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07/02/2019 07:21 CET | Actualizado 07/02/2019 07:21 CET

Sofía

Mediaset
Sofía Suescun.

Las historias particulares de los sujetos reflejan en mayor o menor medida el conjunto de procesos ideológicos y socioeconómicos que rigen cada contexto sociocultural. La historia particular más imoprtante de hoy se llama Sofía. Sofía Suescun, sí.

Al lío. Es tan probable que Sofía salga expulsada esta noche de GH DÚO (y de su controvertido altar mediático) como que su fiel fandom consiga su salvación a costa de muchos euros y un millón de discusiones en Twitter. Es el sufrimiento uno de los rasgos más característicos del aura que la chiquilla transmite a sus seguidores. También lo son, para sus miles de haters, otros aspectos despreciables de la vibrante personalidad de este fenómeno de lo público que lleva cuatro años en alza por ser esencialmente polémica: La Reina de los realities.

Se vio el martes durante una de las tantas pre-galas que se organizan en torno a la gran Gala del Jueves. Pre-galas en las que se expulsa a gente psicótica por conductas inapropiadas, se abuchea a machirulos capillitas, se gritan improperios entre todos, se desvelan y se cuestionan estrategias ajenas y se humilla a laSofía cada vez que abre la boca. Se humilla a Sofía aunque diga lo mismo que acaba de decir Ylenia o aunque se queje – como otras - del comportamiento de un exnovio 'obsesivo' (porque la presión por medio de la lástima puede ser un nivel de acoso tanto o más que cualquier otro). A Sofía se le humilla hasta por 'fea' aun cuando es la única capaz de aportar algo de estética a esa casa; la sociedad siempre en contra de lo bello.

Sofía Suescun es tan ególatra de sus cosas positivas que apenas deja hueco para corregir las más perniciosas

Lo de ensalzar su belleza tómese como una anotación al margen, un apunte personal de un esteta sin remedio que encuentra adorable la artificialidad de Ylenia o el rollo twink de Albalá, pero que jamás apoyará en público defectos tan obtusos como estos:

  • Recelo incrustado hacia los demás, especialmente hacia las mujeres.
  • Celos estructurales sobre físicos ajenos, estatus ajenos o apellidos ajenos.
  • Soberbia, prepotencia y falta de respeto sistemática.

En todo peca Sofía, pero sucede con ella que es capaz de sumergir mi yo-espectador en un discurso que comienza débil por su eterna cara de asco pero termina cargadito de razón aun permaneciendo la misma cara de asco. En lo personal no me atrae la gente que se enorgullece de ir 'de frente' como todo acto de política en sus vidas; si practicase esa doctrina cometería crímenes de lesa humanidad a cada paso. Pero llega el jueves, enciendo la tele y la bellísima 'heroína de la nada' abre el buzón mágico y dispara sin mesura todo lo que gran parte del público piensa sobre sus compañeros. Consigue así representarnos, hacer de portavoz del espectador dentro de ese sofá del cutrerío neobarroco del que por suerte aún no se adivina el ocaso.

Su fallo consiste en no aplicar a su existencia la creencia que de ella misma emana. Sofía es tan ególatra de sus cosas positivas que apenas deja hueco para corregir las más perniciosas. Es inteligente, veraz, audaz y calculadora; una guerrillera social necesaria en ese tinglao mediático al que ha ligado su destino. Su otro fallo - me permito la licencia - proviene de una crianza claustrofóbica basada en el mal del MMA: Mamá y Mejor Amiga, combinación a erradicar con urgencia por el bien de la madurez social de los individuos.

Se mostró como una auténtica heroína postadolescente capaz de todo y sin escrúpulos por nada.

Así, desde Pamplona para el mundo, la hija de la loca de la tele muestra desde hace años sus imperiosos deseos de adquirir identidad pública. Si Gran Hermano 16 fue su descubrimiento, fue en el pasado Supervivientes donde se mostró como una auténtica heroína postadolescente capaz de todo y sin escrúpulos por nada; un 'sueño' de ser humano que luchaba desde la rabia – y una fuerza física extraordinaria - por someter a todo un sistema bajo sus voluntades. Lo consiguió, y a esa fantasía mayúscula de estética laracroftiana le siguieron la fama, la influencia en redes y una carrera sentimental subvencionada por el mismo sistema económico que hoy pide su cabeza.

Y será en ese sistema, culpable de la transición del freak de los noventa hacia estos personajes de vacío artesanal, donde la diva se bajará del trono para encarnar en su sujeto el doble movimiento de la ideología liberal: la escalada por el logro individual versus el batacazo por una mala gestión del individualismo. Te echaremos en falta, pequeña controvertida.

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