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05/09/2012 23:47 CEST | Actualizado 05/11/2012 11:12 CET

Michelle y Castro suben la temperatura

El discurso de Michelle Obama de anoche aportó toda la carga emocional que el momento exigía. Un discurso lleno de anécdotas íntimas y de sentimiento. ¿Sentimentaloide? Quizás, pero creíble, sólido y sin duda necesario. Los delegados salieron emocionados, motivados, y a mil.

Era evidente que había que aprovechar la primera oportunidad para subir la temperatura de la convención, hoy miércoles ya en su ecuador, para preparar el fundamental discurso de Obama del jueves. Y así sucedió anoche gracias a Michelle Obama acompañada de dos grandes teloneros, el ya consagrado gobernador de Massachusetts Dewal Patrick, que ya en 2008 sonó como compañero de candidatura de Obama antes de elegir a John Biden, y la estrella ascendente de la convención, el alcalde de San Antonio Julian Castro. Castro pronunció el "key note speech", el mismo que consagró a Barack Obama en la convención de 2004 que proclamó candidato a John Kerry.

Dos afroamericanos y un hispano con profundas raíces indígenas para una sesión inaugural en la que nadie desafinó, muy bien también Rahm Emanuel -viejo amigo del PSOE-, que demostró dos cosas con claridad. La primera, los demócratas son el partido que más se parece a los EE UU. La segunda, que tienen argumentos de sobra para defender la gestión del presidente Obama en sus ya casi 4 años en la Casa Blanca y que cuentan con un proyecto de cohesión, convivencia en la diversidad y futuro con unas líneas claramente definidas. Nadie duda ni oculta los graves problemas que existen, la cuestión es convencer a ese 10% de ciudadanos que irán a votar, y que todavía no ha decidido a quien, que la ruta demócrata es más fiable que el volantazo integrista republicano. Hoy, un veterano miembro del gabinete de Bill Clinton me contaba que quizás se ha notado que, al contrario que Clinton, que llegó a la Casa Blanca bien curtido en las artes del poder ejecutivo tras sus muchos años como gobernador de Arkansas, a Obama le ha costado un poco encontrar la fórmula para exprimir al máximo el inmenso poder ejecutivo que ostenta el presidente de los EE UU y maximizar todo el potencial de los diferentes departamentos de la administración federal.

El discurso de Michelle Obama de anoche aportó toda la carga emocional que el momento exigía. Un discurso, eso sí, inconcebible desde una perspectiva europea. Un discurso lleno de anécdotas íntimas y de sentimiento dirigido al gran público que necesita una historia americana de éxito, la de la Michelle hija de un modesto trabajador empeñado en enviar a sus hijos a la universidad, la de la Michelle novia de un Barack idealista dueño de un viejo coche oxidado y que sólo tenía un par de zapatos buenos pero que no eran de su número, la de unos padres normales que no querían que la Casa Blanca se les subiera a sus hijas a la cabeza. ¿Sentimentaloide? ¿Propio de la prensa o tertulias del corazón? Quizás, pero creíble, sólido y sin duda necesario. Los delegados salieron emocionados, motivados, y a mil.

Romney ha salido de Tampa mucho menos impulso del esperado. Su convención no ha calado en un país que aunque ha perdido la ilusión de 2008 por el cambio, sin embargo, sigue creyendo más en la familia demócrata y en el humanísimo Barack que en el club republicano y su rígido presidente Mitt. Pero ojo, Romney puede ganar. Si esta noche Bill Clinton, para mi el mas grande orador al que he tenido la suerte de escuchar nunca, hace sus deberes y explica como solo él es capaz de hacerlo que Obama significa un mejor futuro para todos, entonces la inercia de Charlotte superará con claridad el languideciente impulso que Romney obtuvo en Tampa. Clinton, con todo, competirá con el fútbol en la única hora de "prime time" de la convención que emiten todas las cadenas de informativos, y es que estamos en plena temporada, nada menos que los Giants contra Dallas, sin duda otra gran batalla.