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22/01/2019 07:16 CET | Actualizado 22/01/2019 07:16 CET

Rendirse SÍ es una opción

UNSPLASH

El ejercicio físico sí es conveniente, incluso puede llegar a ser necesario, pero no es la panacea salvífica que cure la esclerosis múltiple. Mientras uno físicamente pueda, siempre conviene realizar ejercicio físico, aunque sea de forma moderada adaptado en todo momento al estado de salud, pero no propagar un mensaje que nos haga interpretar que es responsabilidad nuestra ese estado; si nos encontramos bien somos unos héroes, si la enfermedad ha avanzado y nos ha dejado huella podemos ser unos vagos o cobardes o malas cabezas en cualquier momento, sea el que sea.

Estamos ante una enfermedad con la que uno puede fortalecer el carácter como cualquier golpe de la vida o puede hacer que se vuelva aún más frágil con los riesgos que esto conlleva: generar falsas ilusiones y una mayor predisposición para el engaño. Se trata de un combate de boxeo en el que nuestro rival puede golpearnos de tal manera que nos haga caer a la lona. Esto puede ser el brote, pues el árbitro para la pelea para que nosotros seamos capaces de incorporarnos y continuar con la lucha, enhorabuena a aquel que en este momento se proponga un gran reto físico y lo consiga, podremos volver a caer más veces, más brotes, pero siempre el árbitro detendrá el combate y pudiera ser que termináramos ganándolo.

Imaginemos que el árbitro no detiene el combate y permite que el púgil que permanece en pie continúe golpeando una y otra vez, sin detenerse. La enfermedad avanza sin parón alguno.

Cada vez que se para esa pelea, entre los brotes, es el momento del ejercicio físico que ayude a recuperarnos, pero imaginemos que el árbitro no detiene el combate y permite que el púgil que permanece en pie continúe golpeando una y otra vez, sin detenerse, es la fase progresiva, la enfermedad avanza sin parón alguno, tu cuerpo se va deteriorando y no sabes bien el momento en el que parará y las condiciones en las que te encontrarás. Quizás, en ese momento, puede que tu cuerpo ya no se mueva nada. Es aquí donde surge el problema de la rendición. Es verdad que rendirse no es una opción mientras la vida tenga sentido para ti, mientras tú puedas ser protagonista de tu propia vida, mientras haya gente a tu alrededor para la que eres importante. Mientras sea así tienes una obligación: mantener tu ánimo alto. Tu situación es dura para ti y dura para ellos, no agraves la situación y aumentes el peso que ya supones. Cuando ya no seas capaz de mantener esa altura de ánimo porque la vida haya dejado de tener sentido, tú hayas perdido un mínimo de papel protagonista en tu vida porque el cuerpo haya sido plenamente vencido, cuando te encuentres completamente agotado, entonces, entonces sí, la vida no puede ser una condena, rendirse sí es una opción y esta puede llamarse eutanasia.

Este post se publicó originalmente en el blog de su autor