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14/06/2018 07:25 CEST | Actualizado 14/06/2018 07:25 CEST

Maluma (y tu heteromirada) baby…

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Nuestra mirada ha sido educada para ver una coherencia ficticia entre el género, el sexo y cómo actuamos esto en la cotidianidad. Ante cualquier incoherencia, la duda y la sospecha.

Recuerdo esa tarde de principios de diciembre del 2015 como si fuera hoy. Iba junto a mi compa, acabábamos de salir de una actividad en la glorieta de Insurgentes a la entrada de la Zona Rosa en la Ciudad de México. El nombre de la actividad era algo así como "A-tentado drag"; su intención era denunciar cómo las empresas se enriquecen a través de la comunidad LGBTTTI. Íbamos en una comparsa a son de batucada, bailábamos, reíamos, cantábamos, nos abrazábamos.

Más importante aún, nos protegíamos de personas que se acercaban para acosar compañerxs. Juntxs y revueltxs: heteros, lesbianas, jotos, trans, travestis y dragas. Yo iba en Juanita Caminante, mi persona drag. Una falda larga de cuadros con una camisa morada me acompañaba, entaconada, maquillada como si fuera a dar show en cualquier antro y con una flores pegadas a mi barba.

La actividad culminó un poco después de caer la noche. Estábamos cansadxs, y mi compa y yo decidimos alcanzar el pequeño lujo de un taxi para volver a la casa. Caminábamos y caminábamos, era uno de esos momentos en la ciudad donde ningún taxi se detiene. Cruzamos a la calle Niza, estaba algo oscura, a lo lejos al otro lado de la calle, se atisbaba un grupo de muchachos jóvenes que miraban con inquietud. Decidimos acelerar el paso y llegar a una esquina con más iluminación para seguir esperando un taxi. Llegamos, pero sin darnos cuenta, el grupo de muchachos también. Venían corriendo detrás de mí.

Dos rostros se detuvieron frente al mío, su mirada me inspeccionaba mientras comenzaba a sonar una sonrisa nerviosa: "Te dije, sí es wey".

Dos rostros se detuvieron frente al mío, su mirada me inspeccionaba mientras comenzaba a sonar una sonrisa nerviosa. "Te dije, sí es wey", todo pasó en menos de dos segundos, comenzaron hablar y murmurar entre sí mientras uno de ellos comenzaba a buscar algo con desespero en los bolsillos de su chamarra. Podría ser su celular o cualquier cosa, pero no quisimos quedarnos para averiguarlo. Ellos se acercaron a nosotrxs para confirmar sus sospechas, nosotrxs corrimos para no saber qué harían al confirmarlas.

En días recientes las redes sociales se han desbordado alrededor de la figura del cantante de reggaetón y trap, Maluma. Esta vez, no ha sido por críticas a la misoginia del contenido de sus canciones. Tampoco ha sido por críticas clasistas que intentan chiquitear la música del reggaetón. Al contrario, todo eso parece quedar en suspenso. Desde notas en medios de comunicación hasta comentarios individuales advierten que lo que importa ahora es la "sospecha", es la "duda de su heterosexualidad". Todo esto a raíz de varias fotos y vídeos que Maluma ha subido a sus redes sociales. Pero, ¿qué tienen de controversiales dichas imágenes? ¿Por qué la sospecha? Por ilusorio que parezca: la ropa, sus accesorios y sus gestos son la sospecha, la duda.

En una de las imágenes el cantante posa en unas escaleras vestido con un pantalón rosa, un saco casual azul y una playera blanca. Acompaña su vestimenta con una bolsa de mano. Ante la imagen las redes claman: "aquí la imagen de un clóset con puertas transparentes", "que se abra la puerta del armario", "me preocupa que no se le vean los pies, siento que carga tacones". Ante la sospecha y la duda, se busca transparencia. Las referencias al armario y al salir del mismo confirman de donde viene esa sospecha y la "duda de su heterosexualidad": viene de tu heteromirada amiguis.

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Sí amiguis, dense cuenta. Lo que su heteromirada ha puesto en juego detrás de estos comentarios es lo generalizado de la homofobia.

Sí, tu heteromirada, esa que hoy sigue confirmando que la heterosexualidad es vista como la norma, como un régimen político más no una preferencia individual. Es decir, como eso que sigue enmarcando lo "bien" visto. No pretendo defender a Maluma, pues lo que está puesto en juego ante tanto revuelo no es su quehacer como artista.

Lo bien visto en los comentarios que se han generado en las redes es la heterosexualidad como una característica que da respetabilidad a la persona

Aquí lo que está puesto en juego es tu mirada y cómo le das sentido al mundo a partir de lo que ves. Más bien, cómo eso que ves te interpela desde una estética binaria que te lleva a jerarquizar entre lo que está bien y lo que discriminas. Lo bien visto en los comentarios que se han generado en las redes es la heterosexualidad como una característica que da respetabilidad a la persona.

Cuando hace un tiempo desde el feminismo se generaron fuertes críticas al contenido de las letras de Maluma, probablemente ni te hizo ruido. En aquel momento no te molestó la crítica a las letras machistas. Hoy, al ver las imágenes gritas en las redes: "cuando eres cantante, madre, padre, activa y pasiva", "Maluma el que lo lea", "una mujer empoderada del siglo XXI", "amiga, date cuenta". Pues tal vez sí amiguis, dense cuenta. Lo que su heteromirada ha puesto en juego detrás de estos comentarios es lo generalizado de la homofobia; la sutileza de la misoginia al feminizar una persona como si eso fuera degradante; la supremacía de la heterosexualidad como la norma, lo bien visto.

Nuestra mirada ha sido educada para ver una coherencia ficticia entre el género, el sexo y cómo actuamos esto en la cotidianidad. Ante cualquier incoherencia, la duda y la sospecha. Eso mismo que llevó a los muchachos a interpelarme en la calle. Aunque en esa ocasión no sucedió nada, la mirada sobre los gestos, vestimentas y accesorios de Maluma en las redes nos dicen mucho. Estamos en el mes en que se celebra el orgullo LGBTTTI, tal vez viene siendo hora de que te llenes de orgullo y comiences a desaprender tantos prejuicios de tu (hetero)mirada baby...

Este artículo se publicó originalmente en El HuffPost México

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