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28/05/2018 07:31 CEST | Actualizado 28/05/2018 07:31 CEST

El deporte y yo no conectamos... pero quizá he encontrado el modo de reconciliarnos

Lifemoment via Getty Images

Creo que es hora de que os hable de mi relación con el deporte. Estoy convencida de que no soy la única que vive esta situación y que muchas personas se identificarán con este artículo. Así que allá voy.

El deporte es mi fobia. Fin del artículo.

Que no, que voy a esforzarme por desarrollar un poco la idea... siempre, siempre, siempre lo he detestado. Mi cuerpo no está hecho para el esfuerzo. Mi cuerpo está hecho para un montón de cosas, pero no para esto.

Por desgracia, estoy a dieta... y aunque me he visto tentada de evitar el ejercicio, he constatado que esto acelera un poco las cosas. ¡Pero a qué precio!

Tengo amigos superdeportistas, que les gusta de verdad, que incluso lo necesitan.

Al principio me costaba creerles, estaba segura de que se autoconvencían. Pero no, les gusta el deporte, es real. No me lo imagino... el deporte, para mí, es:

  • Transpirar
  • Arruinar tu peinado
  • Sentir dolor por todas partes
  • Tener calor
  • Tener más agujetas que después de una gripe
  • Tener la sensación de que se para el tiempo. Por dios, parece interminaaaable
  • Ser incapaz de concentrarse en otra cosa que no sea la dificultad del movimiento (para mí es imposible ver una serie mientras tanto)
  • Sentir picor en el culo y las piernas (decidme que no soy la única que no deja de rascarse después de una sesión)
  • Ponerse roja como un tomate
  • Sentir que la vida se te va por el cuerpo

Y me quedo corta...

He conseguido aguantar durante períodos cortos, he resistido, me he martirizado, pero siempre termina igual: sufro de forma atroz, empiezo a acostumbrarme, siento que el esfuerzo es un poquito menos duro cada vez, y luego... me salto una clase, y a la mierda. Si me pierdo una sesión, sé que no iré a la próxima hasta dentro de dos o tres meses (o más), cuando algo me vuelva a hacer clic en la cabeza.

Es una pena, porque me doy cuenta de que cuando hago deporte durante un mes, mi cuerpo empieza a cambiar ligeramente... ¡lo veo! Pero es superior a mí y no consigo aguantar. He caminado, he ido al gimnasio, he seguido programas de deporte en casa, bicicleta elíptica, incluso iba a correr cuando vivía en París. Da igual el deporte, me bloqueo.

Lo único que ha evolucionado en los últimos años es que, por fin, me he percatado de que el deporte servía para algo y que TAMBIÉN funcionaba en mí... antes estaba en la negación total, ja, ja ja.

Sé que voy a tener que obligarme, cada día, en cada sesión. No estoy segura de convertirme en esa persona adicta al deporte, temo tener que flagelarme todos los días, pero mientras mi bicicleta elíptica siga en el pasillo y yo pase por delante 20 veces al día, eso quiere decir que no hay nada perdido. No me gusta, pero no quiero rendirme.

¿Y si probamos algo? ¿Un movimiento de masas de todos los que reniegan del deporte? ¿Y si creáramos un hashtag vetado a los pros del deporte y reservado a los que lloran mientras pedalean, a los que rozan la asfixia mientras caminan? Un hashtag que reúna todas nuestras laboriosas sesiones deportivas y que nos permita inundar de ánimos y felicitaciones a quienes publiquen las fotos de su sesión.

Yo creo que la unión hace la fuerza y tengo ganas de intentarlo. Os propongo el hashtag#teamleblogdelaura y os invito a uniros a mi equipo. Vamos a motivarnos las unas a las otras. Así me obligaré a salir de mi zona de confort (y vosotras también, si queréis).

Si alguna publica su sesión de deporte y es tan duro para ella como para mí, ¿por qué no voy a seguirla?

Si os suda el bigote después de 10 minutos de bici, si la palabra "deporte" os da urticaria, si rozáis la asfixia después de dos minutos de caminata... creo que ya formáis parte del #teamleblogdelaura.

¿Hacemos balance en unas semanas?

Este post se publicó originalmente en Le Blog de Laura.

Laura Cornaire

Este artículo fue publicado anteriormente en el 'HuffPost' Francia y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano

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