no?

R - Era poco, pero llenamos, y con el dinero alquilé un local. Otras asociaciones, antes de empezar ya le están pidiendo dinero al ayuntamiento: yo no. Todo esto lo empecé yo solo, y luego otros se fueron sumando a la asociación.

P - ¿Qué pasó al final con la asociación?

R - Estuve 8 o 9 años, pero yo tenía muchos conciertos por esa época y no podía seguir con eso. Les dije que tenía que dejarlo. Les dije que el local ya estaba puesto, que todo estaba montado, y yo me ofrecí a ayudar, aconsejar o lo que fuera al presidente siguiente. Acabé diciendo basta, pero a mí siempre me ha gustado hacer cosas.

P - ¿Y te interesa la historia del pueblo gitano?

R - ¡Claro!

P - Lo digo porque hace poco leí un libro del inglés George Borrow: Los Zíncali. No sé si te suena.

R - No creo, hay tantos libros. ¿Acaba de salir?

P - No, pero creo que te podría interesar, porque tú eres evangelista, ¿verdad?

R - Sí. Yo creo en Dios, pero no soy mucho de ir a la iglesia. Pero yo hablo con Dios.

P - Lo digo porque en una entrevista para la película te preguntaban si sabías por qué tantos gitanos eran evangelistas.

R - Hay muchos payos que también lo son.

P - Pero en proporción seguramente hay más gitanos. Ahora mismo en el CaixaForum hay una pequeña exposición sobre la Reforma, y habla un poco de estos temas. Las iglesias reformadas han tenido históricamente éxito entre las minorías. Y por ejemplo: el gospel nace también por ahí.

R - Conozco a predicadores muy preparados, que han estudiado la Biblia y con muchos años de experiencia que cuando oyen a un pastor gitano se les cae la cara de envidia aunque lea mal, porque tienen una forma de predicar que ellos no tienen.

P - Borrow era un vendedor de Biblias inglés, y vino a España a predicar a principios del siglo XIX. Y a Borrow le fascinaban los gitanos, y predicó mucho entre ellos. No estoy nada seguro ya que es una teoría propia, pero quizás él tenga algo que ver en que haya tantos gitanos protestantes en España.

R - Pega bastante. Yo predico entre muy poquitos, pero hago lo que digo. La honra es muy importante para nosotros.

P - Borrow escribió mucho de esto. De la ética gitana. Por ejemplo la honra, el cumplimiento de las promesas, el hecho de no estar nunca en deuda...

R - Nosotros cuando tenemos un problema, y uno dice blanco y otro negro y discuten, vamos a buscar a la gente mayor para arreglarlo. Y éstos le dan la razón al uno o al otro, o disponen que se haga esto y aquéllo. Todo esto está en la Biblia. La virginidad también. Para nosotros aún es importante.

P - En la época de Borrow, él era más o menos el único evangelista. Cuando escribe sobre los gitanos, decía que eran muy poco religiosos, pero que jamás había conocido a uno que fuese ateo.

R - No, nunca. Incluso antes de que conociéramos el evangelio había un respeto a Dios. Imagínate si hubiesémos conocido la Biblia.

P - Cuándo Borrow escribió, no hablaba de música. En su libro habla de la poesía gitana. A lo mejor entonces la gente tocaba sin instrumentos, con lo que había.

R - Cuando yo era niño a lo mejor hacíamos música con una olla. O marcábamos el compás en una mesa. Tocábamos en una barra como si fuera un tambor. O usábamos un tamborcillo, como yo en mis primeras grabaciones. Los gitanos catalanes hemos de volver a eso, a la rumba. Solamente así seremos los mejores.

P - ¿No crees que esta pérdida de las esencias se da también en todos los ámbitos? Por ejemplo, ¿tú estás casado con una gitana?

R - Sí.

P - ¿Y tus hijos?

R - Tengo hijas, y están casadas con gitanos. Pero si se hubiesen casado con un payo no hubiera puesto problemas.

P - ¿Pero no crees que entonces, a la larga, y con la mezcla, los gitanos se van a disolver como una gota en un océano?

R - No. Ahora ya nos podemos mezclar.

P - Sí, claro. Pero antes eso apenas ocurría.

R - Y antes no teníamos televisión, y hoy tenemos televisión. Todo cambia.

P - Yo no pretendo que esa mezcla sea mala. Pero si uno es un cuarto gitano, ¿qué es?

R - Mi tío, por ejemplo, se casó con una gallega, una paya. Antes no había gitanos médicos, abogados o banqueros. Yo tengo un primo que trabaja en un banco. Y hoy hay gitanos médicos y abogados.

P - ¿Pero qué será ser gitano dentro de 50 años, si 3 de sus cuatro abuelos no son gitanos?

R - Seremos mezcla.

P - ¿Y entonces quién será gitano?

R - Gitanos serán los que tengan a sus padres gitanos.

P - Me estás dando la razón, ¿no?

R - No. Los que no se casen con gitanos serán mezcla. Que cada cuál se case con quien quiera, eso es lo que quiero decir.

P - Los mezclados, ¿serán gitanos?

R - Serán mezcla de payos y gitanos.

P - Cuando Borrow escribía, el caló ya se estaba perdiendo. En su libro explica que toda la sintaxis del habla de los gitanos españoles era castellana.

R - Pero sabes por qué los gitanos no hablamos caló, ¿o no? Es por los Reyes Católicos. Si nosotros no hablamos el roma es porque los Reyes Católicos nos lo prohibieron.

P - Se hicieron muchas leyes horribles de persecución de los gitanos, y Borrow también habla de esto, porque cuando él escribía no había persecución ya que Carlos III había aprobado una Pragmática que los emancipaba, y curiosamente algunos gitanos añoraban la época anterior, porque decían que había más solidaridad entre los gitanos durante las persecuciones.

R - Llegamos a España sobre el 1400 o 1420.

P - Y el ADN dice que vinisteis del norte de la India. ¿Esto lo vosotros lo sabíais? Porque gitano parece que viene de "egipciano".

R - No lo sabíamos.

P - Borrow lo intuía porque muchas palabras del caló eran calcadas al sánscrito.

R - Nosotros éramos un pueblo chuiquitito, pero llegamos a Europa con mucho oro. Y hoy en día a los gitanos les sigue gustando el oro.

P - Pues a los indios les gusta. Pregúntale a un indio el tipo de cambio del oro y te lo sabrá decir. Ahorran en oro, no en dinero.

R - A mí no me gusta el oro. Pero antes todos los gitanos iban con grandes cadenas, y a muchos eso aún les gusta. Pero a los catalanes no.

P - Y en esta época de tensión entre catalanes y el resto de España, ¿tú qué opinas?

R - Esto es un lío de tal calibre que a veces uno no sabe que pensar. No me interesa la política. Ni ahora ni antes.

P - ¿Pero si hablamos de sentimientos, no de si estos son mejores que los otros?

R - Hay quien dice que todos necesitamos de todos.

P - Es decir, que nadie es absolutamente independiente.

R - Tú tienes un boli, y yo la libreta, por ejemplo. Otro tendrá una silla, y el otro la mesa. Todos necesitamos a los otros. Si esto es bueno o malo, yo no lo sé. Que venga un técnico y lo diga. Y los técnicos son los políticos, yo lo único que les pido es que cuando hagan caceroladas en la calle, que procuren no hacer agujeros en la cazuela, porque se nos puede caer la comida, que está muy cara.

P - Jugar con las cosas de comer es peligroso.

R - Es así. Yo es lo único que les pido. La vida ya es bastante complicada, y yo siempre digo que es mejor reír que llorar. Estos temas no me interesan.

Sobre Petitet, la película, y sobre Dios

P - Hablemos de nuevo de la película. Tu historia de superación y tu enfermedad, y la promesa hecha a tu madre, me recuerdan a un neologismo acuñado por Nassim Taleb, el escritor libanés: antifrágil. Él lo aplica a todo aquéllo que crece en la adversidad.

R - Mi madre estuvo enferma 20 años. 20 años, y yo hijo único. Me lo comí todo yo.

P - Fue una enfermedad muy grave.

R - Un cáncer. No tenía ningún hermano en el que descargarme, y mis hijas eran pequeñas. Pero mi temperamento es siempre tirar para adelante. Aunque sea tonto, cuando hablaba con los médicos, me entendía con ellos enseguida. Estuve 20 años con mi madre enferma, y el día que se murió, no le eché la culpa a Dios, solamente le di las gracias por haberme permitido tenerla 20 años. (NDLR Petitet se emociona) No me enfadé con él. Yo me puse enfermo porque durante 20 años no lloré ni un día. Un día lleve a mi madre al Liceu, a un concierto de Verdi.

P - ¿Querías que ella visualizara tu futuro proyecto?

R - Sí, y yo quería aprender. Los acordes, los tonos, las melodías. Yo iba mucho por entonces, y le dije: "mamá, un día yo estaré en este escenario". Y ella preguntó: "¿seguro?". Y yo le dije: "estoy seguro".

P - Parecía una locura.

R - Una locura. Ella murió, y yo estaba destrozado. La familia lo es todo para mí. Y le hice esta promesa a mi madre: ir al Liceu, estando ella ya muerta. Durante 7 años me dediqué a escuchar música, hablando con todo el mundo, hasta que entendí que ahora era el momento.

P - Hace un mes.

R - Sí, pero yo llevaba 7 años de trabajo. Y cuando murió mi madre, no podía mantener la cabeza sobre los hombros. Porque la cabeza es la extremidad que más pesa del cuerpo humano, y mi enfermedad me debilitaba.

P - ¿Habrá más conciertos? ¿Habrá un disco?

R - Yo soy el primer gitano en pisar el Liceu, con 44 músicos clásicos, y 27 de los míos. A todo el mundo le gustó muchísimo, y habrá un disco. Pero yo me he de calmar, y he de descansar. Llevo dos años trabajando sin parar.

P - Pues cuando se estrene la película vas a estar muy solicitado.

R - Bueno, pero ya habré descansado unos meses. Como te decía, cuando enfermé, y no podía mantener la cabeza recta, me decían que estaba deprimido. Yo sabía que no era una depresión.

P - Empezó justo después de morir tu madre.

R - Ese mismo día, recién enterrada.

P - Probablemente antes estabas demasiado pendiente de ella y no prestabas atención a tu propia salud.

R - Es así. Ella murió, y yo bajé hasta 63 kilos. No podía ni hablar, ni masticar normalmente.

P - ¿Tu enfermedad tiene cura?

R - No, pero se mantiene uno, lo que ya es un éxito. Tuve que ser operado, me abrieron el tórax, estuve 10 horas en el quirófano, y me extrirparon el timo, que es una glándula que me podía producir tumores, y encontraron un tumor en el diafragma, y tuvieron que cortarlo. Por eso me cuesta hablar.

P - ¿Has visto la película?

R - No, ni quiero. La veré el día del estreno. Durante todo este tiempo, yo hablaba con Dios, y él me dijo que yo superaría la enfermedad y que iría a un gran teatro.

P - El que no tenga fe, estas cosas no las entiende.

R - No. Pero todo salió exactamente así. Llamaba a una puerta y me decían que sí. Llamaba a otra y me decían que sí.

P - En algún caso te dirían que no, y tu seguirías intentándolo. ¿No?

R - No, me decían todos que sí.

P - Entonces es que sabías exactamente en qué puertas habías de llamar, o tuviste suerte.

R - ¿Y por qué no puede ser que Dios me ayudara?

P - Puede que sí. ¿Por qué no?

R - Yo no sé si tú crees. Yo tampoco sé si hay alguien o no, pero si hay algo, yo habré ganado, y si no hubiera nada, yo no habré perdido nada.

P - Este es la apuesta de Pascal, el filósofo francés. Decía más o menos lo mismo que tú.

R - No lo sabía. Pero yo creo que ha de haber algo. Y si no lo hay, mala suerte. Pero para mí no tendría sentido que la vida se acabe y no haya nada más, para lo bueno o para lo malo. Así que yo creo que hablar con Dios me abrió todas las puertas. Yo iba a hablar a la gente sin tapujos: esto es lo que hay, te guste o no.

P - Supongo que eran todos conocidos.

R - Me ayudaron Carles Benavent, Joan Albert Amargós, Chicuelo. Ya habíamos trabajado juntos antes, y estaban conmigo. Todos ellos son figuras, y yo trabajo con ellos desde los 17 años.

P - Quizás todos querían ayudarte a sacarte de tu retiro.

R - Puede, pero era un proyecto muy arriesgado. 44 músicos de una sinfónica, con sus partituras. Tenía que haber una idea musical.

P - ¿Estudiaste solfeo?

R - No. Todo hecho con el corazón, con mis arreglos. Cantados con la boca.

P - ¿Fue tan bonito como en tu sueño?

R - Sí. La gente me preguntaba si estaba nervioso, y yo les decía que no, que el concierto ya lo había hecho yo antes en mi cabeza. Lo único que me molestó fue el pasillito de salida, que era muy pequeño, y temía caerme. Y el regidor haciendo la cuenta atrás, como si fuéramos a despegar. Yo le decía, "calla hombre, cuando me toque, me llamas, y ya está". Salí poco a poco, dije aquí estoy, y toqué, aunque con las luces no veía nada.

P - Claro, los focos te molestan por tu enfermedad.

R - Sí, pero lo único que me puso nervioso fue la salida. El concierto en sí, es como si lo hubiese hecho ya 40 veces.

P - Espero poder verlo pronto. La película se estrena en unos meses.

R - Sí, después de las fiestas. Y qué gran director en Carles Bosch. No tuve que actuar, ya que no soy actor.

P - Y hasta entonces, unos meses de descanso.

R - Sí.

Le deseé de corazón toda la suerte del mundo a Petitet con la película. Él no me dejó pagar los cafés, y se despidió dándome un fuerte abrazo.

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