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07/03/2018 22:33 CET | Actualizado 07/03/2018 22:33 CET

¿Ni machista ni feminista?

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Soy una mujer con suerte. Suerte por no haber nacido en uno de tantos países en los que tan solo mi genero me hubiera condenado a cosas como un matrimonio pactado siendo menor de edad, la imposibilidad de educarme o trabajar, o a vivir siempre bajo la tutela de un padre o un marido.

Aun habiendo nacido en un mundo en el que no ocurren esas cosas, sigo teniendo suerte por haber nacido en una familia en la que he visto a mi madre y a mi padre compartir las tareas de la casa, mi cuidado y el de mi hermana. Esto ha hecho que nunca me planteara siquiera que la tarea de la casa y la crianza eran 'cosas de mujeres'.

Lo llamo conscientemente 'suerte' porque sé que todo esto es mucho más de lo que pueden decir la mayoría de las mujeres del mundo y porque en parte se lo debo al azar de donde he nacido y al entorno

Seguí teniendo suerte por no haber perdido mi trabajo en ninguno de mis dos embarazos y bajas de maternidad; de tener una pareja que entiende que cuando se ocupa de nuestras hijas y de la casa no me esta ayudando, sino simplemente haciendo la parte que le corresponde. Suerte, porque trabajo en una empresa de tecnología donde la directora general en España y la persona que ostenta el cargo de mayor responsabilidad mundial en la organización a la que pertenezco, son mujeres. En ambos casos, hace muchos años y con muchos éxitos a sus espaldas y, demostrado, junto con otras directivas a mí alrededor, que están ahí por méritos propios y que podemos dirigir equipos y trabajo con igual eficacia que cualquier hombre, incluso en un sector típicamente masculino.

Suerte, porque he trabajado muchos años rodeada principalmente de hombres, algunos jefes y otros parte de mi equipo, y no me he sentido cuestionada por ser mujer. Suerte, porque cobro lo mismo que lo hombres que ostentan el mismo cargo que yo en mi empresa.

Suerte también porque, no me han violado, ni acosado gravemente, ni ninguna de las parejas que he tenido en mi vida me ha pegado ni insultado, ni ha intentado coartar mi libertad.

Y lo llamo conscientemente 'suerte', porque sé que todo esto es mucho más de lo que pueden decir la mayoría de las mujeres del mundo y porque en parte, le debo al azar de donde he nacido y al entorno que me he ido encontrando que las cosas hayan sido así.

Son muchas las que se han enfrentado a la discriminación laboral, salarial, despidos injustos por querer tener hijos, violencia en su propia casa y acoso sexual

Pero sé que no todas las mujeres comparten la misma circunstancia. Son muchas las que se han enfrentado a la discriminación laboral, salarial, despidos injustos por querer tener hijos, violencia en su propia casa y acoso sexual. A algunas de ellas las conozco, son amigas, madres del mismo cole al que van mis hijas, muchas mujeres que me he encontrado a lo largo de los años en diferentes circunstancias. No hace falta ir muy lejos ni escarbar mucho para encontrar ejemplos.

Aun cuando por suerte, no haya sufrido situaciones discriminatorias graves, nadie se libra del cuestionamiento social. Una mujer de mi edad, cerca de los cuarenta, pareciera que nunca 'acierta': si no se ha casado: solterona; si se ha casado y no tiene hijos: egoísta; si tiene hijos y ha seguido con su carrera profesional: mala madre por no cuidar suficientemente de su familia; si ha abandonado su carrera: maruja y dependiente; si se ha divorciado: es que no tiene aguante...

Si es una mujer inteligente que destaca en algún campo, será calificada de 'flipada' o 'listilla', con frases del tipo 'esta tía que se ha creído', y siempre se le preguntará sobre 'lo que ha tenido que renunciar por su éxito' refiriéndose a pareja o hijos.

Por eso soy feminista. Eso no me convierte ni en víctima, ni en una radical, ni en anticapitalista, ni en una subversiva peligrosa, ni en enemiga de los hombres

Si se dedica a su familia, y por muy bien que lo haga, será cubierta por un velo de invisibilidad en el que la mayoría de las veces no será ni agradecida ni pagada.

Si es reivindicativa, será tachada de radical. Si tiene algo que decir y opinar, se le intentará desacreditar sutilmente. Yo misma cuando he publicado en este medio, recibo muchos comentarios que empiezan por un 'mira chata' o 'a ver niña'. Y me cuesta imaginar que a un hombre de mi misma edad que expresa su opinión en un medio, el contesten empezando por un 'mira chato'..

Por eso soy feminista. Eso no me convierte ni en víctima, ni en una radical, ni en anticapitalista, ni en una subversiva peligrosa, ni en enemiga de los hombres, con los que convivo y trabajo cada día sin problema. Simplemente soy feminista porque tengo ojos en la cara y puedo ver las injusticias que persisten en torno a las mujeres, desde las más sutiles, a las más claras y directamente violentas. Simplemente no se pueden obviar.

Por eso no comprendo a aquellas mujeres y hombres que afirman que 'no son machistas ni feministas'. Dado que el feminismo defiende la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, solo veo dos opciones: o estas a favor de esta igualdad o, de lo contrario, esas desigualdades te parecen aceptables y crees que no hay que cambiarlas, y, por tanto, sí que eres machista. Igual que no se puede ser ni racista, ni no-racista a la vez, no entiendo cómo se puedes ser 'ni machista, ni feminista' al mismo tiempo.

Creo que todas las opciones son válidas en la lucha contra la igualdad y que no merece la pena enzarzarse en polémicas sobre el 'cómo' si no que debemos quedarnos con el fondo de la reivindicación

Otra cosa es la manera de encauzar la lucha y la reivindicación por la igualdad, que puede ser muy diversa. Porque ser feminista, no tiene porque adscribirte a un movimiento político en particular. Se puede ser feminista y de izquierdas, o liberal, o independentista o constitucionalista, o ecologista o cualquier otra opción. Basta que con que la igualdad de derechos y la libertad de elección de la mujer te parezca un objetivo y algo que aún no se ha logrado para todas las mujeres.

Unas harán una huelga el día 8, otras, entre las que mi incluyo, hacen continuamente huelgas diarias: huelgas a sentirse culpables porque me guste a la vez tanto ser madre y mi trabajo, huelga a quedarse callada en las muchas reuniones que he estado rodeada de hombres, huelga a criticar las elecciones de vida de otras mujeres para defender el mío propio, huelga a renunciar a mis planes para que un hombre pueda cumplir los suyos. Creo que todas las opciones son válidas en la lucha contra la igualdad y que no merece la pena enzarzarse en polémicas sobre el 'cómo' si no que debemos quedarnos con el fondo de la reivindicación de la igualdad y que cada persona la encauce como quiera y pueda.

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