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27/11/2018 21:26 CET | Actualizado 27/11/2018 21:28 CET

Análisis de bolsillo del último debate electoral andaluz

Efe
Un momento del debate.

El duelo:

Sin anestesia y empezando por el principio. Cruza la línea de lo sospechoso que este debate no haya tenido lugar en la televisión pública de todos los andaluces: Canal Sur. Que en Andalucía se vea en TVE1 y en el resto de España en el canal 24h ya habla a las claras del aprovechamiento de los recursos disponibles de la Señora Díaz para visibilizar la conexión cainita Susana Díaz/Pedro Sánchez, pero del peso político que Andalucía tiene en España a día de hoy. Ya se sabe, en política todo comunica.

En general, todos tenían en cuenta los nichos de votos que podían robarle a sus adversarios. De esta manera Juan Marín atacó a PSOE y PP, PP a PSOE y Adelante Andalucía a PSOE. Susana Díaz se centró en mantener su electorado. Gracias a la providencia, no se enredaron en ese "no me chilles que no te veo" que es hablar de corrupción en este país.

Tirando del carro:

Susana Díaz. Dispuso una puesta en escena, en maneras y ademanes, calcada a la de la presidenta alemana, Angela Merkel, y expuso un tono heredado de Felipe González, preparó un excelente debate, que exudaba impostación, hasta por exceso de maquillaje. Desde el análisis de la imagen, alabada por sus modelos verdiblancos, en esta ocasión vistió los colores del PSOE para recordar a quien lo dudase quién manda en Andalucía desde hace 40 años. "El presidente es amigo mío", le faltó decir al más puro estilo invent.

En cuanto a contenido, tiró de clásicos. Achacó a cada uno lo suyo, VOX o la utopía de todas las buenas políticas que no son suyas. Desde lo estratégico, siendo asediada desde todos los flancos, eligió lo más sabio que era centrarse en hablar de sí misma. Sin embargo, este exceso de seguridad, pudo volvérsele en contra a partir de frases como: "La Junta de Andalucía es la institución más transparente de España" o "en materia de desigualdad ya sabemos lo que le toca a Andalucía". Una soberbia trasnochada que recuerda a quien se ha pasado demasiado tiempo bebiendo litros en el banco del parque con los amigos ya demasiado tiempo.

Teresa Rodríguez. Desde la imagen, más natural y folclórica, salió titubeante jugando al contragolpe, contra el orden y el oficio de la primera candidata. Peco de un discurso un poco castrista en las formas, con demasiadas coletillas. Sin embargo, supo construir fiel a su estilo empático que conectaría con cualquiera que tenga corazón, especialmente madres. De inocencia inspiraba incluso ternura, que no es baladí en Andalucía. En estos debates siempre estará un peldaño por debajo que Susana Díaz, que es una superdotada en estas lides.

Fiel a su sistema, desplegó buenos arreones de orgullo andaluz. Cargada de buenas intenciones y de datos, sabía por dónde le iban a atacar. Buenas réplicas sobre (lo que para mí fue un error) Juego de Tronos, Cataluña o la economía (en este aspecto pareció el mejor Partido Popular). Habló de déficit de inversión, derechos financieros y siempre optimizo su tiempo atacando al PSOE y no entrando en mucho conflicto con partidos con votantes que se encuentran en las antípodas políticas de Sentinel del Norte.

Arrastrando los pies:

Juan Manuel Moreno Bonilla. Hizo de Rufián cargando con material de oficina, que espero que haya traído él y no ningún becario, por lo planchado de su traje. En cuanto a la imagen no se podía esperar otra cosa que el clásico traje y corbata. Más perdido que el barco del arroz en cuanto a contenido, llevó la crispación y la demagogia hasta al gesto.

En cuanto al mensaje, se apropió del de Spiriman, abusando del debate sanitario, más efectivo fuera de Andalucía que dentro. Acabó siendo víctima de sus propias contradicciones como miembro del partido de los recortes.

Acabó hablando del suceso entre Borrell y Rufián y de enaltecimiento del terrorismo. Temas que interesan más de Despeñaperros hacia arriba y poder contribuir así a la cimentación del nuevo posicionamiento del Partido Popular. En mi opinión asumió la derrota antes de empezar, se dedicó a vender banderitas por los aledaños del estadio, optando así por ser el peón sacrificado para favorecer la partida de Pablo Casado.

Juan Antonio Marín. Alias: Milhouse. A la sombra de un político, para bien o para mal, de convicciones más firmes. Se quejó más de lo que propuso, y lo que propuso tendría más éxito en la Suiza calvinista que Andalucía.

Replicó a la estrategia de la crispación y llevó el debate a niveles nacionales. Incapaz de renunciar públicamente a VOX o de calificarlo como extrema derecha. Lo que se esperaba sobre Cataluña. En el lado bueno, por lo menos esta vez no habló de Venezuela.

La victoria, Andalucía, tiene nombre de mujer:

Huyo siempre de hablar en términos de ganador o perdedor, porque firmemente creo que no se trata de que los partidos ganen o pierdan, si no en que las instituciones dibujen fielmente la vasta variedad de intereses que pueblan una tierra como es la andaluza. De igual manera, todos se darán por ganadores, aunque caiga un meteorito, y para jugar a adivino siempre hay tiempo.

Eso sí, está claro que la batalla en Andalucía estará en la izquierda. Ciudadanos pinchará su enésima burbuja y el PP ya está a otra cosa y se centrará en mantener su suelo electoral. La pregunta es cuánto hay de centro y cuánto de izquierda en el centro izquierda andaluz.

Por esto, la victoria tendrá nombre de mujer y se dilucidará este domingo cuando los andaluces elijan entre la coreográfica profesionalidad Merkeliana y la inocente, pero humana, convicción del "Viva Andalucia Libre".

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