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05/10/2012 08:55 CEST | Actualizado 04/12/2012 11:12 CET

Derecho a decidir ante el Estado y los mercados

En Cataluña, hay quien afirma que ahora sólo toca hablar de la relación con España, sin entender que el gran problema de la sociedad catalana es el mismo que el de otras del sur de Europa: gobiernos obsesionados con los recortes e incapaces de plantarse ante los mercados.

Un número creciente de catalanes están llegando a la conclusión que el encaje de Catalunya en España se encuentra en una vía muerta. A ello contribuyó decididamente la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut. ¡Qué paradójico! Nada ha hecho más daño a la unidad de España que el PP con su campaña anti-Estatut (y anticatalana) y aquellos magistrados que imponían su decisión por encima de las Cortes Generales y del pueblo de Catalunya. Y más recientemente, por supuesto, la negativa de Rajoy a negociar el pacto fiscal y durante todo este tiempo el ninguneo de PP y PSOE a las reivindicaciones de Cataluña y el malestar que aquí se gestaba. Dieron el tema por cerrado y se equivocaban. La crisis aceleró el proceso y actuó de detonante, hasta que explotó.

Y así la multitud de personas que salieron entonces (10 de julio del 2010) en defensa del Estatut, se ha multiplicado y ahora reivindica el derecho a decidir, muchos directamente la independencia, tal como se evidenció en la manifestación del pasado 11 de septiembre.

Ante esta realidad, la agresividad y demagogia de líderes destacados del PP sólo sirve para tensar más la cuerda. Es su inmovilismo el que alimenta las ganas de ruptura. Por su parte, el PSOE se acuerda ahora del federalismo, aunque poco o nada aporta su retórica hueca de compromisos, más obsesionada con combatir el independentismo que el centralismo.

Mientras, en Cataluña, hay quien afirma que ahora sólo toca hablar de la relación con España, sin entender que el gran problema de la sociedad catalana es el mismo que el de otras sociedades del sur de Europa: gobiernos obsesionados con los recortes e incapaces de plantarse ante los mercados y plantear una redistribución más justa de los esfuerzos. En cualquier caso si bien es cierto que en la actitud de CiU hay mucho de oportunismo, intentando disimular la alianza con el PP y el desastre de sus políticas, seria un error ver todo lo que pasa en Cataluña como un mero fuego de artificio.

En este contexto el ejercicio del derecho a decidir puede romper el muro de ese callejón sin salida en que nos encontramos, permitiendo no sólo que Catalunya exprese cómo quiere relacionarse con España y con el mundo, sino también haciendo que en España madure una propuesta que encaje con una de las sociedades mas pluriculturales, plurilingüísticas y plurinacionales de toda Europa. El objetivo debe ser el facilitar un debate guiado por el valor de la ideas, el respeto al pluralismo sin exclusiones, y evitando alimentar la dinámica de bloques donde más de uno pretende instalarse, empezando por el PP.

El modelo a seguir es el Reino Unido, dónde el Gobierno conservador va a permitir la celebración de una consulta en Escocia y Canadá que ha permitido que Quebec celebrase dos consultas desde 1980. Democracia, más que unidad o independencia, es el concepto clave para resolver la cuestión catalana.

A partir de ahí, el reto es que en Cataluña se hable de política también en las coordenadas en las que se discute en Europa, en función del apoyo o el rechazo a las políticas de austeridad salvaje. No va a ser fácil, pero creo que es imposible que consigan esconder el desastre de unas políticas que han llevado a la sociedad catalana a un escenario de más paro y crisis que nunca. Artur Mas habló del círculo virtuoso de los recortes, que confía en que el ajuste de las cuentas públicas estabilizaría las finanzas, calmaría a los mercados, y todo ello permitiría un escenario de crecimiento. La realidad nos ha llevado a un círculo desastroso; cuantos más recortes, más se han deprimido los ingresos, la deuda ha crecido incluso a un ritmo superior, no se han calmado a los mercados, y la crisis se ha recrudecido.

Eso sí, hemos empezado a transitar de una sociedad de derechos y ciudadanos, a una sociedad de servicios y clientes, donde el acceso a lo más básico se guía en función del dinero que puedas pagar por esos servicios. Una política, por cierto, que CiU ha realizado de la mano del PP, su socio prioritario. Y una legislatura, con sonoros casos de corrupción que corren el riesgo de quedar tapados bajo la senyera o esa impunidad en la que tantas veces se mueve uno de los partidos mejor financiados (por las empresas) de toda España.

Durante estos 21 escasos meses de la corta legislatura catalana desde ICV-EUiA hemos sido combativos contra los recortes sociales. Y lo que nos jugamos es la capacidad de plantear una alternativa de izquierdas en Catalunya. Porque mas allá del tránsito de la sociedad catalana en el terreno nacional, el reto es impulsar una alternativa a los gobiernos de la derecha, ya sean catalanes o españoles.

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