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25/01/2019 07:19 CET | Actualizado 25/01/2019 07:19 CET

Gran Hermano y el Ser

Encadenar ediciones de GH confirma que la apuesta de Mediaset es convertirse en la cadena del reality en exclusiva, que la llamada 'caspa' es su carnaza favorita si se quiere, pero también que el formato corona de forma oficial la fijación de nuevos sujetos en el ámbito del entretenimiento público: el famoso por su Ser.

La profesionalización de estos sujetos actuantes, hasta hace poco tiempo calificados de 'basura', es ahora objetivo de cualquier portal de noticias donde narran sus vidas a diario y desde los cuales hacen noticiable cualquier movimiento en sus redes. Nos invaden a diario, también desde este medio, auténticas 'noticias' irrelevantes que reinventan el cotilleo justo cuando más criminalizado parecía.

Pura evolución. De Sofía Suescun se pueden encontrar más noticias en El País que en sus propias redes sociales, Ylenia es todo un fenómeno mediático de popularidad transversal indiscutible y Yurena al lado de éstas es la vaca sagrada de lo freak intentando no naufragar en la fama que obtuvo hace décadas, cuando al sujeto aún se le exigía producto alguno para poder ser relevante -lo de Tamara siempre fue político. Sorprenderse hoy día porque María Teresa Campos o cualquier otra 'gloria' no conserve su puesto televisivo resulta anacrónico, pues el nuevo orden del entretenimiento propicia un espectáculo que bebe directamente de las vivencias personales del protagonista y en cuya construcción del personaje se abaratan costes de producción para obtener unas ganancias sobresalientes.

Pensemos en Foucault. El sujeto hacia el que virase su pensamiento durante su período 'ético' podría ser por fin el sujeto protagonista en lo público. Quizás la televisión no es el medio deseado para corroborar teorías tan importantes, pero el hecho de que todo lo visto en ella termina siendo imitado por la audiencia es algo contrastado y esperanzador a favor de sus formulaciones. Del nuevo sujeto ya no interesan las influencias políticas o culturales que conforman su conducta sino que el propio ser, por sí mismo, se convierta en lo verdaderamente importante. El ser queda delimitado por su propia superficie, conducta y emoción: lo individual se convierte en político y lo político de cada ser puede encontrarse en el naif tiki-tiki de Ylenia o en un grado más desarrollado de autoconsciencia que demuestran declaraciones como las de la actriz transexual Indya Moore. Everything I do is political. My love is political. My body is political. I talk even when I don't speak.

Telecinco

Ylenia, heroína máxima de lo que otros sujetos llaman chonismo, entra en la casa como dueña absoluta de un destino en el que sólo se le exige la doble labor de ser ella misma. En un reality de convivencia el valor está en el ser y no en el hacer (producir algo de cierto valor convencional). Ante la nueva realidad, a los mamuts del entretenimiento no les queda otra que retorcerse en una crítica conservadora que enfatiza la falta del nuevo sujeto para con el materialismo. Creen, obviamente, que la ausencia de producto o legado 'artístico' imposibilita cualquier posición relevante. Evidencian una tremenda ignorancia ante la realidad cambiante de los medios e ignoran, como el que no quiere ver, la cercana muerte de esa 'calidad' que carece de pleno sentido en un medio tan fetichista como el suyo. Un medio donde Ylenia Padilla, pero también Santiago Abascal o Cristina Pedroche son personajes públicos cuya existencia vive condicionada por las pasiones que generan y no por los bienes culturales que ofrecen.

Hoy soy capaz de amar a Ylenia pero mañana me muero por erradicarla.

GH y Mediaset, como principales explotadores del Ser, han sabido crear un lugar idóneo para ese público ávido de sujetos a los que seguir, amar, odiar, acosar, shippear... o la retahíla de términos y conductas que la telerrealidad ha traído al vocabulario. Atacó Foucault la idea del innatismo de la naturaleza humana y rechazó por consiguiente la existencia de una moralidad que fuese universal y común a todos. Es por ello que el espectador de Gran Hermano experimenta infinidad de sentimientos opuestos hacia los concursantes durante el tiempo que dura la observación. Hoy soy capaz de amar a Ylenia, pero mañana me muero por erradicarla. Resulta imposible negar a Foucault o sumarse a pensamientos innatistas tras visionar un reality como éste.

La moral de cada persona no puede ser otra cosa que personal. Podrá sumarse a causas, -ismos y políticas diversas pero la verdadera intimidad de un ser siempre será la que ejecute sus actos finales, pues está conformada de base por la propia vivencia personal. GH DÚO no es más que otro muestrario de especímenes diversos que, juntados a traición, producen mil y una tramas 'reales' ante millones de espectadores que han optado por la observación participante como medio para combatir la enorme presión de no saber cantar, vestir o cocinar. Ese espectador, además, ha evolucionado a un nivel experto donde ya no decide a sus favoritos solo en base a la filia, sino por las situaciones que puedan provocarse a diario. De esa relación cooperativa entre concursante y espectador surgen el guion jamás soñado, el Juego de todos los juegos y una nueva horda de sujetos dispuestos a hacer de sus morales la verdadera razón de su existencia.

Sean bienvenidos, Michel.

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