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25/08/2013 09:54 CEST | Actualizado 24/10/2013 11:12 CEST

Capítulo LV: El contable

2013-06-30-cintilloeratansuave.jpgMister Proper avanzó cautelosamente por el corredor. De repente, escuchó voces aproximándose. Le daba pánico encontrarse con alguno de aquellos matones y recibir una nueva paliza, así que abrió la primera puerta que encontró y se metió en un camarote.

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El Capitán Pescanova por fin ha encontrado a Mister Proper, encerrado en un camarote en el interior del barco de la organización mafiosa. Para poder rescatarle y escapar, pone en marcha un plan temerario: generará un pequeño incendio provocando un cortocircuito en la sala de máquinas. Mientras lo ejecuta, el prisionero deberá quedarse en su improvisada celda para que nadie sospeche nada. Pero las cosas se le complican a Pescanova cuando se encuentra con el Capitán Morgan, un antiguo rival, que se empeña en luchar contra él. Su tardanza desespera a Mister Proper, que incapaz de esperar más, huye por su cuenta del camarote a través de un túnel de ventilación.

Mister Proper avanzó cautelosamente por el corredor. De repente, escuchó voces aproximándose. Le daba pánico encontrarse con alguno de aquellos matones y recibir una nueva paliza, así que abrió la primera puerta que encontró y se metió en un camarote. De espaldas a él, sentado ante una mesa de trabajo, había un niño vestido con uniforme de colegio que parecía estar tomando notas en un cuaderno. El niño se volvió al oír la puerta, y al ver aquella cabeza en forma de bola de billar, Mister Proper suspiró aliviado.

- ¡Bic! -exclamó. Conocía a aquel tipo. Era un viejo compañero de clase de su época del instituto.

- ¿Mister Proper? ¿Eres tú? - preguntó el colegial.

- Sí, bueno, ahora me llamo Don Limpio, pero sí, soy yo.

- Vaya sorpresa encontrarte aquí. ¿Eres uno de los invitados a la fiesta? Por tu aspecto, juraría que no.

La puerta del cuarto de baño estaba abierta y Mister Proper se vio reflejado en el espejo. La verdad es que su aspecto era bastante lamentable. Su ropa estaba más que sucia y su cuerpo lleno de moratones y magulladuras, así que decidió ser sincero.

- Tienes razón, amigo -confesó- no he venido aquí como invitado. Me han secuestrado.

- ¿Secuestrado?

- Sí. Escucha, es una historia muy larga. Pero te juro que no he hecho nada malo. Necesito tu ayuda. Por los viejos tiempos. Hay un poli que se ha colado en el barco para rescatarme, pero el muy gilipollas ha venido solo y además, después de encontrarme, ha desaparecido y ya no se qué hacer, me han encerrado, me han pegado, me ha picado una abeja... -Mister Proper se vino abajo y empezó a sollozar amargamente.

- Tranquilízate un poco, por favor, te va a dar algo. Anda, siéntate y explícamelo con calma. No entiendo nada de lo que me cuentas.

- Tienes que ocultarme, Bic. Escóndeme hasta que volvamos a tierra. Y cuando atraquemos, te prometo que me buscaré la vida para salir de aquí por mi cuenta. Nadie se enterará de que me has ayudado. Qué me dices, ¿puedo contar contigo?

- No sé, Mister Proper, no me gustaría meterme en ningún lío. En este barco hay gente muy peligrosa.

- ¡Pues claro que son peligrosos! ¿Te crees que no lo sé? Mataron a mi novio y ahora van a matarme a mí. Por favor, tío, escóndeme, haré lo que sea, pídeme lo que tu quieras, pero ayúdame...

- ¿Lo que yo quiera...? -La negra cara de Bic adquirió una expresión traviesa.

- Sí, bueno... - se detuvo Mister Proper un poco extrañado por el súbito cambio en la actitud del escolar - no... no sé que puedo ofrecerte, pero si hay algo, cualquier cosa...

- Pues sí, ahora que lo dices, sí que hay algo que puedes ofrecerme.

Bic se acercó a su excompañero de aula y deslizó la yema de un dedo por su musculoso y depilado pecho.

- ¿Sabes? Nunca te lo confesé en el instituto, pero tú siempre me gustaste.

- ¿Yo...? ¿a ti? Joder, nunca lo habría imaginado -Mister Proper parecía realmente sorprendido.

- Sí. ¿Tanto te extraña? Eres un tío muy atractivo, ¿nunca te lo han dicho? Tan fibroso, tan musculado, tan calvo... Está bien, te esconderé. A cambio de algo que siempre he deseado. Bájate los pantalones, date la vuelta y agárrate a los barrotes de la cama.

- Pero Bic, no sé... ahora...

- ¿Quieres que te ayude o no?

- Sí, claro... lo que ocurre es que...

- Pues cállate y haz lo que te he pedido -insistió Bic mientras empezaba a desabrocharse el cinturón.

- De acuerdo - obedeció dócilmente Mister Proper.

Mientras los pantalones del fugitivo se deslizaban hasta el suelo, Bic abrió un cajón de la mesilla de noche y sacó dos pares de esposas. Mister Proper abrió los ojos de par en par.

- Oye, ¿no crees que te estás pasando?

- Todos tenemos nuestras fantasías eróticas. La mía es tenerte atado mientras... bueno, ya sabes -contestó Bic y colocó sus esposas en las manos de Mister Proper. Después, las sujetó a la cama. Y una vez que se había asegurado de que no podía soltarse, volvió a abrocharse el cinturón. Mister Proper le miró sin entender nada.

- ¿Eh?, ¿pero qué haces?, no vas a...

- Lo siento, Mister Proper, te he mentido. No me pones nada. No me van los tíos. Y de hecho, a ti, siempre te he tenido cierta manía. Reconócelo, tú me despreciabas. Yo era el empollón. Y a ti los únicos que te interesaban eran los que sacaban buenas notas en gimnasia. Sobre todo cuando estábamos en las duchas, ¿verdad?

- Pero de eso hace muchos años. He cambiado. No puedes hacerme esto. Me matarán. Por favor, suéltame. Me iré de tu camarote. No te comprometeré, te lo juro. Déjame ir y desapareceré. Pero por favor, no me delates.

- Me gustaría poder ayudarte, pero no me es posible. Yo trabajo para ellos. Soy el contable de la organización. Y te aseguro que les tengo tanto miedo como tú. No quiero problemas y ellos se acaban enterando de todo. Estoy ahorrando para poder comprarme una casita en la Manga del Mar Menor y no pienso jugarme mi jubilación para salvar a un tío que siempre me miró como si fuera un pringao.

- No, no es verdad... bueno, sí, pero éramos muy jóvenes. Ahora se que me equivoqué contigo.

- Me temo que es un poco tarde para pedir perdón, amigo mío...

Mister Proper dejó de insistir. No había nada que hacer con aquel miserable.

- Sí, me equivoqué contigo - le dijo con desprecio - No eres un pringao, eres un hijo de puta...

- No, lo que soy es un superviviente -respondió Bic sacando un walkie talkie de su bolsillo-. Bic llamando a Celta, ¿estás ahí, Celta? creo que tengo algo que se te ha perdido.

Era tan suave se publica por entregas: cada día un capítulo. Puedes consultar los anteriores aquí.