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30/08/2012 08:21 CEST | Actualizado 29/10/2012 10:12 CET

La necesidad de la acción ecologista

La sentencia de un juzgado danés conocida el martes por la que Dinamarca deberá indemnizarnos por las semanas de cárcel que pasamos tras aquella acción debe ser también motivo de reflexión. Ojalá sirva para volver a animar un activismo que ahora mismo se ha convertido en imprescindible, porque la sociedad necesita retomar la iniciativa y forzar cambios profundos.

Cuando entrábamos en el Palacio de Christiansborg aquel 17 de diciembre de 2009 para desplegar la pancarta con el eslogan "los políticos hablan, los líderes actúan" no eramos realmente conscientes de la importancia de lo que estaba ocurriendo allí. En aquel final de la Cumbre contra el Cambio Climático (COP15) de Copenhague, se estaba firmando la sentencia de muerte de la política internacional de lucha contra el cambio climático. Los jefes de Estado sentados en aquella célebre cena hicieron una dejación absoluta de su responsabilidad como líderes mundiales, y fracasaron en el último intento real de hacer frente al grave problema de la alteración del clima a causa de la actividad humana.

Estos días hemos conocido que la capa de hielo del Artico alcanza mínimos históricos como consecuencia de un calentamiento cada vez más evidente. La falta de decisión en la Cumbre de Copenhague fue el mayor fracaso político internacional de los últimos años, y su consecuencia es que el cambio climático cabalga como un caballo desbocado sin que nadie parezca capaz de ponerle freno. Las emisiones globales continúan en aumento a pesar de la crisis global, y el problema ha desparecido de los medios de comunicación.

Las Cumbres Internacionales después de Copenhague se han convertido en un trámite sin ambición ni garra. Basta recordar el tímido interés que despertó la Cumbre Rio+20, me imagino que para alborozo de los que prefieren que no se adopten medidas que puedan afectar a sus intereses económicos. Sí: hablo de las empresas y países que se benefician de que continuemos quemando petróelo, carbón o gas, a pesar de saber que es lo que está causando el problema.

Tal vez este verano tórrido haya hecho reflexionar a algunos, pero en cuanto se suavicen las temperaturas volveremos a la indiferencia.

En este contexto la sentencia de un juzgado danés conocida el martes por la que Dinamarca deberá indemnizarnos por las semanas de cárcel que pasamos tras aquella acción debe ser también motivo de reflexión. Si la COP15 supuso el final de la política internacional contra el cambio climático, espero que esta sirva para el despertar del activismo, y de la acción pacífica como herramienta de lucha política y social.

No lo olvidemos: para que Copenhague fracasara se diseñó un modelo de represión contra la sociedad civil como nunca antes se había visto en una reunión internacional: miles de ecologistas detenidos, una prisión especial para retener gente a centenares, un estado de excepción en todo el país ideado contra los "peligrosos activistas del clima", teléfonos de responsables de ONG intervenidos, incluso un ala de la prisión de alta seguridad de Copenhague que llamaban "la cárcel del clima"...

La Justicia ha ido desmontando una por una esas acciones represivas de aquel Gobierno conservador. La persistencia de algunos activistas ha sido la clave para ello, pero los resultados nos han animado a continuar. Ojalá esta sentencia sirva para volver a animar un activismo que ahora mismo se ha convertido en imprescindible, porque la sociedad necesita retomar la iniciativa y forzar cambios profundos que nos permitan seguir viviendo en este mundo.

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