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15/02/2016 06:58 CET | Actualizado 14/02/2017 11:12 CET

Lo que aprendes siendo veinteañero

jessica semaanHace poco cumplí los 30. El pánico por no haber tenido hijos, ni haber completado las típicas listas de cosas que hay que hacer antes de los 30, ni haber ganado millones fue reemplazado por esa sensación que te queda después de haber llorado por un ex hasta más no poder: vacío.

Jessica Semaan

Hace poco cumplí 30 años. El pánico por cumplir 30 años y no haber tenido hijos, ni haber completado las típicas listas de "cosas que hay que hacer antes de los 30" ni haber ganado millones de dólares fue reemplazado por esa sensación que te queda después de haber llorado por un ex hasta más no poder: vacío.

Si echo la vista atrás a la segunda década de mi vida -mi turbulenta etapa de veinteañera-, veo una nebulosa de transiciones, transformaciones, revoluciones y chupitos de tequila. En resumen, cuando somos veinteañeros, nos equivocamos la mayoría de las veces, especialmente porque creemos que tenemos razón.

A continuación puedes leer los 20 consejos que le daría a mi yo veinteañero. No es que sea algo que me siga preocupando a día de hoy, pero si resulta que tú, que me estás leyendo, tienes veintitantos, puede que alguno de ellos te sirva.

1. No pienses en hacerte de oro. Porque eso te llevará a centrarte en una carrera profesional que te dé igual, que no signifique nada para ti y que te absorba el alma. Céntrate en trabajar con gente que te resulte inspiradora, en hacer cosas que te proporcionen energía, en solucionar asuntos importantes. Y si resulta que te encanta la programación o el diseño, también conseguirás ganar dinero con ello. Estás en la etapa de tu vida en la que tienes más energía y flexibilidad, no las desperdicies viviendo los sueños de otros. Tómate tu tiempo para elegir.

2. No trabajes en una star-up a no ser que sea de tu propiedad. Trabajar en una empresa emergente significa trabajar como un esclavo para poder comer, y eso es algo que no puedes permitir. Funda tu propia empresa o trabaja para Google y, cuando salgas del trabajo, haz realidad un proyecto que te apasione.

3. Deja el trabajo si no estás a gusto. Confía en mí: nunca he oído a nadie decir "ojalá me hubiera quedado con ese trabajo que odiaba y que me hacía dudar de mí mismo". Encontrarás otro trabajo, lo juro. Probablemente hayas aceptado el trabajo por miedo... lo que me lleva al siguiente consejo.

4. Dicen que el conocimiento es poder. Y conocer tus miedos es un superpoder. Si sabes cuáles son tus miedos, es menos probable que estos sean los que te gobiernen durante la década más productiva de tu vida. Cuando tenía 22 años todavía no había solicitado ninguno de los trabajos de mis sueños. Y todo por miedo al rechazo. El mero hecho de ser consciente de ello me ha ayudado mucho a cambiar mi comportamiento y, aunque el miedo sigue ahí, ya no descarto opciones por temor a un no.

5. Deja de comparar tu vida con otros perfiles de Facebook. En serio. Las comparaciones son odiosas y llevan a tomar malas decisiones. Aunque es difícil frenar el torrente de pensamientos, intenta fijarte y darte cuenta de cuándo te estás comparando. Hazme caso: seguramente, tu vida es más interesante que la de ese amigo que no para de subir fotos de su viaje a Hawái. Si se lo estuviera pasando bien, no estaría constantemente conectado a Facebook y publicando cosas.

6. Es muy fácil tomarse todo como algo personal a esta edad. Por desgracia, el mundo no gira a tu alrededor. Pasé mucho tiempo de esta etapa de mi vida culpando y odiando. Lo cierto es que el mundo está lleno de baches, así que cuando te des cuenta de que estás analizando excesivamente algo recuerda esta palabra: siguiente.

7. Las almas gemelas no existen. Pasé muchos años buscando a mi alma gemela y solo me sirvió para llegar a la conclusión de que su existencia es igual de real que la de Papá Noel. Creer que podía encontrar a mi alma gemela me produjo muchas decepciones que me podría haber ahorrado. Lo que te llevará a tener una relación decente es conocer a gente con la que tengas cosas en común y dar con el momento oportuno. Pero, en serio, no lo fuerces.

8. No subestimes a nadie. Una vez, mi amigo Noah me dijo "cualquier persona puede cambiarte la vida". Y lleva razón. Mi mentor Chip Conley, que es un empresario ocupado, como todos, responde a todos los correos electrónicos que recibe siempre con consideración, pero especialmente a aquellos de desconocidos. Puede que esa persona a la que ignoraste una vez porque no te parecía interesante sea quien te haga una entrevista de trabajo en el futuro.

9. Sé vulnerable. De la vulnerabilidad nace la valentía. Pasé mucho tiempo fingiendo que lo sabía todo y que todo me salía bien mientras sufría en silencio. Al empezar a abrirme más estos últimos años, he madurado muchísimo, he hecho amistades maravillosas y he conectado a un nivel más profundo con la gente que forma parte de mi vida.

10. Espero que vayas al psicólogo. Si lo haces, es probable que te des cuenta de que tus padres son responsables de muchas de las cosas que te pasan. Pero resulta que tú también lo eres. Yo pasé por una fase en la que atribuía mis problemas a haber crecido en una familia desestructurada durante una guerra. Eso solo me llevó a sentir autocompasión. Darse cuenta de que uno mismo es el responsable de sus miserias es algo muy valioso que da pie a cambiar y mejorar.

11. Lo que te hace feliz es una comunidad, no una ciudad por sí sola. Recuerdo que cuando tenía 20 años quería marcharme del Líbano porque me sentía fatal allí. Pensé que si me marchaba a Dubai mi vida sería mejor. "Beirut no es mi tipo de ciudad". Y, con 22 años, me vi haciendo la maleta para volver a Beirut. Cada día conozco a gente que se queja de su ciudad. Pero me he dado cuenta de que no se trata tanto de la ciudad en sí, sino de la gente con la que estás al salir de trabajar. Y, por esa misma razón. considero que mi hogar está en San Francisco.

12. Alimenta tu relación con el sexo. No se trata del tamaño ni de los preliminares. Eso solo son banalidades. Conectar con tus deseos sexuales sin censura e identificar las cosas que te bloquean es una manera perfecta de conocerse a uno mismo, y también la receta del éxito en las relaciones sexuales que estén por venir. Expresa abiertamente lo que quieres, es poco probable que tu pareja sepa que te va el rollo voyeur si no se lo dices. Nunca es tarde.

13. Nunca digas "de esta agua no beberé". Porque puede que bebas. Porque acabarás bebiendo. Yo solía decir que nunca vestiría con camisetas de publicidad ni forros polares y que nunca iría de acampada. Pero he cambiado, y tú también lo harás en esta etapa. No descartes nada.

14. No vas a ser modelo. De hecho, vas a engordar. Me esforcé mucho por intentar perder peso cuando tenía veintipocos, como si al año siguiente fueran a cogerme para ser uno de los ángeles de Victoria Secret. Así que siempre esperaba a estar un poco más delgada para comprarme un par de vaqueros. Y, en efecto, todavía no me los he comprado. En resumen: estás genial como estás y nunca vas a estar mejor.

15. La felicidad es todo marketing. Dejar un trabajo a jornada completa para vivir una aventura por mi cuenta, que era lo que quería a los 26, trajo consigo muchas dificultades. Las relaciones estables suponen mucho esfuerzo. La vida es una mezcla de placer y sufrimiento, así que escoge una causa por la que merezca la pena sufrir y asume las dificultades. Eso es sentirse vivo.

16. Baila. Aunque lo hagas tan mal como este chico. Baila por la mañana, cuando no haya nadie más en casa, los fines de semana o en una boda aburrida. "Cada día que se pasa sin bailar es un día perdido" - Friedrich Nietzsche.

17. Si algo te hace sentir mal es que está mal. A veces, sabía que algo no iba bien, pero me sentía demasiado insegura y me daba miedo confiar en mí misma. Cuando me sentía así, las cosas acababan mal. Cuando te sientas así, no lo ignores.

18. No discutas por correo o por mensajes de texto. Cuando era una veinteañera impaciente cuyo principal objetivo era llegar lo antes posible al meollo del asunto, rompí varias cosas por el camino. Es mejor tener una conversación delicada en persona. Al escribir, se corre el riesgo de que los mensajes se malinterpreten. En vez de enviar un mensaje, coge el teléfono y haz una llamada (pero, por favor, no te limites a dejar un mensaje en el buzón de voz).

19. Ve a algún festival. Aunque sea solo una vez. Las sensaciones que puedes experimentar son únicas.

20. Haz cosas que te apasionen. Aunque sea una vez a la semana, o después del trabajo o un par de horas al mes. Volví a escribir hace dos años porque me apasionaba la idea de realizar un proyecto que consistiera en escribir lo que me había enseñado la guerra. Llevaba sin escribir desde los 16. Todos los esfuerzos que tuve que hacer para sacar tiempo para ponerme a escribir merecieron la pena. Si lo que te gusta es cantar, tocar la guitarra, correr o pintar, saca tiempo para hacerlo.

Hagas lo que hagas de los veinte a los treinta años, recuerda siempre que tú lo vales. Tienes mucha suerte de haber nacido.

"Imagina una partícula de polvo junto a un planeta de un tamaño miles de veces mayor que el de la Tierra. La partícula de polvo representa las probabilidades que había de que nacieras; el enorme planeta representa las probabilidades que había de que no nacieras. Así que deja de preocuparte por nimiedades. No te comportes como un ingrato al que le regalan un castillo y se preocupa porque hay moho en uno de los baños. Deja de mirarle el diente al caballo regalado: recuerda que eres un cisne negro" - Naseem Taleb.

Este artículo fue publicado originalmente en 'Medium'

El post fue publicado con anterioridad en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero