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24/09/2012 08:44 CEST | Actualizado 23/11/2012 11:12 CET

¿Y si finalmente China y Japón van a la guerra?

La tensión entre China y Japón se ha disparado. Pero, ¿realmente puede estallar una guerra entre la segunda y la tercera economías del mundo? Desde el punto de vista diplomático y de las respectivas alianzas, China no tendría un escenario muy halagüeño.

La tensión entre China y Japón se ha disparado desde que comenté sus querellas históricas hace una semana. La compra de tres de las cinco islas del archipiélago Senkaku/Diaoyu por parte de Tokio desembocó en las protestas de ciudadanos chinos que han recogido ampliamente los medios de comunicación de todo el mundo. Se habla de alta tensión entre ambos países, pero, ¿realmente puede estallar una guerra entre la segunda y la tercera economías del mundo? Este temor comienza a tener cabida en la prensa internacional como indica el tema la portada de The Economist.

Portada de The Economist de la semana del 22 de septiembre. Fuente: The Economist.

De momento, y así se hará en este post, se analizará un conflicto limitado, una especie de guerra de las Malvinas en el Pacífico. Por ahora no toca jugar a ser Tom Clancy y no plantearé los escenarios más terribles de conflicto global, más allá del marco de Asia-Pacífico.

Desde el punto de vista diplomático y de las respectivas alianzas, China no tendría un escenario muy halagüeño. Estados Unidos debería respetar el Tratado de Mútua Seguridad y Cooperación con Japón. Según su artículo V, el territorio de las Senkaku quedaría incluído en el pacto, tal y como asegura el propio Ministerio de Asuntos Exteriores nipón.

Destructor japonés de la clase Kongō con el sistema de combate Aegis. Fuente: Wikimedia
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Estados Unidos ha dejado claro que sus intereses estratégicos se centran en Asia-Pacífico, y siguiendo esta línea, no se desentendería de sus compromisos. Aunque como declaró esta semana Leon Panetta, secretario de Defensa, la opción preferente de Washington es que chinos y japoneses resuelvan su disputa pacíficamente, y que ellos no intervendrían en el terreno diplomático.

Si miramos el terreno material, pese a los esfuerzos realizados recientemente, la marina de la República Popular de China no tendría ninguna opción frente a una fuerza combinada de estadounidenses y japoneses, ya que se tratan de dos de las flotas más poderosas del planeta.

Marineros de la República Popular. Fuente: Wikimedia.

Pero también hay quien ha analizado si Estados Unidos se desentiende totalmente o no quiere intervenir con la VII Flota en un conflicto limitado y finalmente Japón y China van a la guerra. En este sentido, la revista Foreign Policy hace un interesante análisis sobre el hipotético choque armado, que tampoco augura un buen futuro para los intereses de Beijing. Aunque el análisis militar a priori es arriesgado, nunca se sabe cómo los ejércitos van actuar hasta que están bajo el fuego, y como dijo el mariscal prusiano Moltke: "Ningún plan de batalla sobrevive al contacto con el enemigo".

Según esta publicación, primero de todo hay que borrar el tópico de Japón como un país pacifista. El presupuesto de defensa nipón es el sexto mayor del mundo, según datos del Stockholm International Peace Research Institute. Su Fuerza Marítima de Autodefensa (es el nombre oficial) cuenta con un equipamiento puntero -como los sistemas de defensa aérea AEGIS- y sus marineros y oficiales gozan de una excelente reputación por la profesionalidad demostrada en las maniobras y misiones internacionales que han llevado a cabo.

Vista aérea de una de las islas Senkaku/Diaoyu. Fuente: Wikimedia.

Por su parte, la armada del Ejército de Liberación Popular de China lleva desarrollando grandes esfuerzos en los últimos años para convertirse en una fuerza moderna. En principio, gozaría de superioridad numérica frente a sus rivales nipones. Asimismo, el arsenal de misiles balísticos es un riesgo para cualquier enemigo que opere en las aguas del mar de China. Pero su mayor problema es que su marinería no tiene la profesionalidad y la experiencia de los japoneses. Las fuerzas navales de Beijing han tenido una participación muy limitada en misiones internacionales.

Con este panorama, aunque China imponga su ventaja numérica y ocupara las islas, probablemente tendría muchas pérdidas entre su marina de guerra. Como indica el citado artículo, sería un precio demasiado elevado a pagar, ya que esto entorpecería enormemente los planes de expansión naval, un paso fundamental para Beijing si quiere convertirse en la gran potencia global.