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11/12/2015 07:00 CET | Actualizado 10/12/2016 11:12 CET

Error psicológico de la semana: ¿hay que perseguir los sueños?

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Foto: JJ/MI.

La semana pasada leímos un artículo más de los que fomentan una popular pseudo-motivación, basada en hacer creer al lector que puede conseguir cualquier cosa que se proponga. Y que lo puede lograr por el mero hecho de, en palabras llanas, empeñarse mucho, sistemáticamente y sin desfallecer.

Esto, que pretende ilusionar, motivar o inspirar al lector, es una promesa de fracaso. ¿Por qué?

Son consejos como: visualiza tu sueño, crea un plan, convierte tu sueño en un deseo ardiente, mantente motivado, revisa tu progreso, no debes desistir, haz los sacrificios necesarios..., pero disfruta del viaje (?).

Es decir, no hagas caso de tus emociones ni de las circunstancias que te rodean, te cueste lo que te cueste, hasta que consigas tu objetivo. Vive para conseguir las metas, y ya serás feliz al final. Con ese método es muy poco probable alcanzar el bienestar o la felicidad. Ni aún consiguiendo los objetivos perseguidos, pues acabarás muy deteriorado emocionalmente. Esforzarse para alcanzar una meta a toda costa es ejercer violencia sobre uno mismo, y tiene efectos psicológicos perjudiciales.

No se trata de resignarse

La mejor manera de encontrar un medio de vida que te permita obtener lo que necesitas y desarrollar tus cualidades, aún más en estos tiempos que corren tan difíciles, no es ponerse un objetivo y luchar por conseguirlo a cualquier precio.

¿Quiere decir esto que es mejor resignarse? En absoluto. Nunca te debes resignar. Pero la forma correcta de que te vaya bien en la vida es ir aprendiendo de lo que va aconteciendo, para así tomar las mejores decisiones. A veces será perseverar, otras cambiar de rumbo.

Cuando un ser humano, en su afán por buscar seguridad, se aferra a sus metas y sueños, y trata de que sus ideas prevalezcan sobre la realidad, acaba sufriendo, pues muchas veces esas ideas no encajan en dicha realidad. No hay que resignarse, ni rendirse, pero hay que actuar con inteligencia, aprendiendo, con los pies en el suelo.

La mejor manera de vivir

Lo correcto es trazar un rumbo externo a no muy largo plazo, e ir aprendiendo por el camino, día a día.

No es perseguir un sueño tomar un camino concreto, seguir una vocación. Cuando emprendes un camino o una profesión que te gusta, que se desarrolla según vas aprendiendo, que te hace crecer como ser humano, eso te puede llevar a reinventarte y variar tus planes, en algunas o en muchas ocasiones. Ese aprendizaje te llevará inevitablemente a buen puerto.

Para que los sueños no se conviertan en pesadillas

Hay que revisar los sueños que se persiguen, para descubrir si realmente son el mejor camino o hay otra manera de alcanzar el bienestar, la felicidad o la satisfacción personal.

Muchas veces los sueños son, en realidad, ilusiones que nacen de un temor. Por ejemplo, alguien que sueña con ser famoso, así, en cualquier cosa, es por miedo a no ser reconocido socialmente, a que no le presten atención suficiente, o a no obtener los recursos que necesita... Entonces, una persona cuyo objetivo es ser famosa, acabará desequilibrándose, tanto si consigue ser famosa como si no. No se puede ser feliz escapando del miedo.

Hay que ir aprendiendo a identificar y resolver los miedos, pues van a distorsionar y obstaculizar tu camino. No vencer el miedo, sino aprender a resolverlo. Otro ejemplo. Si alguien tiene mucho miedo a no encontrar un empleo, irá a las entrevistas de trabajo mucho más nervioso e inseguro, e inevitablemente lo hará peor.

Cuando uno no está empeñado en el resultado, en el futuro, sino en ir aprendiendo de las circunstancias, en el presente, es más fácil que no caiga en la frustración ante un obstáculo, y que encuentre alternativas.

Si tu sueño es ser feliz, aprende a serlo con inteligencia, no empeñándote en serlo. Y si de momento no lo consigues, no creas que es porque no te has esforzado lo suficiente, es que aún no has aprendido lo suficiente.

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