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17/01/2016 09:58 CET | Actualizado 17/01/2017 11:12 CET

Ave del Año: algo más que ornitología

gorrionSiendo tal vez el conocido y familiar gorrión común el ave que presenta una distribución más amplia de todo el planeta, su declive demográfico parece ser una muestra del preocupante deterioro de nuestro entorno más cercano y de nuestra propia calidad de vida.

Si preguntáramos en la calle qué especie es el Ave del Año en 2016, lo más probable no es solo que casi nadie lo supiera, sino que tampoco sabrían de lo que estamos hablando.

Y sin embargo, cada año, desde 1988, SEO/Birdlife declara Ave del Año a una especie de ave silvestre con el objetivo de denunciar su situación o los problemas de conservación de aquellos espacios en los que habita.

En los últimos tres años, dos especies absolutamente insospechadas han sido elegidas aves del año. Se trata del gorrión común (2016) y de la golondrina común (2014). Quién iba a imaginar que las poblaciones de estas dos aves tan... comunes, iban a ver disminuir sus efectivos hasta justificar su elección... (Foto: Gorrión común/GEOPIEDRA.)

Pues sí. A pesar de que el Ave del 2016, el gorrión común, es una especie abundante, está experimentado una tendencia negativa y, según las estimaciones, ha sufrido una caída de más de un 10% en los últimos 15 años. En ciudades europeas como en Londres o en Praga la especie prácticamente ha desaparecido.

Lo preocupante del declive de los gorriones son sus causas. ¿Qué les pasa a los gorriones, unas aves que al igual que las golondrinas viven junto al prolífico hombre y que no son víctimas en general de su ataque directo...? La especie elegida se enfrenta a un descenso de población asociado a la contaminación y a la ausencia de zonas verdes en las ciudades. En el campo, la despoblación rural o la agricultura intensiva, con su alteración química por herbicidas e insecticidas, han acabado con los invertebrados de los que se alimentaban. (Foto: Golondrina común/ GEOPIEDRA.)

Diversos estudios destacan los beneficios de la presencia de los gorriones, pues ayudan a controlar plagas, dispersan semillas y son un indicador de la calidad ambiental. Paradigmático es el ejemplo de China, en donde el exterminio de gorriones fue una acción política desarrollada durante el gobierno de Mao a partir de 1958, como parte de la Campaña de las cuatro plagas (moscas, mosquitos, ratones y gorriones). Según los cálculos, cada gorrión común, enemigo de la Revolución, devoraba 4,5 kg de grano al año, por lo que por cada millón de gorriones muertos, se podría alimentar a 60.000 personas que contribuyeran al proyecto denominado Gran Salto Adelante. Pero el gorrión comía más insectos que grano..., y el daño causado por el aniquilamiento de millones de ellos dio lugar a una terrible plaga de langostas, contribuyendo a la Gran Hambruna China, en la que perecieron hasta 30 millones de personas. Ni que decir tiene que hoy día el gorrión es un ave protegida en China y que se han hecho grandes esfuerzos por recuperar su población, aunque sin éxito. Es la lamentable verdad.

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Foto: Águila imperial/GEOPIEDRA.

Desde 1988, SEO/BirdLife ha declarado veintisiete especies del año. De entre ellas, solamente seis corresponden a rapaces diurnas, quizás las aves que podría considerarse más amenazadas por la acción humana y la degradación del medio ambiente. De estas seis especies, cuatro son objeto de encomiables programas de refuerzo y protección que, por ejemplo, en el caso del águila imperial en la CAM (2000), han dado lugar a artificiosas sensaciones de salud ambiental. También progresan, lentamente, las poblaciones de quebrantahuesos (1990), cernícalo primilla (1993) y buitre negro (2010).

Los casos del águila perdicera (2005) y el milano real (1998) son peores, preocupantes e inexplicables... ¿Cómo se entiende que en la mencionada CAM el águila imperial haya alcanzado una población por encima de las cincuenta parejas (en los ochenta apenas había el doble en toda España) mientras la población de águila perdicera es anecdótica al tiempo que en Castilla León ha desparecido de todas sus áreas excepto Los Arribes? La misma tendencia afecta al milano real.

Un segundo grupo de aves del año son seis especies ligadas a los medios acuáticos continentales. Incluye algunas especies de aves que no han sido nunca abundantes y que por una u otra razón se han rarificado hasta en algunos casos desaparecer. De hecho a muchas otras especies no incluidas les pasa lo mismo.Foto: Cerceta pardilla/GEOPIEDRA.

Este es el caso de la cerceta pardilla (1997), cuyas poblaciones apenas se reducen a algunos humedales levantinos, sin que el Gobierno de la Comunidad Valenciana haga mucho al respecto... Pero igual pasa con el porrón pardo, que no ha sido incluido. Por su parte, el otrora abundantísimo pato colorado (2008) ha disminuido en los humedales manchegos de manera alarmante. Otras especies incluidas son la garcilla cangrejera (1994), la focha cornuda (2002) o el escribano palustre (2009).

El caso del Martín pescador (1996) nos lleva de nuevo a una reflexión acerca de la contaminación del medio, en este caso los ríos y arroyos..., degradación que, como ya mencionábamos más arriba, no se camufla con la puesta en marcha o incluso el éxito de parches o programas de conservación de especies emblemáticas. Foto: Martín pescador/GEOPIEDRA.

Cuatro especies marinas nos indican sin ser las únicas la alteración también de este medio. Se trata del paiño europeo (2007), el arao común (2003) y las pardelas balear (2001) y cenicienta (2013), curiosamente habitantes de los distintos mares que rodean nuestro país y los cuales sufren problemáticas semejantes.

Otras cinco especies de aves esteparias y de monte reflejan de manera más clara el problema de la degradación del medio. Tenemos, en primer lugar, a la ortega (1988), especie que a diferencia de la ganga ha disminuido sus poblaciones hasta hacerse rarísima y difícil de observar. El caso de la avutarda (2004) es distinto, porque siendo un ave tan espectacular, se ha beneficiado de una moratoria de caza que le ha permitido prosperar en algunos enclaves protegidos. El problema de estas aves se debe a los cambios sociales en las prácticas agrícolas en los que, al mismo tiempo que se ha producido un abandono del campo, las explotaciones mecanizadas y extensivas han acabado con lindes donde protegerse, han producido roturaciones mecanizadas que acaban con áreas de nidificación y, sobre todo, han llenado los campos de herbicidas y pesticidas que acaban con su alimento.

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Foto: Mochuelo/GEOPIEDRA.

Lo mismo pasa con el mochuelo, este sí especie del año en 2011, antiguamente asiduo inquilino de cualquier majano, murete u olivar, y ahora escasísimo. También la bellísima carraca (2012). Ambos son víctimas de la ausencia de lugares para nidificar, pero sobre todo, de la falta de insectos de los que alimentarse..., lo mismo que los aguiluchos, los cernícalos y las lechuzas lo son de la ausencia de roedores.Foto: Carraca europea/GEOPIEDRA.

En un medio ambiente sembrado de productos químicos, no cabe duda de que glifosato, clorofacinona, bromadiolona y otros venenos acaban en nuestra cadena alimenticia.

Algunas especies representan problemáticas singulares. Tal es el caso de la cigüeña blanca o común. Habiendo sido considerada ave del año en 1992, esta especie se ha beneficiado de la acción artificiosamente benéfica del hombre, incluyendo el aprovechamiento de nuestros basureros, para convertirse en abundante y, en algunas zonas, poner en peligro las poblaciones de anfibios y reptiles.

Por su parte, dos especies tan dispares como el urogallo (1999) o la tórtola común (2015) son víctimas del ataque directo del hombre. En el primer caso, una persecución menos masiva pero sobre un ave muy sensible y que, como en el caso de otra especie totalmente arisca a la presencia humana como es la cigüeña negra, ha condicionado la capacidad regenerativa de la especie hasta llevarla al borde de su extinción, a pesar de la tardía prohibición de su caza. En el segundo, la caza masiva de ejemplares, por cientos de miles anuales, ha rarificado la especie hasta hacerla muy difícil de observar.

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Foto: Cernícalo primilla/GEOPIEDRA.

El Ave del Año, en definitiva, lejos de ser una cuestión sin importancia o de interés para unos pocos frikis aficionados a los pájaros, es un indicador de que algo en nuestro entorno anda mal.

El 20 de marzo se celebra en todo el mundo el Día Mundial del Gorrión (World Sparrow Day), una iniciativa de la Nature Forever Society de la India y otras organizaciones conservacionistas de todo el mundo para llamar la atención sobre la preocupante situación de la especie, cuya población sufre un preocupante declive. Siendo tal vez el conocido y familiar gorrión común el ave que presenta una distribución más amplia de todo el planeta, su declive demográfico parece ser una muestra del preocupante deterioro de nuestro entorno más cercano y de nuestra propia calidad de vida.

Este post fue publicado originalmente en el blog del autor

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