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12/12/2018 07:05 CET | Actualizado 12/12/2018 07:05 CET

Vamos a copiar lo de Armenia

Juan Medina / Reuters
Imagen de archivo de un grupo de inmigrantes que toman chocolate caliente tras ser rescatados después de que naufragase su patera frente a costas españolas.

Un extraño y misterioso suceso que lleva ocurriendo en Holanda desde hace meses ha llamado mi atención. Ante el peligro inminente de que una familia de inmigrantes armenios fuera devuelta a su país, una iglesia de Holanda les ofreció refugio, y como la ley del país del tulipán contempla que la policía no puede entrar en un recinto religioso mientras haya oficio, dicha familia sigue bajo techo sagrado, en un lugar en el que seguro que se celebran misas ininterrumpidamente. En este caso las autoridades eclesiásticas se han decantado por la protección a unas personas en situación frágil, vulnerable y con la realidad de que si regresan a su país corren peligro de muerte. Claro, claro, clarísimo. La para mí degenerada e insolidaria Europa, que ha convertido el Mediterráneo en un sarcófago colectivo de fantasmas sin nombres, es un ectoplasma a la deriva. Cuyos valores continentales y territoriales que nos legaron los clásicos, griegos y romanos, y recogieron sabias personas estadistas de verdad en los últimos siglos, han desaparecido.

En su lugar, trapos de diferentes coloraínas de los que se dice representan a muchos países de esta momia putrefacta con espíritu de revancha, aparta a las personas que considera apestadas por el solo hecho de pedir refugio en cualquier país y su correspondiente retal. Verbigracia el nuestro. En el que me voy a detener. Según yo, tiene distintos paños en sus muy diferentes terrenos. Por ejemplo Valencia, con su señera, está en su mayoría política el deseo y el derecho de amparar a estas personas que vagan sin destino. Catalunya con su estelada, ídem. El País Vasco con su ikurriña, también. Y algunos otros, Aragón, Cantabria, Teruel, Andalucía, Les Illes, Galicia... Bajo sus velámenes hay cientos de familias dispuestas a las acogidas fraternales y solidarias. Ah, pero el trapo 'grande y uno', lo impide. Me queda la Iglesia, que lo tiene amarillo y blanco, pertenece a Roma y no paga impuestos. Un chollazo.

¿Por qué los obispos, ya que no hay obispas, curas y demás escalafones y variantes no se plantan en los puntos calientes, adoptan a las famélicas legiones que arriban cada día a nuestras costas y se meten en vena misas ininterrumpidas para que el trapo 'grande y uno' no devuelva a estas personas, como tú, como yo, como mi prima Susana, mi primo Sánchez, mi cuñado Iglesias y mi yerno Alberto Garzón, a países como Marruecos donde los torturan, violan, venden y consideran bultos sin nombre? Una idea gratuita que brindo a todos los pingos estatales, incluido 'el Uno'.

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