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13/02/2019 07:28 CET | Actualizado 13/02/2019 07:28 CET

Las 20 entradas del diccionario definitivo en la era del cliente

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En plena era del cliente, en la que se ha repetido innumerables veces que el cliente debe estar en el centro de la estrategia de todo tipo de organizaciones, quizá sea necesario redefinir nuestro vocabulario y crear un diccionario amplio que, verdaderamente, contenga todos los posibles términos y matices que la cultura centrada en el cliente necesita. Aquí van algunas ideas* que quizá algún día la Real Academia Española decida incorporar.

Clientalgia. Dolor por causa de la relación con determinados tipos de cliente, en general clientólatras o clientópodos. Puede aparecer también si un estado clientoso no se trata adecuadamente.

Clienticultor. Profesional u organización que cultiva a sus clientes, cuidándolos y alimentándolos a diario. Son aquellos clientistas o clientólogos que se toman la relación con el cliente casi como un hobby. Aprenden con sus clientes y les entretiene cultivarlos, de la misma manera que otras personas lo hacen con sus plantas.

Clientificar. Conseguir que una organización o parte de ella tenga una mayor orientación al cliente. En general, difícil tarea.

Clientimiento. Cualquier tipo de presentimiento sobre el cliente. Suele ocurrir como resultado de una primera impresión. Puede ser un clientimiento positivo o negativo, aunque siempre se espera lo primero.

Clientista. Profesional que vive directamente de sus clientes. Para darle un sentido o matiz despectivo se está estudiando utilizar clientero.

Clientitis. Dícese de la persona que tiene una inflamación de su identidad como cliente. Repite constantemente "yo soy el cliente" y piensa que todo gira en todo a él. Suele ser transitorio. Si es permanente se llama clientolatría.

Clientitud. Actitud positiva hacia el cliente. Últimamente los profesionales con clientitud son altamente valorados. Cuando se da en grado excesivo puede tratarse de clientofilia o de clientomanía.

Clientocracia (o clientarquía). El cliente manda. Verdad verdadera.

Clientófago. Profesional o empresa que devora a sus clientes. No le interesan lo más mínimo más allá de lo nutritivos que resultan. Suele darse cuando se prefiere tratar con archivos de Excel a relacionarse con personas.

Clientofilia y clientomanía. El primer término se refiere a la atracción romántica o amor platónico por el cliente. Si tiene un matiz obsesivo, entonces se trata de clientomanía. Dada la propensión de algunos clientómanos a relacionarse solo con el cliente, prescindiendo del resto de la organización, se está investigando el término clientógamo para estos casos.

Clientofobia. Odio al cliente. Se da en profesionales para los que el cliente es un fastidio porque no obedece las sagradas pautas de la organización, incordia porque se sale del proceso establecido por el sistema o, simplemente, molesta porque interfiere en su trabajo. Dada la abundancia de este tipo de síntomas en algunas organizaciones, está en estudio el término clientífugo para aquellos profesionales que ahuyentan o evitan a los clientes.

Clientólatra. Cliente que se adora a sí mismo y piensa que es el centro del universo. Extremadamente difícil de manejar. Suelen estar aquejados de clientopía crónica, una forma permanente de miopía del cliente. Se está investigando la expresión clientópata para la vertiente patológica de este término.

Clientólogo. Experto en clientes. Profesional que estudia y practica la relación sana y productiva con sus clientes, convencido del mutuo aporte de valor. Una especie sumamente infrecuente y altamente demandada por las organizaciones.

Clientomancia. Supuesto conocimiento o predicción del comportamiento del cliente que, en realidad, no se basa en datos objetivos. Conjunto de creencias y cábalas, en general erróneas, que en algunas organizaciones sirven de pretexto para hacer todo por el cliente pero sin el cliente.

Clientonomía. Anatomía de un cliente. Los padres conceptuales del vocablo se llaman arquetipo y mapa de empatía. Está en estudio la utilización del término clientomatología para referirse al conjunto de síntomas que afectan a una persona o empresa en su clientonomía.

Clientopía. Miopía del cliente. Se da cuando el cliente cree que lo que paga por el servicio o producto le da derecho a exigir cosas que exceden con mucho la propuesta de valor. Aunque hay tratamiento sintomatológico, aún no se ha inventado el remedio definitivo para este síndrome.

Clientópodo. Cliente con muchas patas que opina sobre absolutamente cualquier aspecto del producto o servicio, exactamente igual que un pulpo llega con sus tentáculos a cualquier resquicio de la roca. Cuando va al médico lleva ya el diagnóstico hecho, y a veces hasta el tratamiento. Sabe de todo.

Clientoso. Estado de ánimo afectado, derivado por un excesivo contacto con el cliente. Cuando se está clientoso lo mejor es tomarse un respiro y desconectar de los clientes durante un tiempo.

Clientucho. Cliente que da mucha guerra y aporta poco valor. Persona u organización a la que es recomendable convencer para que sea cliente de otra empresa.

Clientudiante. Extraño híbrido entre cliente y estudiante. Se aplica, por extensión, a todos aquellos servicios en los cuales el cliente paga para que le exijan, con todos los complicados matices que tiene esa relación. Como, por ejemplo, los clientes de los gimnasios.

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* Mi agradecimiento al equipo de dirección de La Salle School of Business, donde surgió esta sugerente y entretenida reflexión.

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