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02/10/2018 18:01 CEST | Actualizado 02/10/2018 18:02 CEST

El Datsun naranja, los tres estudiantes y el profe Joaquín

PEDRO PARDO/AFP/Getty Images
Una mujer hace la señal de victoria durante un performance realizado en Tlatelolco en la víspera de la conmemoración del asesinato de los estudiantes en la matanza de 1968.

Ande profe, no sea gacho, ya pónganos el 6. Es solo medio punto.

A la próxima estudian.

Con estas palabras Joaquín abandonó el salón de clase mientras tres de sus estudiantes lo perseguían insistentemente por los pasillos, las escaleras y hasta la parada del microbús, sin lograr con ello arrancarle un ápice de misericordia. Joaquín es mi vecino, Joaquín Contreras, hoy es un anciano, pero en 1968 era maestro normalista de la Vocacional y me contó esta historia.

Como todas las mañanas, el 2 de octubre de 1968 se presentó a dar clase de 7 a.m. a la Preparatoria Vocacional No. 9 de Lindavista, era un miércoles. No estaba de muy buen humor por la acalorada discusión con los tres alumnos reprobados. La prepa estaba prácticamente vacía, sólo un par de alumnos fueron.

Saliendo de ahí y aprovechando que era temprano se fue a la Normal, sobre la México Tacuba, a hacer unos trámites y recoger unos cheques. En la entrada del edificio se encontró a varios chavos alumnos suyos caminando. El día estaba muy agitado. De pronto ve como empieza a marchar toda la Vocacional No. 9. Quién sabe de dónde, de repente salen los porros y los granaderos, se levantan las barricadas y empieza la trifulca. Varios de sus alumnos cayeron por balas perdidas.

Se detuvo frente a él un Datsun color naranja. Desde el interior escuchó varias voces gritándole: ¡Profe, súbase! Eran alumnos suyos, los tres alumnos reprobados que necesitaban el medio punto en el examen. Se subió de inmediato y el carro arrancó a toda velocidad, sorteando diferentes rutas bloqueadas por barricadas de la policía, hasta llegar a Eje Central. Iban rumbo a Tlatelolco, donde vivía uno de ellos. Llegaron al multifamiliar contiguo al edificio Chihuahua, lo invitaron a pasar al departamento y a fumar marihuana. Tan nervioso estaba que accedió. Joaquín no era asustadizo. Los cuatro estaban en la habitación escuchando una grabación de un conjunto que nunca había oído nombrar.

  • Chale profe, ¿que nunca ha oído a Three Souls in My Mind?
  • Jamás.

El mundo los conocería como El Tri.

Ya era la tarde. El resto ya es historia.

A la mañana siguiente se levantó y, como si no hubiera pasado nada, se fue a trabajar como todos los días. Al entrar al salón de clases, el pizarrón estaba lleno de fotografías de los estudiantes de la prepa asesinados la noche anterior. Y ahí, en una esquina del pizarrón, estaban las fotos de los tres chavos del Datsun. En su maletín llevaba los exámenes de ese grupo, y los de ellos tres con un 6 de calificación final.

@_Chema

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' México.