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17/12/2018 17:28 CET | Actualizado 18/12/2018 13:38 CET

Irak: agua para el retorno y la paz

Pablo Tosco / Oxfam Intermón
Unas mujeres llenan unas garrafas con agua en Irak.

Asociamos el agua con la sed, la salud y la vida. Por desgracia, también con el conflicto, con las guerras del agua: con la violencia ejercida contra quienes la defienden para la gente. Durante mi reciente visita a Irak he podido sentir cómo el agua también permite el retorno de la población desplazada y es un mimbre esencial de la paz, un bien mayor y siempre frágil.

La familia Am Omer vive en la comunidad de Al Khaldiyah, cerca de Ramadi. Es una de las zonas ocupadas por el ISIS durante buena parte de los 4 años en los que llegó a conquistar el 40 % del territorio del país bajo su brutal yugo. Más de 5 millones de iraquíes huyeron de la violencia integrista y se desplazaron a otros lugares del país. Unos en campos, otros en comunidades de acogida. Terminado el conflicto en 2017, aunque no habían terminado las tensiones e inseguridad, miles de familias comenzaron el retorno a sus hogares.

Algunas lo hicieron pronto, pero muchas aún no han vuelto. Cuando volvieron a sus casas se las encontraron destrozadas, bien durante el conflicto, o bien como represalia posterior si había cualquier atisbo de que fueran colaboradoras del ISIS. Las infraestructuras también estaban devastadas. Entre ellas, las de agua potable, un servicio básico y estratégico que es destruido en cualquier conflicto.

Para familias como la Am Omer, que salieron corriendo de su casa antes de que la hicieran saltar por los aires, abrir el grifo y que salga agua potable refleja esperanza y posibilidad.

En la casa de la familia Am Omer viven 12 personas, el matrimonio con sus 5 hijos, las niñas Rana y Nur entre ellas, y la segunda mujer del abuelo con sus 4 hijos. Cuando volvieron se encontraron con que el agua llegaba directamente del río Eúfrates, con lo que las diarreas y enfermedades de la piel proliferaban entre la infancia. Oxfam rehabilitó la planta de tratamiento de agua, para servir a 15.200 personas, con los equipos y garantías que merece cualquier ser humano. Hoy la familia tiene 6 horas diarias de agua potable y también mejor salud. Y tendrían 24 horas si la electricidad no se cortara, o si las autoridades suministraran combustible para el generador que se instaló.

En la zona de Tikrit -3 plantas rehabilitadas por nuestra organización-, los dirigentes comunitarios nos explican que reconstruir y volver a poner en marcha la planta de agua ha sido esencial a la hora de reafirmar la voluntad de retorno de más familias que huyeron. Una seguridad suficiente es el primer requisito para la gente, agua potable el segundo. El resto, vivienda, trabajo, educación, alumbrado... es también vital, pero se irá consiguiendo.

Restablecer el suministro de agua es también una de las señales de cierta normalidad que se puede dar a la población. Hay servicios que vuelven a estar ahí, lo que indica estabilidad y articula a la comunidad retornada alrededor de los mismos. De hecho, cada comunidad asume parcelas de responsabilidad alrededor de las plantas de agua, tanto en su reconstrucción como en el mantenimiento. Y da el paso de exigir a las autoridades que asuman su responsabilidad en los suministros.

Para familias como la Am Omer, que salieron corriendo de su casa antes de que la hicieran saltar por los aires, huyendo de la violación y la esclavitud, abrir el grifo y que salga agua potable refleja esperanza y posibilidad. Se convierte en una condición para el retorno.

Restablecer el suministro de agua es también una de las señales de cierta normalidad que se puede dar a la población.

Que la castigada población civil iraquí sienta que puede volver a su casa -así esté en mal estado-, con su comunidad y vecindario, a restablecer poco a poco su vida, su negocio, su estudio o trabajo, es crucial para una situación de postconflicto donde la paz es tan frágil como un hilo de agua. El país no habría resistido la presión de tener 5 millones de desplazados internos y de unas comunidades de acogida que también han visto cómo sus derechos sociales saltaban por los aires.

Irak tiene por delante desafíos descomunales. La presencia de grupos armados, milicias y la durmiente del ISIS, una economía castigada por más que se nutra del petróleo, y una política sujeta a intereses de tribus y grupos religiosos. Dicho esto, tiene un inmenso potencial, una población formada y riqueza.

Hoy cabe la esperanza de que se estabilice y mejore la situación de sus mujeres y niños. Desde Oxfam hacemos una humilde aportación: el agua para la paz.

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