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14/08/2013 07:00 CEST | Actualizado 13/10/2013 11:12 CEST

Capítulo XLIV: Los Geos

2013-06-30-cintilloeratansuave.jpgFuerzas Especiales... El Capitán Pescanova tenía la impresión de que el título les quedaba un poco grande a los Hombres Balay. Aquellos tipos podían ser perfectos para presentar un catálogo de electrodomésticos a ritmo de chachachá, pero intervenir en un secuestro...

En capítulos anteriores...

Mister Proper ha conseguido llamar al Capitán Pescanova con el móvil de Cinecito, y a pesar de la deficiente cobertura, termina por enviarle las coordenadas de localización de la casa de campo en la que le tienen encerrado. Pero antes de que consiga esconder el teléfono, sus captores le sorprenden. Ahora, el capitán acude al rescate. ¿Llegará a tiempo?

Fuerzas Especiales... El Capitán Pescanova tenía la impresión de que el título les quedaba un poco grande a los Hombres Balay. Aquellos tipos podían ser perfectos para presentar un catálogo de electrodomésticos a ritmo de chachachá, pero intervenir en un secuestro era algo un poco más serio. Pero qué se le iba a hacer, estaban ellos o el Equipo Actimel, y puestos a elegir, prefería bailarines a yogurines.

- Estoy un poco nervioso, Capitán, es mi primer secuestro, ¿sabe? -le comentó sonriente el Hombre Balay Número 1.

- Pues tranquilízate, grumete, -contestó el exmarino con resignación- no tenemos ni idea de lo que nos espera ahí...

- ¡Para empezar, fuego! -les gritó el piloto- ¡Miren!

En efecto, al fondo, entre los árboles, ya se distinguía una espesa columna de humo negro.

- Mierda, no creo que eso sea muy buena señal -masculló el Capitán.

Pescanova planeaba haber aterrizado a cierta distancia para luego acercarse con sigilo, pero el humo le hizo cambiar de opinión.

- ¡Vayamos directamente al objetivo! -ordenó al piloto- ¡Esto no me gusta nada!

Cinco minutos después, el helicóptero se posaba delante del edificio principal de la finca. Afortunadamente, la intensa lluvia, que había comenzado media hora antes, había sofocado las llamas casi por completo, pero seguía habiendo humo por todas partes. Los policías se pusieron sus equipos antigas, se dividieron en grupos de a dos y comenzaron a inspeccionar las edificaciones. Al cabo de un rato quedó claro que el lugar estaba totalmente desierto.

- Despejado -se oyó la voz del jefe del primer equipo a través de los transmisores de radio.

- Despejado -comunicó el segundo.

- Despe... ¡Un momento, aquí hay algo! - era el tercer equipo de agentes, al que le había correspondido la celda en la que encerraron a Mister Proper. El resto de los efectivos, con el Capitán Pescanova a la cabeza, acudieron a toda prisa hasta allí. Nada más entrar lo escucharon. Un extrañísimo soplido que recordaba a una gaita.

- ¿Qué coño es eso? -preguntó el Capitán.

- Suena como... ¿una gaita? -respondió uno de los Hombres Balay.

- ¡Allí arriba, en la pared! -señaló otro de los agentes.

Todos enfocaron sus linternas hacia aquel punto.

- ¡Joder, hay un tío metido en una jaula! - dijo otro.

- ¡Y tiene... una gaita metida por el culo! -apostilló atónito el tercero.

- ¡Parece que aún está vivo! ¿A qué esperáis? -gritó Pescanova- ¡Buscad algo para que podamos subir hasta ahí!

Unos segundos más tarde, dos de los policías regresaron con una escalera. El Capitán subió por ella, se quitó su mascarilla y se la pasó al gaitero a través de los barrotes de la jaula. Este tosía sin parar y la tos le hacía expulsar gases que provocaban continuos soplidos de la gaita. Hasta aquel momento, gracias precisamente a las mascarillas, ni Pescanova ni sus hombres habían olido el aroma de las ventosidades del prisionero. Pero ahora, el Capitán estuvo a punto de perder el conocimiento. Por su parte, tras aspirar algo de oxígeno, el gaitero se quitó la mascarilla e intentó hablar.

- Cof, cof, cof, el... bar... cof, cof...

- No hable grumete, necesita respirar -le dijo Pescanova, haciendo un sacrificio sobrehumano para aguantar el hedor, y volviendo a colocarle la mascarilla, pero el gaitero se la quitó de nuevo.

- Bar... co, el barco... cof, cof, cof...

- ¿Barco?... Ah, no, no grumete, no está usted en ningún barco. Soy el Capitán Pescanova, de homicidios. Vamos a sacarle de aquí -le explicó pensando que lo del barco era una alucinación producida al ver su ropa marinera. A veces se le olvidaba que su atuendo no era lo más habitual para un agente de la ley.

- No... nnnno -siguió el asturiano- el barcu... Mister Proper... cof, cof, cof...

Esas fueron sus últimas toses. Y también sus últimas palabras. Tras un postrer espasmo, se derrumbó. El Capitán intento reanimarle, pero fue inútil. Le tomó el pulso y comprobó que había muerto. Bajó lentamente, dio instrucciones a sus hombres para que sacaran el cadáver de la jaula y salió al exterior maldiciéndose por haber llegado demasiado tarde. El barco... era la segunda vez que escuchaba hablar de un barco en los últimos días. La primera fue cuando Curro le había contado que el Conejo estaba preparando algo en un barco. Y también recordó que cuando entró al despacho del roedor, éste estaba hablado por teléfono diciendo algo de tomar biodramina contra el mareo. Tal vez aquella conversación tuviera que ver con ese barco. Era una simple conjetura, pero no tenía mucho más. Merecía la pena averiguarlo. Y Pescanova conocía a alguien que podía ayudarle a hacerlo. Sin perder un instante, sacó su teléfono móvil y marcó un número.

- Hola -saludó cuando contestaron al otro lado de la línea-. Sí, soy yo, Pescanova. Necesito que investigues algo. Es urgente, sí. Te voy a enviar las coordenadas de situación de una finca en el campo. Quiero que averigües a quién pertenece y también si su propietario posee un barco... sí, un barco... no, no sé qué tipo de barco. ¿Caro? No me importa el precio. Tu consígueme esa información y llámame en cuanto tengas algo. Adiós.

Y colgó.

Era tan suave se publica por entregas: cada día un capítulo. Puedes consultar los anteriores aquí.

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