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22/06/2014 09:53 CEST | Actualizado 21/08/2014 11:12 CEST

Aquella vez en que una foto de mi hija se hizo viral

Si buscas en Google mood swing, la primera imagen que aparece es la de mi hija. Está montada en un columpio y su cara hace una mueca enfurruñada. La mayoría de los millones de personas de todo el mundo que han visto la foto piensan sin embargo que está cabreada de verdad.

Si buscas en Google mood swing [es un juego de palabras; la expresión en español quiere decir cambio de humor, pero swing en inglés también significa columpio], la primera imagen que aparece es la de mi hija. Está montada en un columpio y su cara hace una mueca enfurruñada. Está actuando ante la cámara. Es la personificación del enfado. La mayoría de los millones de personas de todo el mundo que han visto la foto piensan sin embargo que está cabreada de verdad, y me imagino que esto hace que les guste más la imagen, y que quieran compartirla aún más, y así nuestra hija continúa vagando por Internet en un ciclo repetitivo que sigue y sigue.

Estábamos de viaje de fin de semana con nuestros hijos de dos y cinco años. Habíamos alquilado una casa de aspecto aburrido y con olor a moho en la playa en Rhode Island y, para nuestra desgracia, no había Wi-Fi. Mi marido y yo pretendíamos trabajar en las vacaciones. Yo esperaba ansiosa las últimas modificaciones de mi novela, Cutting Teeth, y descubrí que si me llevaba el portátil hasta la salida de la casa y lo movía, me llegaba algo de conexión a internet de los vecinos. Así que ahí estaba yo, con mi ordenador en el aire, cuando vi que alguien había colgado algo en mi página de Facebook. Era una foto de mi hija de dos años en un columpio. "¿No es esta tu hija?", me preguntaba un amigo. Claro que es ella, pensé. Mi marido había hecho esa foto hacía un par de semanas y ambos la habíamos compartido en Facebook. La foto había sido un éxito, y había conseguido muchísimos likes y comentarios sobre lo adorable que es nuestra hija, algo que me puso de buen humor aquel día (y que me avergüenza admitir). No obstante, cuando me puse a examinar la imagen, descubrí las palabras en grande: "MOOD SWING". Resulta que mi amigo había encontrado la foto en una web de memes.

No tenía ni idea de lo que me estaba hablando, así que busqué en Google "meme". Según el diccionario Merriam-Webster, un meme es "una idea, comportamiento, estilo o costumbre que se transmite de una persona a otra dentro de una cultura". Así que me dirigí a la página de memes Cheezburger.com en la que mi amigo había encontrado la foto. Obviamente, allí estaba. Escribí un email a los propietarios del sitio pidiéndoles que retiraran la foto. Problema resuelto, pensé.

Cuando volví a la casa de la playa, comenté lo de la foto a mi marido, y nos estuvimos riendo un rato. Además, acordamos que haríamos una redada entre los amigos de Facebook para eliminar a los que no conociéramos de verdad. No teníamos ni idea de que la foto ya había llegado a Reddit, y que estaba a punto de alcanzar la cima de la lista de memes más populares. Varios millones de personas habían visto la foto y habían compartido el mohín de nuestra hija.

Ese mismo día, algunos amigos ya empezaron a colgar en mi muro diferentes enlaces a la imagen de MOOD SWING. Cada 20 minutos me iba al rinconcito donde pillaba algo de WiFi para ver si alguien me había puesto algo nuevo, y cada vez había más visitas por parte de amigos de Facebook a la imagen de mi hija. Estaban indignados. Mi marido y yo empezamos a preocuparnos, pero nuestros amigos, sobre todo los que también tenían niños pequeños y a los que, por cierto, les había encantado la adorable personalidad online de nuestra hija desde que nació, estaban muy ofendidos por lo que ellos consideraban una violación de nuestra privacidad, aparte de por la sensación odiosa de pensar que algún desconocido había tomado posesión de nuestro bebé. Si mis amigos estaban tensos, yo también debería estarlo, me dije a mí misma, sintiéndome a la vez avergonzada por estar tan tranquila. ¿Cómo ha podido alguien robarnos de esta manera? ¡Qué caradura!

Varios amigos se habían ofrecido a llamar a la web de memes en mi nombre para exigir que retiraran la imagen. Yo estaba de acuerdo, aunque ya estaba empezando a dudar si se podría hacer teniendo en cuenta que cada hora aumentaba la popularidad de la imagen. Pero no quería parecer una mala madre, alguien que no se preocupaba por que su hija estuviera en primera plana en todas las páginas de Internet, así que les di mi bendición.

En las siguientes 24 horas, seguí viendo la imagen de mi hija en el muro de Facebook, publicada por páginas de revistas para padres, por blogs y webs de memes, e incluso la compartían amigos que no sabían que la del columpio era mi hija. La desaprobación de nuestros amigos, más la propagación de la cara de nuestra hija, más el misterio del ladrón de la foto, comenzaron a crear una tormenta a nuestro alrededor hasta que la foto se convirtió en el único tema del que hablábamos. La foto. Había arruinado nuestras vacaciones. Los niños pasaban demasiado tiempo frente a la tele, mientras que mi marido y yo hacíamos turnos en el portátil a la salida de la casa e incluso en el único Starbucks de la zona para usar el WiFi. El hecho de que estuviéramos lejos de casa, lejos de nuestra conexión a Internet de confianza, me hacía sentir que tenía aún menos control sobre la situación. Me culpaba a mí misma. Debería haberme informado mejor. Sabía que la privacidad online no existía, y que cada vez que subía una foto de los niños yo era responsable de las consecuencias. Con todo, usaba mi furia como escudo, desviando mi culpa y centrándome en lo que una de las madres indignadas había definido como "una invasión a tu valiosa y preciada familia".

Mi marido puso un mensaje en su página de Facebook pidiendo que el culpable o la culpable diera un paso al frente. Explicó que solo queríamos saber el origen del post inicial. Dónde estaba el foco del incendio, por llamarlo de alguna manera. Al día siguiente, un compañero de trabajo de mi marido de veinte y pocos le escribió un email y reconoció avergonzado que era él quien había subido la foto a Reddit. Aseguró que solo lo había hecho para ganarse puntos en Reddit. Había añadido sobre la foto lo de "MOOD SWING" después de que otro amigo de mi marido pusiera esa broma ingeniosa en los comentarios de la foto original. En su correo electrónico también incluyó el link a Reddit y prometió que haría todo lo posible por que eliminaran la foto. Luego descubrimos que se trataba de una promesa imposible de cumplir.

Era mi primera visita a Reddit. Supongo que si hubiera nacido al menos media década después, habría experimentado la explosión de memes que a día de hoy forma parte del humor cotidiano. Al principio me resultó difícil comprender el revoltijo de posts, subposts y comentarios que conformaban la página principal de Reddit. La foto de mi hija estaba en lo más alto; había recibido cientos de miles de puntos, y cientos de comentarios. Muchos eran inofensivos, la mayoría eran risas y observaciones del tipo: "Esta niña se levantó y dijo 'No me puedes obligar a divertirme'". Pero también había otros como "¡Qué zorra!" y un debate de unos 40 comentarios sobre si mi hija era un chico o una chica, incluso analizando los pantalones cortos que llevaba. No había ninguna información sobre su nombre, ni sobre el origen de la foto, pero al ver a tantos extraños haciendo comentarios sobre mi hija, llamándola "fea" y "mala", sentí (yo, que en situación normal ya soy una madre con ansiedad) que el peligro podía estar acechándonos a la vuelta de cualquier esquina.

Nuestros esfuerzos por borrar la foto fueron en vano. Lo único que puedo deciros es que seguirá en Internet de por vida. Después de una semana más o menos intercambiando mails con varias webs de memes, con páginas de revistas para padres y con Reddit, nos rendimos a la inevitabilidad de Internet. Sorprendentemente, una vez que acepté que la foto estaba fuera de mi control, me sentí mejor. Ahora, casi dos años más tarde, con la seguridad del tiempo transcurrido, incluso siento un poco de orgullo cuando busco en mi teléfono "mood swing" y veo una foto graciosa y adorable de mi hija. Se convirtió en una gran historia digna de contar.

¿Te he contado lo de que una foto de mi hija se hizo viral? Un año después de que la foto se compartiera por primera vez, cuando Honest Toddler, la cuenta de Twitter que gracias a su popularidad ganó un gran contrato para publicar un libro y que además es una de mis webs para padres favorita, posteó el meme de nuestra hija, llamé a mi marido con cierto regocijo para contarle la noticia.

La foto sigue apareciendo en mis últimas noticias de Facebook, y mi marido se la encontró hace poco a tamaño póster en la mesa de una de sus compañeras de trabajo. No tenía ni idea de que era nuestra hija, así que se disculpó y prometió que la quitaría. Mi marido se rió y le dijo que no se preocupara.

¿He aprendido algo de la experiencia? Si he aprendido algo, no se refleja en mis posts diarios en las redes sociales. Hay fotos de mis hijos y anécdotas graciosas de nuestro día a día. Hubo unas semanas en las que preferí utilizar sus iniciales en lugar de sus nombres completos; un intento de conseguir privacidad parcial. Luego me di cuenta de que cualquiera, en cualquier lugar, podría buscar y encontrar todo lo que se puede saber sobre mi familia. Me gustaría ser uno de esos progenitores que se han comprometido a no subir fotos de sus hijos (y lo cumplen) para que ningún degenerado pueda acceder a ellos, pero quizás es un poco tarde para mí. ¿Cómo podría borrar todo lo que ya he (sobre)compartido?

Aunque he conseguido hacerme a la idea de ser padres online, con memes incluidos, todavía me recrimino el hecho de saber que cuando posteo una foto de mi hija en Facebook, tendrá tres veces más me gusta que el resto de posts con los enlaces a los artículos o ensayos que publico. Cuando conozco a gente nueva, una de las primeras cosas que me dicen es: "¡Tú eres la madre de esos niños tan adorables de Instagram!" Como si mis hijos en realidad llevaran una vida virtual. Lo cual tiene algo de verdad. ¿Acaso no estoy creando para ellos un pequeño y dulce hogar en Internet? Un mundo de fotos perfectas lleno de sonrisas y expresiones tontas e imágenes que narran aventuras alegres... Un escenario de ensueño fabricado con la ayuda de los filtros de Instagram. El mundo online ofrece a los padres innumerables opciones para poder crear un cuento con nuestros hijos, y con nosotros mismos como padres, siendo esta la promesa de una identidad parental aparentemente perfecta a la que no puedo resistirme.

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Ya está publicada la novela de Julia Fierro, Cutting Teeth, sobre la complicada (y a menudo cómica) experiencia actual de ser padres. En Internet, podréis encontrar a Julia en juliafierro.com y en Twitter @juliafierro.

Traducción de Marina Velasco Serrano

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