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16/05/2014 07:39 CEST | Actualizado 15/07/2014 11:12 CEST

La mirada de la izquierda sobre la inmigración

corriendoHace falta cambiar la mirada a la inmigración. La que caracteriza la derecha es refractaria y negativa; la estigmatiza como una amenaza o una invasión, explotando los miedos y prejuicios que la crisis está produciendo en tantos y tantos ciudadanos que se ven forzados a competir por recursos sociales cada vez más escasos.

El 25 de mayo los europeos tenemos una cita fundamental con las urnas, vital en cuanto que afecta a la razón de ser de Europa y a su modelo social.

Para los socialistas, nuestro objetivo es ganar. Debemos movilizar a quienes se sienten peor tratados por el manejo de esta interminable crisis. Porque no ha sido un accidente, sino la consecuencia de una correlación de fuerzas; durante demasiado tiempo, campea en toda Europa en favor de una hegemonía conservadora ante la que hay que oponer una alternativa con una mayoría progresista liderada por los socialistas europeos.

Para eso, es imprescindible, restablecer la confianza en el poder del voto. A toda esa mayoría social que ha sido malherida en España por el PP, con un desmoronamiento de la protección social y un ataque sin precedentes a la dignidad del trabajo, le decimos claramente que se pueden cambiar las cosas con el voto.

Por tanto, combatimos, además de la desigualdad generada por esta gestión de la crisis, la desmovilización, que es la desembocadura de la antipolítica que tanto fomenta la derecha en su propio beneficio.

La apabullante mayoría conservadora que rige Europa desde hace más de diez años no sólo ha operado en el campo económico, con los lamentables resultados ya por todos conocidos. Se ha impuesto también en muchos otros ámbitos, como el de la respuesta de Europa al desafío de la inmigración, el de la Política Exterior que se ha visto reducida a la inanidad, rayana en la insignificancia por falta de ambición.

Ante el reto que plantea la inmigración y la gestión de las fronteras exteriores en el sur del Mediterráneo, Ceuta, Melilla y Canarias, la respuesta, en ningún caso, puede ser las "devoluciones en caliente" ni las pelotas de goma, ni la contravención del derecho internacional humanitario y del propio acervo comunitario en materia de asilo y refugio.

Hace falta cambiar la mirada a la inmigración. La que caracteriza la derecha es refractaria y negativa; la estigmatiza como una amenaza o una invasión, explotando los miedos y prejuicios que la crisis está produciendo en tantos y tantos ciudadanos que se ven forzados a competir por recursos sociales cada vez más escasos.

Los socialistas combatimos esa visión sesgada de la inmigración. Los inmigrantes se encaraman desesperados a las vallas de Melilla o Ceuta porque, para empezar, no disponemos todavía de una compuerta razonable a la gestión de la inmigración regular. Por eso, las mafias explotan la irregular y juegan con la desesperación de quien arriesga su vida y, tan a menudo, la pierde trágicamente. Es imperioso y perentorio que la Unión Europea complete el espacio de libertad, justicia y seguridad, y llene de contenido el mandato de solidaridad en la gestión de los flujos migratorios, contenido en el artículo 80 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.

De esto he hablado contundentemente en los cinco años que he presidido, durante esta legislatura, la Comisión de Libertades, Justicia y Asuntos de Interior de la Unión Europea, exigiendo de la Comisión y del Consejo solidaridad con los Estados de la Unión que tienen fronteras más sensibles como son España, Grecia, Italia o Malta.

Los socialistas sabemos que la inmigración plantea un reto de enorme envergadura para Europa, pero también creemos que es un fenómeno que ofrece importantes oportunidades. Existen muchos motivos, no sólo económicos y demográficos, que recomiendan gestionar la inmigración y abrir cauces razonados para su regularización, lo que puede contribuir al reverdecimiento de una Europa envejecida y al sostenimiento del modelo social a través de los impuestos de estas personas. También fundamentos morales invitan a sostener una mirada positiva y constructiva sobre la inmigración.

Un aspecto fundamental para combatir la inmigración masiva y desordenada y la presión en las fronteras exteriores de la UE es mejorar las condiciones de vida en los países de origen. Europa debe impulsar la cooperación al desarrollo. Pero debe sobre todo aprender a ponerla en común. La Unión Europea suma el mayor esfuerzo de cooperación al desarrollo en el mundo, pero tan sólo con que lo pusiera en común, en lugar de hacerlo de manera fragmentada, seríamos mucho más eficaces.

Lamentablemente en España hemos visto como el Gobierno del PP ha impuesto su vuelta de tuerca adiciona a la austeridad recesiva también sobre las políticas de cooperación al desarrollo. Frente al esfuerzo, sin precedentes, del Gobierno socialista por expender y fortalecer nuestra ayuda exterior, el PP ha laminado un sector que resulta del todo clave para combatir las causas de la inmigración forzada. Los socialistas pensamos que la inmigración debe ser una opción, nunca una obligación y menos por tener que huir del hambre y la miseria.

Además, la Unión Europea tiene que aprender a ser un actor globalmente relevante. Y exige superar la patética impotencia que ahora caracteriza su incipiente política exterior de la que se ríe Putin, pero también el resto de los actores relevantes, con los que deberíamos ser capaces de hablar de tú a tú. El reto que representan las migraciones en un mundo crecientemente interdependiente es formidable pero también lo son las oportunidades que ofrecen. Las elecciones del 25 de mayo son la mejor oportunidad para decidir qué futuro queremos para una cuestión tan importante para todos.

Es hora de cambiar el rumbo de esta Europa que se ha tornado cada vez más antipática y tacaña para demasiadas personas empobrecidas y en dificultades, de dentro y de fuera, pero también, y sobre todo, para los más débiles y vulnerables entre nosotros los europeos.

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