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19/01/2018 07:30 CET | Actualizado 19/01/2018 07:30 CET

El teatro ha muerto: ¡viva el teatro!

David Ruiz

A finales de 2037, el teatro estaba, como el resto de las artes, prohibido por las autoridades de ciudadtierra, el único gobierno legítimo del planeta. El detective Noir se encuentra con el cadaver del Teatro colgado de una soga en un teatríbulo y tiene que descubrir al asesino.

A finales de 2017, los chicos de Ron Lalá estaban en un punto crucial de su carrera. Tras una serie de éxtios rotundos y de triunfar a lo grande con su magnífico musical, Cervantina (Premio Max al mejor musical), los ronlaleros comenzaban a tener una gran repercursión con sus proyectos individuales. Álvaro Tato, el filólogo de guardia, seguía con sus magníficas adaptaciones de clásicos para la CNTC y con sus Comedia multimedia (2016) y Ojos de agua (2014), ambas dirigidas por su compañero Yayo Cáceres; Íñigo Echevarría, Miguel Magdalena, Daniel Rohalver... todos seguían con una carrera estelar, el teatro (¿su teatro?) corría peligro de desintegración. Afortunadamente, Crimen y telón nos confirma que el teatro está muy vivo y que el proyecto ronlalero sigue activo y deslumbrante.

Crimen y telón es una pieza que rezuma teatro por los poros y homenajea las corrientes metaliterarias contemporáneas deudoras de un Ionesco o un Brecht. La cuarta pared es asaltada constantemente a lo largo de la obra: el público es identificado como tal, se señalan casi todos los elementos escénicos y teatrales (proscenio, peine, etc) y se da voz, en un cierre metateatral genial, a los técnicos de sonido, luz, al director y al regidor.

Asimismo, la obra tiene un elemento educativo. En el proceso de descubrimiento del "asesino" del teatro el detective Noir y el teniente Blanco de la agencia Anti Arte pasan por cuatro periodos de especial relevancia para la historia del arte: su nacimiento, el teatro grecorromano, el clásico (en Inglaterra, Francia y España) y el contemporáneo. La división tiene, además, trascendencia dramática, tras el periodo clásico se rompe la pareja formada por el teatro y la poesía (se abandona el teatro en verso) por lo que el detective Noir adquiere una pista para resolver el crimen.

David Ruiz

Las figuras fundamentales (Teatro, el detective Noir, el teniente Blanco, Tragedio y Comedio) se encuentran bien delineadas y caracterizadas. El teniente y el detective tiene, cada uno, un traje que remite a su esencia como signo. Noir, un detective que parodia y homenajea (como toda la obra), la novela negra, va vestido de negro a lo Sam Spade. Blanco, el teniente interpretado por Íñigo Echevarría, lleva un abrigo largo blanco que recuerda y refuerza su elegante asepsia. El personaje de Teatro es quizá el más elaborado: y tiene caracterización (traje rojo y máscara), kinesia y gestualidad derivadas del Pantalón de la commedia dell´arte lo que permite su identificación con uno de los personajes cómicos más interesantes del único teatro clásico que faltaba: el italiano.

Recomendable para niños, padres, abuelos, gatos y perros, a los que les gusta el teatro, a los que no, a los quieren que el arte les divierta, a los que quieren que les instruya, y a todo el que quiera ver una pieza de humor inteligente sin la más mínima pizca de pretensión.

Como suele ser usual en el caso de los ronlaleros, la pieza está salpicada de música y piezas bailables. Son artistas polivalentes que buscan hacer un teatro divertido, cercano y con guiños a sus muchos seguidores. Se trata de una pieza lúdica que nos devuelve elementos de una fascinación casi infantil por la magia del teatro.

Un juguete (en el mejor sentido de la palabra) recomendable para niños, padres, abuelos, gatos y perros, a los que les gusta el teatro, a los que no, a los quieren que el arte les divierta, a los que quieren que les instruya, y a todo el que quiera ver una pieza de humor inteligente sin la más mínima pizca de pretensión.

David Ruiz

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