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27/04/2018 12:19 CEST | Actualizado 27/04/2018 12:20 CEST

Cuando las calles gritan, hay esperanza

CARLOS PINA

Con la serenidad que dan las horas y con la firmeza de las convicciones necesito plasmar en letras la indignación y tristeza que me ha producido la sentencia de La Manada. Esa sentencia que entierra la dignidad de todas nosotras, esa sentencia que revuelve los estómagos de quienes leemos cómo una chica de 18 años, agazapada y acorralada frente a 5 hombres, no ha sufrido una violación simplemente porque no se enfrentó a ellos, porque posiblemente el miedo la paralizó y esos hombres solo decidieron penetrarla reiteradamente pero no partirle la cabeza.

¿Acaso tenemos que explicar a nuestras hijas que si se resisten pueden morir, pero si no lo hacen sus agresores pueden quedar libres del delito de violación?

Respetamos la Justicia, por supuesto que la respetamos, pero eso no significa compartir todas y cada una de las decisiones judiciales sin poner reservas a determinadas afirmaciones.

Parece que nos estuviéramos acostumbrando a asumir con normalidad situaciones de ataques a los derechos y a la dignidad de las mujeres en esta Europa del siglo XXI

Por desgracia, parece que nos estuviéramos acostumbrando a asumir con normalidad situaciones de ataques a los derechos y a la dignidad de las mujeres en esta Europa del siglo XXI, donde hay momentos que nos hacen retrotraernos a tiempos pasados. Por poner un ejemplo, la ratificación del Convenio de Estambul para la lucha contra cualquier violencia dirigida hacia las mujeres está teniendo que pasar en algunos países verdaderos escollos para su aprobación.

Recientemente tuvimos un debate al respecto en el Parlamento Europeo y tuvimos que escuchar discursos que más bien parecían proclamas contra quienes defendemos la necesidad de legislar en Europa algo tan fundamental como la lucha contra la violencia de género. Los eurodiputados y eurodiputadas que se manifestaron en este sentido sostenían que el término género tiene un fondo ideológico y que lo que verdaderamente debemos hacer es garantizar el concepto de familia. Nuevamente pretenden poner en el espacio de lo privado una realidad sobre la que toda la sociedad debemos mantenernos firmes.

Acabo de leer una novela ambientada en la Europa de finales del siglo XVIII donde una de las protagonistas decide dejar de ser mujer porque no acepta que sean otros los que escriban las letras de su destino, porque no acepta la falta de libertad ni el papel que otros han decidido por ella... Es una novela, sí, pero no puedo evitar pensar que más de 200 años después todavía no hemos conseguido esa ansiada libertad.

Pienso que todavía hay esperanza en esta sociedad cuando las calles se inundan de voces para gritar muy alto que sí te creemos, que no estás sola

Estamos indignadas e indignados, pero no nos resignamos. La familia socialista vamos a continuar trabajando sin descanso en todos los niveles para erradicar esta lacra. Esta misma semana en el Congreso de los Diputados hemos pedido que se reforme la Ley orgánica del poder judicial para avanzar en la formación y especialización en violencia de género de los y las profesionales de la Justicia, y desde el Parlamento Europeo seguiremos reclamando una Directiva europea contra la violencia de género, un marco jurídico específico del derecho europeo para combatirla.

Porque miro con esperanza como se remueven las conciencias de miles y miles de personas ante la injusticia, porque pienso que todavía hay esperanza en esta sociedad cuando las calles se inundan de voces para gritar muy alto que sí te creemos, que no estás sola. Por todo eso, y porque no merecemos vivir con miedo... seguiremos trabajando, seguiremos luchando.

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