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08/10/2014 07:27 CEST | Actualizado 08/12/2014 11:12 CET

Hoy se celebra el día P, día de la pediatría

No es el sitio del pediatra ir de la mano de la familia, ni siquiera ser amigo de ellos. Debe ser un profesional cercano, amable, que escuche y empatice con la familia. Deber estar disponible, sí, pero no es un primo ni un segundo padre. Ni un cuñado, que los cuñados en este país tienen un tinte siempre peyorativo.

Hoy día 8 de octubre se celebra el primer día P. Es el día de la pediatría, promocionado y auspiciado por la Asociación Española de Pediatría, como reconocimiento y puesta en valor de nuestra profesión, a la que defiende.

El eslogan elegido es " El pediatra, uno más de la familia". La primera impresión al leerlo, lo primero que me vino a la cabeza, fue: "Ya, y unos cojones, lo que me faltaba". Rápidamente lo olvidé. Luego, con el paso de los días intenté ser positivo: "Bueno, un día malo lo tiene cualquiera, el creativo debía tener un mal día, no pasa nada". Y volví a olvidar. Pero al sentarme a escribir mi artículo, he recuperado mi memoria y he intentado cuadrar 500 palabras para referirme a tan significativo evento en el día en que se festeja esta profesión que adoro.

Celebrar un día de la pediatría me parece todo un acierto que viene a reivindicar una profesión con problemas y en constante evolución. El titular es siempre el mismo; faltan pediatras, las consultas están masificadas y hay muchas zonas del país donde no hay pediatras y son atendidos por cualificados médicos de familia. Esto no sé si es bueno o malo en sí mismo, pero como reivindicación laboral está muy bien.

Pero si ampliamos el campo de visión, probablemente llegaríamos a la conclusión que llegué en mi artículo del primer número de este prestigioso medio el día de su nacimiento digital No faltan pediatras, sobran pacientes. Un título que posteriormente utilicé como prologo en mi libro El médico de mi hijo. Muchas son las consultas innecesarias que se hacen en pediatría, mucha preocupación de padres a los que les cuesta asumir su autonomía y responsabilidad en salud y prefieren delegar en un profesional cualificado. No son solo los padres los responsables, también las instituciones en general, que con campañas absurdas intentan quitar ese poder al ciudadano: no piense, consulte con su médico.

A este carro, al que ya estaba subido, vuelve a encaramarse la AEP con esta campaña, que si bien es loable, porque centra su foco en la atención primaria alejándose del hospitalocentrismo dominante, no deja de ser medicalizadora e inutilizadora para la población. La idea de meter un pediatra en su familia quita más autonomía a unos padres conscientemente anulados para que no tomen decisiones de salud y acudan -sin haber pensado antes- a pedir consejo para las más impensables tontinaderías, a visitar al que ahora es su pariente.

No es el sitio del pediatra ir de la mano de la familia, ni siquiera ser amigo de ellos. Debe ser un profesional cercano, amable, que escuche y empatice con la familia. Deber estar disponible, sí, pero no es un primo ni un segundo padre. Ni un cuñado, que los cuñados en este país tienen un tinte siempre peyorativo.

Gracias a la AEP por pensar en la pediatría de atención primaria, gracias por dedicar un día a reivindicar nuestra profesión y nuestra pasión, pero igual que a nadie se le ocurre meter a un notario en su familia, ni siquiera a un abogado, ni a un enterrador, tampoco es el sitio de un pediatra.

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