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27/10/2018 08:45 CEST | Actualizado 27/10/2018 08:45 CEST

L@s niñ@s andaluces, ¿tumba del PP?

EFE
La exministra Isabel García Tejerina.

Una exministra tan anónima como anodina, aunque eso si excepcionalmente situada por las puertas giratorias, tuvo un brote parapsicofónico salpimentado con delirios alielígenas. La señora Tejerina declaró en un medio de comunicación que las criaturas andaluzas estaban peor educadas y disponían de menos conocimientos que las de otros territorios. Manos mal que no dijo las catalanas. Porque ya tenemos liada otra guerra púnica. Tejerina pertenece al PP y este partido está en campaña en Andalucía. Por lo que el festín para la audiencia atrapada en la magia del espectáculo está servido. Las cosas ahora, en la sociedad de la exhibición teatral, funcionan así. La ciudadanía está ya vampirizada y colocada en posición de canibalismo y degusta todo lo que le echen. La señora exministra dice una barbaridad de cadena perpetua, esa que su partido adora, la oposición salta la comba en el patio del recreo donde cuecen a fuego lento las maldades construidas a su medida. Golosinas que degustan en este nuevo orden del fast food.

Y la parte satisfecha de la audiencia, hipnotizada en la frontera del nihilismo, soporta la nada con gran naturalidad. Esperan con voracidad a ver quién la dice más gorda y quién la tiene más grande. Y desde ese pabellón de la notoriedad comienza el pugilato de las respuestas vanas, absurdas y vacías. La primera actriz en dar su derecho de réplica fue una Susana Diaz, encantada y feliz por el regalo de Tejerina. Ya tenía media campaña echa. Sabe que su público cabalga entre la envidia y la admiración, entre la degustación y la antropofagia. Campo abonado para las más insondables patologías. Segundo acto del libreto: la primma dona se lanza al escenario para su número glorioso de claqué. Verbigracia el querubín de querubines, Casado. Travestido de la gracia divina que le infiere vía intravenosa su gran timonel, un Aznar recién salido de su naftalínico armario en olor de nubes de algodón y pompas de jabón. El lechoncito intenta apuntar por la escuadra para defender a su ranita inoculando veneno a ese partido "golpista". Santo y seña del viejo partido de Fraga que a base de latiguillos carentes de contenido se forja un protagonismo que, descubre en su propia carne esa fama como un peligroso cuchillo de doble filo. Hoy te aplauden envuelto en banderolas y faroles nacional-socialistas y mañana te dejan en último lugar en las encuestas del CIS.

¿Podría ser Andalucía y sus retoñ@s mal educado@s el féretro del PP renovado, aznarista, franquista?

Admiración y destrucción van unidas en esa extraña relación que mantienen el famoso y el anónimo. El temor que la celebridad política siente por su querida masa de votantes es de tal intensidad que puede llegar a no diferenciar lo real de lo ficticio. Los supermodelos, como su propio nombre indica, son figuras hiperbólicas en un barroco mundo de exageraciones que se autoalimentan. Para cumplir su función ejemplar en el lugar de lo admirable. Castillos de naipes que se desmoronan ante cualquier imprevista voltereta política. Es entones cuando estos especímenes ebrios de ardor guerrero pierden el norte y necesitan de nuevas e internas encuestas que les devuelvan el favor de sus militantes. El deseo del éxito y la ambición individual es lo que hoy lleva a muchos de estos prepotentes individuos a caer en el diván, para ensayar el difícil arte de la pérdida de la vergüenza en un refugio con coartada sanitaria.

Los medios les condenan al ostracismo y la muerte política se cierne sin tiempo a resucitar el voto por la eutanasia que anteriormente habían rechazado. ¿Podría ser Andalucía y sus retoñ@s mal educado@s el féretro del PP renovado, aznarista, franquista y aupado por las baronías autárquicas de sus nuevos lobeznos?

El tiempo, las encuestas y los devenires nos lo irán diciendo.

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