BLOGS
14/11/2018 07:12 CET | Actualizado 14/11/2018 07:12 CET

Lenguaje inclusivo y literatura

Cubiertas de las editoriales Ethos / Espejos Literarios
Editorial Ethos / Espejos Literarios
Cubiertas de las editoriales Ethos / Espejos Literarios

Siempre he considerado el lenguaje como un material maleable: puede transformarse, deformarse, sin romperse. Escribir es tomar este material y darle forma de acuerdo con unos propósitos específicos. Un discurso, un ensayo o una obra de ficción se moldea para responder a la pragmática que plantea un autor. En este orden de ideas, la escritura es poderosa. Se ha visto lo que puede hacer un discurso populista. Se conoce el efecto de frases como "Make America Great Again" o "Brasil por encima de todos; Dios por encima de todos".

El lenguaje no es sólo un material maleable, sino inflamable, peligroso. Esto, por supuesto, no debe conducir a posturas radicales. No se trata de censurar, sino de educar: enseñar a leer críticamente. Un ejemplo de este esfuerzo se encuentra en el análisis del discurso, que se dedica a desentrañar las relaciones de poder existentes en la forma en que este material es usado.

No hay que olvidar que la maleabilidad es una de las cualidades más maravillosas de la escritura. Para comprender esto basta con imaginar a Gabriel García Márquez frente a su escritorio, sin su máquina, sin papel y sin un bolígrafo, sólo con sus manos y su pensamiento, dándole forma a Macondo, como si se tratara de hacer una escultura con un pedazo de arcilla. O se puede imaginar a Julio Cortázar, con las manos llenas de Rayuela, moldeando el Capítulo 68: "Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso..."

La literatura es búsqueda e interpretación de lo incierto. Se nos olvida que el arte no responde a un "deber ser". Por eso no debe entenderse el lenguaje inclusivo como un límite, sino como una experiencia de lectura cimentada sobre bases culturales nuevas.

Esta cualidad permite, entre otras cosas, que la escritura literaria transgreda la realidad, transformándola en la conciencia de sus lectores. De modo que esta maleabilidad es importante y vale la pena defenderla dentro de la escritura. Por eso resulta desconcertante la avalancha de comentarios negativos sobre la incorporación del lenguaje inclusivo en las obras literarias. ¿Esta modificación del lenguaje no es una transgresión de la realidad? ¿No son las obras literarias espacios de reflexión, construcción, deconstrucción y reconstrucción de nuestra experiencia vital?

La publicación de El Principito en lenguaje inclusivo, por la editorial argentina Ethos, y La Principesa, por la editorial Espejos Literarios, son buenos ejemplos de ello. Julia Bucci y Malena Gagliesi, responsables de la edición con lenguaje inclusivo, plantean una manera diferente de leer este libro. No se trata de un capricho. Se trata de cambiar la forma en que se piensa la realidad a través de la obra literaria. Por otro lado, no se puede considerar estas transgresiones como censura, pues la versión original de El Principito sigue publicándose, distribuyéndose y leyéndose.

La literatura es búsqueda e interpretación de lo incierto. Se nos olvida que el arte no responde a un "deber ser". Por eso no debe entenderse el lenguaje inclusivo como un límite, sino como una experiencia de lectura cimentada sobre bases culturales nuevas. Una posibilidad que brinda la maleabilidad de ese material que son las palabras.

Frases como "Han destrozado El Principito haciéndolo inclusivo", "Esta tiranía de lo políticamente correcto" y otras más leídas en las redes sociales usan este material maleable para forjar una camisa de fuerza. Nos dicen, entonces, qué puede y qué no puede hacerse con las palabras y establecen una manera correcta de leer. Con esto cumplen un propósito distinto al que parecen defender.

El lenguaje no es sólo un material maleable, sino inflamable, peligroso. Esto, por supuesto, no debe conducir a posturas radicales. No se trata de censurar, sino de educar: enseñar a leer críticamente

Estas nuevas maneras de leer El Principito no excluyen las viejas formas; quien quiera leer las traducciones típicas puede acercarse a ellas, o a la versión original. Sin embargo, quien desee explorar una manera alternativa de abordar este libro puede hacerlo a través de estas versiones que amplían su espectro de interpretación y plantean otra manera de percibir la realidad. ¿Qué pasaría si se incorpora el lenguaje inclusivo a la vida cotidiana? ¿Podría esto transformar la relación con el mundo?

No podría responder con certeza estas preguntas, pero me atrevería a afirmar que el lenguaje permanecería intacto, cumpliendo su función comunicativa y creativa. Con el tiempo, incluso, se naturalizarían estos cambios y no se perdería la posibilidad de descubrir de qué modo este material mágico continúa transformando el mundo.

Síguenos también en el Facebook de El HuffPost Blogs

EL HUFFPOST PARA LG