20/08/2013 12:08 CEST | Actualizado 07/09/2014 23:08 CEST

'El Llanero Solitario', un justiciero para el siglo XXI

Si quieren soñar durante un par de horas con un personaje que sacie su sed de justicia, no se me ocurre mejor elección que la de este pistolero nacido cuando la Gran depresión amenazaba con horadar los cimientos del "gran sueño americano", y que regresa cuando otra crisis cuestiona la viabilidad del "gran sueño europeo".

Con frecuencia, el cine mira el mundo a través de unas gafas de cristales rosa y cree, con razón, que millones de personas quieren verlo del mismo modo. También cree que la bondad y la virtud, incluso en las personas menos osadas, puede triunfar al final sobre obstáculos insuperables, y muchas de sus películas más famosas son celebraciones del hombre común transformado en héroe por mor de las circunstancias, una figura idealizada pero enormemente agradable. Por supuesto, no suele ser verdad que los malvados se arrepientan y confiesen sus pecados, ni que los criminales acaben con sus huesos en la cárcel, pero a los espectadores les suele reconfortar que el bien triunfe sobre el mal. Y más aún cuando se viven momentos de creciente tensión mundial, con la humanidad enredada en una espiral destructiva que alimenta los peores presagios. Políticos corruptos, banqueros sedientos de sangre, terroristas inmisericordes... son los protagonistas, día sí, día también, de la actualidad informativa. Es en este escenario donde el cine puede convertirse en un bálsamo de incalculable valor.

Porque al cine se puede ir por muchos motivos: a divertirse, a llorar, a reír, a pasar miedo, a reflexionar, a enamorarse... Todos son igualmente válidos, y hay un catálogo infinito de películas que te ofrecen cada una de estas posibilidades, y muchas otras más, con lo que uno puede elegir de antemano la opción más adecuada para su estado de ánimo. El mío, desde hace tiempo, encuentra su bálsamo en el género más amado por los norteamericanos: el western. Y más concretamente en la figura del pistolero justiciero, esa raza de hombres que saben que su sacrificio es inevitable y hacen de ello un acto desinteresado. Es cierto que no siempre son hombres buenos, pero a la hora de la verdad, cuando tienen la oportunidad de hacer lo correcto, lo llevan a cabo. Sus vidas quedan redimidas, sus almas salvadas. Eso es todo lo que uno piensa que se puede pedir.

Uno de esos hombres es el El Llanero Solitario, un pistolero absolutamente irresistible, valiente, caballeroso e infatigable, que rige su destino por un credo irrenunciable: jamás se quita su máscara, siempre habla de manera correcta, nunca mata a sus víctimas (¡Batman robó este truco!), no fuma ni bebe y, por si fuera poco, es un perfecto caballero con las damas. Su marca distintiva es una bala de plata y, generalmente, se enfrenta a malos norteamericanos para evitar las críticas de los grupos minoritarios.

Nació en un momento ciertamente propicio para los héroes de una pieza, el 30 de enero de 1933, en plena Gran Depresión. Lo pario un tal George W. Trendle en una emisora de Detroit. Y cuentan las crónicas que el programa enamoró a un público numeroso; de hecho, no se despidió de la audiencia hasta mayo de 1956, registrando la asombrosa cifra de 2.596 episodios. Pero fue en la pequeña pantalla donde el personaje se convirtió en leyenda. El 15 de septiembre de 1949 se estrenó el primero de los 221 episodios de El Llanero solitario (The Lone Ranger), con Clayton Moore en la piel del justiciero enmascarado. El éxito de la serie, que permaneció en antena hasta el 6 de junio de 1957, fue abrumador.

No acaban aquí todas las incursiones de la criatura surgida de la febril imaginación de George W. Trendle en medios visuales o escritos. Novelas, cómics, películas, discos, series de dibujos animados y un videojuego han perpetuado la estela del inmortal personaje hasta la entrada en escena de Johnny Depp y el equipo de Piratas del Caribe, responsables de El Llanero Solitario del siglo XXI. Dirigida a ritmo saltarín por Gore Verbinski, y con Armie Hammer pertrechado tras el mítico sombrero blanco (Depp se ha reservado el rol de Toro), esta versión de la Disney es una superproducción destinada a devolver al western el sentido del gran espectáculo y de la épica. Tiene el aroma de la fórmula taquillera y mezcla sin esfuerzo emoción, aventura y parodia para producir un entretenimiento que no necesita más explicación que su propio impacto visual y que realmente es, por una vez, apropiado para "niños de todas las edades". Ya saben, si quieren soñar durante un par de horas con un personaje que sacie su sed de justicia, no se me ocurre mejor elección que la de este pistolero nacido hace ochenta años, cuando la Gran depresión amenazaba con horadar los cimientos del "gran sueño americano", y que regresa a las pantallas cuando otra crisis, no menos terrible, ha puesto en cuestión la viabilidad del "gran sueño europeo". "¡Arre, Plata, adelante!".