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31/01/2016 09:51 CET | Actualizado 31/01/2017 11:12 CET

Por el Día Mundial Sin Lepra

lepraCada año aparecen más de 200 mil nuevos casos de lepra, de acuerdo con los registros de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Más preocupante aún es la estadística que afecta a los más pequeños: el 8,8 por ciento de esos nuevos casos se detectan en niños y niñas menores de 14 años. Pero lo más injusto e indignante es que desde hace más de treinta años (desde 1982, concretamente) existe un tratamiento efectivo para curarla.

Imagen: JOE CHAN/REUTERS

En el imaginario colectivo asumimos que la lepra es una enfermedad del pasado. O una patología sólo presente en los países pobres. Algo que ni nos afecta ni nos incumbe. Tal vez por eso, es una de las grandes olvidadas. Especialmente en los países desarrollados. Sin embargo, los datos demuestran cuán equivocados estamos: cada año aparecen más de 200 mil nuevos casos de lepra, de acuerdo con los registros de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Unas cifras alarmantes si pensamos que son solo la punta del iceberg, porque hay muchos casos a los que no llegamos, que no se están detectando y permanecen ocultos. Y más preocupante aún es la estadística que afecta a los más pequeños: el 8,8 por ciento de esos nuevos casos se detectan en niños y niñas menores de 14 años. Terrible. Terrible porque estos números no son mera estadística. Son personas. Son niños y niñas que quedarán estigmatizados de por vida y sufrirán discapacidades en el futuro que marcarán su existencia.

Ante estos datos, la OMS no tiene más remedio que reconocer que la lepra es una enfermedad que aún no está controlada debido al fracaso de los sistemas de salud y al desinterés político. De hecho, el número de personas afectadas es todavía mayor, porque son muchos los países que se niegan a aportar los casos, simplemente porque sus gobiernos no desean que se les vincule con la enfermedad y porque no están interesados en recoger las estadísticas por meras cuestiones económicas.

Lo más injusto e indignante es que desde hace más de treinta años (desde 1982, concretamente) existe un tratamiento efectivo para curar la lepra. Lo que falta es compromiso e interés por proporcionar los recursos económicos y una infraestructura sanitaria para controlar la dolencia. La problemática que rodea la lepra impide que pueda estar controlada, aunque los medios, insisto, sí existen desde hace más de tres décadas.

Luchamos por la defensa del derecho a la salud de los más vulnerables allá donde se encuentren, para mejorar su calidad de vida y ayudarles a recuperar su autonomía, dándoles acceso a servicios de atención sanitaria y rehabilitación.

¿Cuántas personas se hubieran beneficiado si se hubiera aplicado el tratamiento adecuado? Incalculable; pero muy probablemente hoy no sería necesario estar escribiendo estas líneas. Como tampoco haría falta celebrar el Día Mundial contra la Lepra. Desgraciadamente, es una jornada que debemos conmemorar para que esta patología no quede en el olvido. Más de lo que ya está. Este día (siempre, el último domingo de enero) se celebra desde 1954, pero desde Fontilles llevamos luchando contra la lepra desde hace más de un siglo y somos los únicos en Europa con un sanatorio. Colaboramos con otras asociaciones y ONG a nivel internacional.

Luchamos por la defensa del derecho a la salud de los más vulnerables allá donde se encuentren, para mejorar su calidad de vida y ayudarles a recuperar su autonomía, dándoles acceso a servicios de atención sanitaria y rehabilitación. Y por eso, como no existe un colectivo más vulnerable, para la campaña de este año vamos a poner todo nuestro esfuerzo y nuestro foco en los niños, bajo el lema: "Tu ayuda es su futuro: para que la lepra no marque sus vidas". Con ello, queremos denunciar la situación a la que se enfrentan los menores afectados por la lepra y las consecuencias de la enfermedad en sus vidas, pero sobre todo, con la ayuda de las organizaciones internacionales, queremos acabar con las discapacidades causadas por la lepra para el año 2020. Para ello, es imprescindible evitar que se transmita a los niños.

El objetivo es ambicioso. Mucho. Pero indiscutiblemente necesario. Cada dos minutos se diagnostica un caso de lepra en el mundo. De ellos, nueve de cada cien, son niños. A miles de niños afectados por la lepra no se les diagnostica la enfermedad con suficiente antelación y como resultado, sufren discapacidades que podrían prevenirse. Mejorar la detección temprana es fundamental para prevenir estas trágicas consecuencias. Y también es básico trabajar para continuar con la formación de personal especializado con la misión de encontrar a los enfermos cuanto antes y darles el tratamiento.

Mientras tanto, y hasta que alcancemos esa situación, nuestra obligación es atender y paliar las consecuencias sociales de la enfermedad, así como capacitar a los afectados para que puedan salir del círculo de enfermedad y pobreza. Para ello, insisto, precisamos la implicación de los gobiernos e instituciones. Un mundo sin lepra, que nadie lo dude, es perfectamente posible. Queremos es celebrar el Día Mundial Sin Lepra.

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