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08/09/2018 10:06 CEST | Actualizado 08/09/2018 10:06 CEST

Lo del humor y la libertad

PIXABAY

Werner Finck, cabaretista, actor, escritor y cómico alemán. Encerrado por las SS en un campo de concentración por hacer chistes políticos en contra del nacionalsocialismo.

Sufrimos cuarenta años de dictadura, sin contar la del Primo, y sufrimos cuarenta de ausencia de libertad de expresión también como es menester en todo buen régimen dictatorial que se preste. Cuarenta es mucho. Lo curioso es que podemos decir que esta libertad de expresión va camino de desaparecer. Nos ha durado otros cuarenta años más o menos. Cuarenta es muy poco. Vamos a poner que desde 1975 a 2015 de manera aproximada, coincidiendo con el advenimiento o transformación de las redes sociales en barras de bar y sanedrines en los que sujetos de fácil irritabilidad campan a sus anchas y que, desde el anonimato, aplican sus normas y su moral, juzgan, emiten veredictos y sentencian, arrastrando a otras procesionarias que pegan su cabeza al culo de la siguiente oruga sometiendo a un escarnio público a quien no coincida con sus ideas o manera de pensar.

Esto no pasaría de ser de dominio sociológico si no fuera porque las instituciones que nos gobiernan no sólo no lo ven con malos ojos sino que encima actúan de manera inquisitorial en cuanto a que admiten a trámite chivatazos y muestran complicidad e incluso connivencia con según qué expresiones, comentarios, mofas y chistes. Siempre teniendo en cuenta el color, claro, y en cuanto a la comedia, ya sabemos qué color es el incómodo.

La libertad de expresión hoy en día está comprometida, regresa a años fatídicos. No sé si podríamos ya incluso hablar de ausencia de ella. En España. En el año 2018. Está determinada por y ha de pasar dos filtros: el no oficial, el público, y el oficial, el que te puede empapelar y te empapela.

Porque, ojo; los comentarios, las mofas, los chistes, molestan más que ofenden. Incomodan, porque sueltan verdades poco confortables en las que muchos se ven identificados

Ambos son peligrosos. El primero se rige, de regir en toda su amplitud semántica, en base a unos parámetros ideológicos y en base a una, cada vez más, estúpida corrección política que roza lo absurdo anglosajón, ese absurdo que llevó a Reino Unido a cambiar la letra de una canción infantil de guardería que decía "Baa baa black sheep" por una versión que dice "Baa baa rainbow sheep", no sabría decir si por eso de no ofender a las ovejas negras personas, a las ovejas negras animales o a los negros en general. Perdón, personas negras. Perdón, personas de color.

El segundo filtro, el oficial, no bromea ni tolera bromas y es capaz por ello de procesar a individuos por sus chanzas, vetar a escritores por sus textos, perseguir a cantantes por sus letras y condenar a cómicos por sus chistes.

El primer filtro alerta en redes de lo que no le gusta en base a lo expuesto más arriba y genera tal onda expansiva que el linchamiento público no tiene ni control ni mesura ni final. Patea incluso cuando la víctima ya está en el suelo y tiene que retirarse, en algunos casos, de la vida pública. El segundo actúa zombificado y alertado por los primeros. Se ciñe a sus leyes y mordazas para que no les molesten. Porque, ojo; los comentarios, las mofas, los chistes, molestan más que ofenden. Incomodan, porque sueltan verdades poco confortables en las que muchos se ven identificados. Y esa cara B que todos tenemos, a veces es mejor mantenerla oculta. Se está condenando lo que molesta.

Los cómicos, los guionistas, los que nos dedicamos a esto de la risa, a escribir, a "lo de hablar" según Ángel Martín, a la cultura, no lo tenemos fácil hoy en día

Cassandra Vera lo sabe muy bien. Fue linchada, ajusticiada y ejecutada por el populacho patriotero, que diría Valle-Inclán, y fue sentenciada a un año de cárcel y luego absuelta por los organismos patrioteros, que seguiría diciendo Valle-Inclán. Todo por hacer chistes sobre Luis Carrero Blanco, el marino que iba navegando por tierra cuando acabó por los aires. Por eso fue ajusticiada y por eso estará marcada de por vida. Baa, baa, rainbow sheep.

Ahora ha sido Rober Bodegas, cómico, guionista, compañero, colega y payo, término diferenciador, en muchos casos peyorativo, el que ha recibido más de cuatrocientas amenazas de muerte porque se ha difundido un bloque de uno de sus antiguos monólogos para Comedy Central en el que habla sobre los gitanos. En él destaca y saca punta a ciertos clichés y estereotipos de dicha etnia con tal estilo que apenas los nombra. Usa la ironía con maestría y ya se sabe, esta herramienta no está al alcance y el entendimiento de todo el mundo ya que requiere ciertas dotes intelectuales para ser captada y comprendida correctamente. Quizás los gitanos y los defensores de las causas minoritarias, siempre nobles y justas como la causa calé, deberían saber que estas amenazas, graves y denunciables, lejos de enterrar algunos de los tópicos de los que habla sobre el escenario, no hacen sino reforzarlos con sus ataques desmedidos y amenazas de muerte. Poca broma. Veamos qué es lo que dice el segundo filtro, el de los zombis de corbata.

Los cómicos, los guionistas, los que nos dedicamos a esto de la risa, a escribir, a "lo de hablar" según Ángel Martín, a la cultura, no lo tenemos fácil hoy en día. Existe una ley, aún sin derogar, que nos obliga a trabajar con un pañuelo atado en la boca porque a lo mejor decimos lo que hay que decir. Lo que molesta.

Si no son capaces de pillar la ironía no es nuestro problema y, si se ofenden, hágase su voluntad allá en el cielo y que perdonen nuestras ofensas aquí en la Tierra

Personalmente, creo que debemos seguir escribiendo y hablando desde la comedia, bello arte, sobre todo aquello que nos resulta criticable, denunciable, irrisorio y ridículo. Tenemos que molestar, que no ofender. No está en nuestra mano la interpretación que luego cada persona le quiera dar. Si no son capaces de pillar la ironía no es nuestro problema y, si se ofenden, hágase su voluntad allá en el cielo y que perdonen nuestras ofensas aquí en la Tierra.

Por eso tenemos que seguir riéndonos de lo ridículo de la monarquía si así lo consideramos. De ese olor rancio a cerrado que emana una institución de maneras feudales y que colisiona con eso que llaman democracia en cuanto a que no nos considera a todos iguales; que distingue entre entes privilegiados de sangre de color fantasía y vasallos de sangre normal. Esa monarquía que cuenta con delincuentes entre sus filas y que representa a un país pero lleva a otros lejanos la paga que les dan sus contribuyentes, esos que no les han elegido. Hay numerosos ejemplos: la Corona británica, la saudí, la tailandesa...todas esas que se aprovechan de su pueblo saliendo ellos impunes. Y que me perdone Luis XVI.

Denunciaremos con palabras a los gobiernos corruptos, bandas criminales perfectamente organizadas y establecidas desde su base más joven a su cima pasando por su contabilidad y departamentos "legales" que se instauran en el poder y que, tras años de desfalcos, injerencias, amiguismos, abusos y enriquecimiento, salen indemnes de todo y siguen su vida como si nada, colocados a dedo en empresas con sueldos millonarios. Ejemplos hay miles alrededor del mundo. Ahí tenemos a Venezuela.

Debemos mofarnos de esos dictadores que tanto mal llevaron a sus pueblos para concienciar, para que no se vuelvan a repetir

Hay que criticar a los cuerpos policiales si en alguna ocasión se les va la mano y apalean a los suyos en un exceso de pasión laboral. Todos hemos visto imágenes de antidisturbios serbios o policías americanos de gatillo fácil.

Hay que hacer saber que existen cuerpos de seguridad que obligan a sus ciudadanos a parar en la carretera en un claro afán recaudatorio que ellos y sus gobiernos camuflan diciendo que es por seguridad. Quien haya alquilado un coche y conducido por Marruecos, seguro que lo ha vivido.

Tenemos que reírnos del fomento de lo estúpido y la incultura; de la apología de lo superficial; de la destrucción de la educación, programada y ayudada con herramientas idiotizadoras como la televisión. Holanda, creó "Gran Hermano" y Estados Unidos "Jersey Shore". Así andan.

Debemos mofarnos de esos dictadores que tanto mal llevaron a sus pueblos para concienciar, para que no se vuelvan a repetir. Y sí, podemos y debemos reírnos de sus muertes si así lo consideramos, incluso si fueron asesinados y salieron por los aires. Cómo olvidar a Ceaucescu en Rumanía; cómo olvidar las imágenes de su huida por el aire en helicóptero para ser más tarde asesinado junto a su mujer Elena, bicho malo.

Y el eterno debate discute sobre dónde se encuentran los límites del humor. Esos límites los ha de fijar el cómico, el escritor, el artista

Dios y la religión son algo muy digno, personal y respetable pero no pueden estar exentos tampoco de juicios humorísticos y apreciaciones si ello sirve para hacer ver sus errores, para que estos no se expandan, para que no se repita lo de Charlie Hebdo. Al Islam no le gustan los homosexuales y las iglesias evangélicas y protestantes están constantemente bajo lupa por sus numerosos casos de pederastia y encubrimiento sistemático. Hay que decirlo; hay que denunciarlo. Es delito.

Y, por supuesto, debemos criticar la falta de libertad de expresión que aún sufren muchos países para que no nos toque. No queremos ser Cuba. Guiño.

Y el eterno debate discute sobre dónde se encuentran los límites del humor. Esos límites los ha de fijar el cómico, el escritor, el artista; no puede ser que estén delimitados ni por la ideología ni por lo políticamente correcto. Por un lado, la derecha, esa que lleva tan mal las críticas a lo suyo; esa que, por norma general, nunca se ha posicionado al lado de lo cultural y mucho menos del humor ácido e inteligente. Por otro lado, la izquierda, tan progre, tan progre que se ha pasado de rosca y ahora resulta que es regre.

Así lo digo.

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