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24/11/2015 07:12 CET | Actualizado 23/11/2016 11:12 CET

La energía, clave para el renacimiento industrial europeo

Europa se encuentra todavía lejos de aumentar hasta el 20% el peso del sector industrial en el PIB comunitario para 2020, desde algo más del 15% actual, y revertir la caída que se viene registrando. La consecución de ese objetivo permitiría asegurar el liderazgo global europeo en sectores estratégicos, e impulsar la recuperación económica y la creación de empleo de calidad.

Europa se encuentra todavía lejos de alcanzar el objetivo de aumentar hasta el 20% el peso del sector industrial en el PIB comunitario para 2020, desde algo más del 15% actual, y revertir la caída que se viene registrando en los últimos años.

La consecución de ese objetivo permitiría asegurar el mantenimiento del liderazgo global europeo en sectores estratégicos, e impulsar la recuperación económica y la creación de empleo de calidad.

Esa pérdida de competitividad de la industria europea en los mercados mundiales ha estado provocada, entre otros factores, por las dificultades de las pequeñas y medianas empresas para acceder a la financiación y a las materias primas estratégicas, la baja inversión en innovación, especialmente en el ámbito de la digitalización de la economía, y los elevados costes de la energía frente a otros países competidores, lo que ha motivado que algunas empresas trasladen su producción a países como Estados Unidos, donde el coste energético es sustancialmente inferior.

La deslocalización en Europa contrasta con el fenómeno del reshoring: empresas norteamericanas que habían deslocalizado sus centros de producción están retornando al país, atraídas, entre otras razones, por los bajos costes de la energía.

Pero el encarecimiento de los precios eléctricos en Europa no tiene su origen, ni en el coste de la generación, ni en el de las redes. Obedece, por el contrario, al hecho de que, en muchos estados europeos, la factura eléctrica incluye costes derivados de impuestos, cargas, tasas y gravámenes con los que se financian políticas públicas sociales, ambientales o territoriales que la encarecen innecesariamente.

Estas partidas (la "cuña gubernamental", en expresión de David Robinson, investigador del Instituto Oxford de Estudios Energéticos) representan cerca del 50% del precio de la energía para el consumidor en muchos países de la Unión Europea, y explican la diferencia del precio final con el de Estados Unidos, donde esas políticas son financiadas principalmente a través de los presupuestos estatales y federales.

El encarecimiento de los precios eléctricos en Europa no tiene su origen, ni en el coste de la generación, ni en el de las redes.

El coste de la energía y la competitividad industrial forman un binomio inseparable. Como viene recomendando la European Round Table of Industrialists (ERT) - grupo que reúne a presidentes y CEOs de cincuenta grandes multinacionales europeas de los sectores industrial y tecnológico, del que formo parte-, la política energética europea debe estar alineada y ser coherente con los ambiciosos objetivos industriales de la UE.

La Agencia Internacional de la Energía estima en 2,6 billones de dólares las necesidades de inversión en el sector energético europeo para el período 2012-2035. Para poder acometer esas inversiones, la Comisión Europea y los Estados miembros deben garantizar unos marcos regulatorios predecibles y estables, capaces de atraer a los capitales privados y promover la consecución del mercado único, con un regulador único también que vele por el cumplimiento de las normas en todos los Estados miembros.

Europa necesita una política energética común, capaz de dar respuesta a los retos de la competitividad, la sostenibilidad medioambiental y la seguridad de suministro. Sin embargo, además de los crecientes precios energéticos finales, aspectos como la diversidad de marcos tarifarios que alteran la libre competencia, la insuficiencia del precio del CO2 para incentivar el cambio tecnológico y facilitar los objetivos de reducción de emisiones, y el cierre masivo de centrales en Europa por su escasa rentabilidad, con el consiguiente riesgo de que se produzcan situaciones de corte de suministro y falta de respaldo ante la intermitencia de las renovables, obstaculizan la consecución de ese triple objetivo.

Las instituciones europeas son conscientes de la envergadura de estos desafíos, y tienen la oportunidad de acometer el proyecto energético más ambicioso desde la creación de la Comunidad del Carbón y del Acero, como ha manifestado el comisario Arias Cañete.

La creación de la Vicepresidencia para la Unión de la Energía y de la propia Comisaría Europea de Acción por el Clima y la Energía, así como la publicación del Paquete de verano de energía (julio de 2015) por parte de la Comisión Europea, suponen un paso adelante hacia la aplicación de la estrategia de la Unión de la Energía, un enfoque integrado superador de las veintiocho políticas energéticas nacionales, y una vía para la reducción de los costes energéticos, imprescindible para impulsar el renacimiento industrial europeo.

También en energía, necesitamos más Europa.

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