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13/07/2018 07:45 CEST | Actualizado 13/07/2018 07:45 CEST

Un vino de Nueva Zelanda, por favor

Jesús Bernad

Un español y muy español, guardián de las tradiciones patrias, se escandalizaría en la barra de un bar al escuchar semejante petición: "deme un vino de Nueva Zelanda, por favor". Aunque las posibilidades de escuchar semejante petición en un bar ibérico son bastante remotas, existen modernas bodegas y cuidados restaurantes donde ES posible encontrar este vino de moda.

Que absurdo, pensaran algunos, pedir un vino de las antípodas. Pero no debería ser así; normalmente, cuando realizamos cursos de cata de vinos españoles, mostrando las variedades de uva y estilos regionales más atractivos, nunca falta la pregunta: "¿es verdad que los mejores vinos del mundo son los españoles?", a lo que siempre suelo contestar que son muy buenos, pero que hoy en día se ha ampliado mucho el espectro de calidad, incluso en países de Nuevo Mundo, que han sido capaces de encontrar su personalidad propia.

El profesor suele quedar un tanto devaluado ante esta respuesta, por falto de ardor patrio, pero en la siguiente pregunta queda del todo hundido antes los ojos de los alumnos: "¿Cuál es su vino favorito?", mi respuesta es un Pinot Noir de Martinborought, región de Nueva Zelanda, concretamente a unos 50 kilómetros al este de la capital Wellington (por cierto las antípodas exacta de Madrid, la tierra más remota desde nuestra piel de toro).

Es un cultivo casi hidropónico, sin suelo fértil, solo piedras del glaciar; ahí está el truco de su sabor afrutado glorioso

Las caras de asombro son habituales, pero no debería ser así pues tiene esta región un clima similar a La Borgoña francesa, pero más soleado, y unos suelos formados por cantos rodados de antiguas morrenas de glaciares, que dan una memorable concentración de sabor, a pesar de que sus racimos de uvas son enclenques y desabridos. Es un cultivo casi hidropónico, sin suelo fértil, solo piedras del glaciar; ahí está el truco de su sabor afrutado glorioso, su delicado perfume, con una textura mórbida, y una sensación de placer embriagador.

Siempre se ha pensado que los vinos del Nuevo Mundo (países fuera de Europa, colonizados las mayoría de ellos por europeos), no podían dar vinos de calidad, pero han pasado ya muchos años de prueba y error, como en Australia (más de 200 años de viticultura), y han encontrado la suma mágica de suelo, clima y variedad de uva idóneas, bien interpretada por el hombre para obtener vinos únicos de personalidad propia. Estos es lo que llaman los franceses el terroir.

Los vinos del Nuevo Mundo ya suponen un 40% del mercado mundial, por lo que no son una novedad, sino una realidad asentada. Tintos de California, en Napa Valley como los grandes Burdeos; sensacionales merlots de Chile; maravillosos malbec de Argentina, excepcionales shiraz en Sudáfrica, deliciosos blancos de sauvignon blanc en Nueva Zelanda, intensos y corpóreos tintos en Australia, y también delicados riesling; seductores vinos de hielo de Canadá, vinos dulces de uvas congeladas. Un universo al completo.

Los vinos del Nuevo Mundo, en estos tiempos globalizados, poseen una personalidad propia

Esto es tan solo una muestra de la gran personalidad de los vinos del Nuevo Mundo, que además han descubierto variedades de uvas originarias europeas que se han dado tan bien en sus países que ya las consideran oriundas: la pinotage sudafricana, la malbec argentina, la tannat uruguaya, la zinfandel californiana, o la carmenere chilena. En unas olimpiadas del vino celebradas en París hace unas décadas, donde se enfrentaban los vinos franceses con los californianos, ganaron por goleada estos últimos (ver película Bottle Shock); esto supuso la mayoría de edad de los vinos del Nuevo Mundo.

El objetivo de este post no es mostrar la cultura enológica viajera de este escribano, sino picar la curiosidad del lector (si, usted), para abrirse a probar, degustar y disfrutar de vinos de orígenes remotos (por ejemplo los vinos chinos del desierto del Gobi), cuyas propuestas sensoriales bien merecen hacer un esfuerzo de comprensión y descubrimiento.

Los vinos del Nuevo Mundo, en estos tiempos globalizados, poseen una personalidad propia, fruto de un clima, suelo y uvas originales, bien interpretadas por sus pasionales winemakers, que enriquecen el panorama mundial.

Estilos que cada vez seducen más a los bebedores abiertos a nuevas sensaciones.

¿Se atreven a probarlos?

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