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10/05/2018 07:30 CEST | Actualizado 10/05/2018 07:30 CEST

MeToo, TimesUp: los movimientos que me enseñaron a alzar la voz

Doug Peters/EMPICS Entertainment

Llevaba tiempo queriendo escribir esto, pero tenía miedo. Me avergüenza decir que tenía miedo, pero así era. Y lo sigo teniendo. Tengo miedo a lo que pueda decir la gente por atraer la atención sobre unos temas que me molestan. Aun así, necesito escribir esto. No sé exactamente qué es esto, pero intentaré explicarlo.

Estaba el año pasado en un club nocturno con mis amigos y noté que una mano me tocaba la parte trasera del muslo. Al principio pensé que era mi novio tomándome el pelo o alguna amiga a punto de pellizcarme el trasero, pero la mano se metió por dentro de mi falda, entre las piernas, y me tocó con firmeza. Cuando me giré, vi que era un tío al que no conocía. Se estaba riendo.

Lo aparté de un empujón y le dije que me quitara "las putas manos de encima". Estaba oscuro y yo estaba aturdida por lo que acababa de pasar. No pude reconocerle la cara bajo la luz estroboscópica y desapareció. Iba un poco bebida y llevaba minifalda. ¿Me merecía lo que me acababa de pasar? Se lo dije al gerente, pero ¿qué podía hacer yo? ¿Y para qué?

Recibí una palmada en el culo cuando tenía 16 años en un club nocturno de Irlanda y mi primo mayor, Clair, que me acompañaba, empujó al tipo contra la pared y le obligó a pedirme disculpas. Me viene ese recuerdo a la mente cada vez que me siento violada de formas similares. Nadie tiene derecho para hacerle eso a nadie. Mi cuerpo. Mi propiedad. Eso lo sé, pero por desgracia he vivido experiencias similares en repetidas ocasiones.

Cuando me fui a vivir a Londres por primera vez, alguien me dio una palmada en el culo antes de montarme en un bus. Me chillaban obscenidades. Cada vez que pasaba sola por delante de un grupo de tíos, se me hacía un nudo en el estómago y agachaba la cabeza, temiendo que me gritaran algo y me hicieran pasar vergüenza. De ningún modo soy una mujer débil. Me considero una persona fuerte. Preguntadle a cualquier persona que me conozca: voy a luchar por aquello en lo que creo y voy a defender siempre mis derechos. Pero a veces siento que tengo que escoger mis batallas y, otras veces, como en el club nocturno, ¿qué sentido tiene?

El corazón me dice que ahora es el momento de hablar de ello, probablemente porque me siento personalmente más fuerte y en una mejor posición. En una escala más amplia, lo cierto es que ya hemos tenido suficiente.

El caso reciente en el que se vieron implicados dos jugadores del Ulster Rugby y una joven genera opiniones divididas y, aunque se nos ha dicho que respetemos la decisión del juez, me temo que el circo mediático y la culpabilización de las mujeres afectadas disuadirá a otras mujeres de alzar la voz cuando hayan sido víctimas de agresión sexual o violación. Lo que de verdad me estremeció fue la cantidad de mujeres que contactaron conmigo a través de las redes sociales para decirme que los mensajes degradantes que se mandaron estos hombres estaban culturalmente aceptados como "chistes entre tíos", que un montón de tíos en esa clase de círculos sociales lo hacen y que así son las cosas.

Aunque se nos ha dicho que respetemos la decisión del juez, me temo que el circo mediático y la culpabilización de las mujeres afectadas disuadirá a otras mujeres de alzar la voz cuando hayan sido víctimas de agresión sexual o violación.

"Lo estaba pidiendo". Este comentario lo he visto por Internet en repetidas ocasiones desde que se publicó el veredicto. Me da náuseas la mentalidad exhibida en este tipo de frases de creerse con derecho sobre la mujer. Este post que estoy escribiendo no va sobre ese proceso judicial. No voy a hablar sobre el fallo del jurado ni sobre ese suceso en concreto. Este no es el lugar para ello. Aquí quiero hablar de algo personal.

Hace unos pocos años, mi buena amiga Sara (este no es su verdadero nombre) me dijo que una noche, borracha, fue violada por una persona que conocía. Alguien con quien yo misma había hablado y socializado. Tenía muchísimas preguntas que hacerle: "¿Por qué me cuentas esto ahora? ¿Qué pasó exactamente? ¿Estás bien?".

La respuesta a esta última pregunta ya la sabía: no estaba bien.

Sara es una de las personas más encantadoras que he conocido. También le gusta salir de fiesta y tomarse una copa o dos. Una noche pilló una buena borrachera y no pudo encontrar las llaves de casa. Un tío que conocía muy bien y que había estado en la misma fiesta que ella le ofreció dormir en su habitación de hotel, así podría ponerse en contacto con la amiga con la que vivía y podría volver a su casa a la mañana siguiente. Recuerda que se sentía angustiada por haber perdido sus pertenencias y que él le dio agua y una pastilla para dormir.

Conocía a ese tío. Estaba borracha, pero se sentía a salvo. Y entonces él intentó besarla. Ella lo apartó de un empujón, pero no recuerda lo que ocurrió después, aunque luego sí le vinieron pequeños flashbacks de esa noche. Cuando se despertó, tenía la mano magullada y estaba desnuda en la cama. Estaba dolorida y sangraba.

Este hombre en cuestión es una persona destacada que trabaja en el mismo ámbito laboral. Y digamos que tenía el poder (y aún lo tiene) de joderle la carrera si le daba la gana. Y eso es algo de lo que ambos eran conscientes. Mi amiga se vistió, se marchó y, aunque trabajan en el mismo sector, desde ese día, él todavía no la ha mirado a los ojos ni ha dado señal de ser consciente de su presencia aun estando en la misma sala.

Le pregunté a Sara: "¿Por qué no fuiste a la Policía?". Me respondió muy pragmática: "Venga ya, ¿quién me iba creer? Además..., es ÉL. No puedo luchar contra él". Le di un abrazo y le dije que la apoyaría siempre al 100%, decidiera lo que decidiese. Algo en mi interior me decía que Sara tenía razón. Si hablaba, sobre todo un año después del suceso, la destrozarían, pondrían su carrera en peligro y exagerarían aún más su imagen de chica fiestera.

Lo único que puedo decir es que yo la creo. Para ella con eso basta.

Si hablaba, sobre todo un año después del suceso, la destrozarían, pondrían su carrera en peligro y exagerarían aún más su imagen de chica fiestera.

Aparte de este terrible suceso y dejando a un lado las acusaciones por violación, lo que más me conmociona es la imagen que se transmite en general de la mujer, todas las humillaciones y degradaciones. En cierto sentido, el movimiento #MeToo no es más que la punta del iceberg.

No estoy comparando mi situación con la de mujeres que han acabado gravemente traumatizadas por un abuso sexual, pero solo puedo hablar de cuanto sé, de mis experiencias personales y de algunas cosas que pueden serles familiares a otras mujeres. Cosas que antes tenía demasiada vergüenza como para denunciar.

Un fotógrafo me hizo varias fotos saliendo del coche junto a mi piso una tarde de verano de hace unos dos años. Llevaba puesto un vestido floral de verano, llevaba a mi perro y varias bolsas de la compra. El artículo (uso este término de forma laxa) que acompañó las fotos se tituló "Casi en bragas".

Durante la siguiente semana, de nuevo estuve viendo un coche y a un fotógrafo frente a mi piso. De hecho, llegué a llamar a la Policía, ya que tengo una vecina anciana y no quería que se preocupara ni que mi fachada apareciera en la portada de algún periódico. No tenía por qué soportar esto ni deberían forzarme a hacerlo. Es bochornoso.

La Policía me dijo que no podía hacer nada al respecto: el fotógrafo era libre de hacerme fotos en espacios públicos y la acera de enfrente de mi casa es una propiedad pública, así que es como si estuviera en una especie de zoo urbano. Le hice una foto al fotógrafo, que había aparcado en una plaza reservada para discapacitados, y lo publiqué en Twitter (eso no le hizo mucha gracia) con la esperanza de que se fuera. No lo hizo.

Recuerdo que los días siguientes llevé pantalones vaqueros por si acaso me volvía a pasar. ¿Creéis que eso es algo en lo que tenga estar pensando alguien al vestirse por las mañanas? He posado para reportajes de moda en ropa interior y en sets cerrados en los que me sentía cómoda y con el control. Fue decisión mía. Eso no debería convertirme en una diana para recibir esa clase de comportamientos, ¿no? Ahora me preocupa que un hombre me ponga una cámara debajo de la falda. ¿Cómo podemos estar viviendo en este mundo? ¿Cómo puede ser legal esto?

Eso no sucedió paseando por una alfombra roja, fue saliendo de mi casa. Además, me gusta llevar vestidos. ¿Por qué no puedo llevarlos sin sentirme constantemente en guardia?

Al final, consiguió lo que quería. Si sigues a una persona el tiempo suficiente, haces la foto desde un ángulo bajo uno de los días que llevo vestido, sí, conseguirás la foto de las bragas. ¡Y este es realmente el "trabajo" de alguien!

Algo peor aún, en cierto sentido, es que hay quien imprime esas fotos. Pensad en esto: el momento en el que se levanta una pequeña ráfaga de viento es el momento en el que ese alguien consigue su lucrativa foto. Es horrible.

Me sentí completamente humillada. No quería decir nada por miedo a atraer más atención sobre esas sórdidas fotos que ya estaban publicadas en Internet.

Decir que hay asuntos en el mundo más importantes que el color de mis bragas sería hasta gracioso si todo esto no fuera tan invasivo, horrible, deshonesto y desagradable. Por si todo eso no fuera poco, el periódico me difuminó las bragas y básicamente parecía que NO LEVABA NADA. Todo este asunto me parecía obsceno y sexualizado de forma grave e innecesaria.

En aquel momento me sentí completamente humillada. No quería decir nada por miedo a atraer más atención sobre esas fotos horribles, patéticas y sórdidas que ya estaban publicadas en Internet sin forma posible de retirarlas. Así pues, me sentí mortificada en silencio.

No soy ni mucho menos la única mujer a la que le ha pasado esto. De hecho, la mayoría de las mujeres que conozco de la industria del entretenimiento han sufrido malas experiencias similares. A algunas les afecta más que a otras.

La sociedad tiene una cultura de humillar a las mujeres que parece ser aceptable. ¿Por qué nos encanta degradar a las mujeres? "Ah, es que mira lo que llevaba puesto, lo estaba pidiendo". ¿Cómo puede ser eso una justificación? No lo es. Nunca.

He pasado casi toda mi carrera, con el poco protagonismo que he tenido, leyendo cosas sobre mis "rollos" con otros hombres. Básicamente, con cada hombre con quien haya cruzado mi camino probablemente también me habrán podido fotografiar a horcajadas, ya fueran amigos, compañeros de trabajo o novios de verdad.

¿Se supone eso es una forma de medir mi valía? ¿Y no lo es haberme graduado en Periodismo con el mejor expediente, haber sido seleccionada para ser presentadora de la MTV por delante de miles de candidatos, haberme dejado la piel en esta industria, haber logrado una carrera existosa, haberme comprado una casa, haber apoyado a mi familia, haber sido una novia fiel, haber vivido lo mejor posible intentando ser una persona amable y haber defendido a otras personas cuando he podido?

Podría escribir páginas enteras sobre esto, pero no lo voy a hacer.

Sí que quiero hablar sobre una cosa, ya que este parece un momento apropiado. Trabajé hace un par de años en una entrega de premios y fue una de esas noches de ensueño en las que te das cuenta de que tienes un trabajo estupendo y que encima no se te da mal. Al acabar, se me acercó un actor muy conocido, encantador, muy talentoso y solicitado.

Yo estaba con mis compañeros, él con los suyos y fuimos todos a una fiesta. Y ahí fue. Hablé con él y con otras muchas personas esa noche. Para ser sincera, lo que de verdad quería era bailar al ritmo de Beyoncé y comer los mini fish and chips que servían. Me invitaron a cenar con él y con más gente la noche siguiente. No fui. Me pasé el resto de la noche hablando con un montón de gente y me fui a casa con mi novia, con quien había ido a la entrega de premios. El tío fue encantador y estoy segura de que hace tiempo olvidó aquella conversación tonta (sobre lobos, sobre cualquier tema) con una señora irlandesa a la que le gusta hablar mucho.

¿Cómo iba a imaginarme la locura que ocurrió después? Apareció en las portadas de los periódicos una foto que había hecho alguien con el móvil en la que salíamos el actor y yo hablando. Vino acompañada de titulares que básicamente decían que me lo había "follado".

¿Follado?

Claro, porque para eso estamos las mujeres, ¿verdad?

¿Se mide mi valía por los hombres con los que me acueste (o por los hombres con los que me acueste en la mente pervertida de algún editor)? ¿Y por el hecho de no ser demasiado conocida en el mundo de la tele se me presupone que no dejaría escapar la oportunidad de acostarme con un actor de primera línea con el que resulta que he hablado? QUE OS DEN.

Incluso llegué a ver escrito que, aunque era 10 años más joven que este tío, era un poco "mayor" de lo que solía ser su tipo. ¡Es 10 años mayor que yo! Y quizás no me acuesto con tíos que no conozco (esperemos). Y quizás yo estaba con otra persona que sí que me gustaba. Sin embargo, los medios eso nunca lo considerarán. Y, francamente, nada de eso era asunto suyo, para empezar.

De lo que no se dijo nada fue del hecho de que esa noche también estuvo en la sala un conocido cineasta y que pasé casi todo mi tiempo sin quedarme a solas con él. Lo conocí hace años en otros eventos y siempre estuvo dispuesto a concederme parte de su tiempo, me presentó a sus colegas de profesión y a su esposa y me dijo que era muy buena en mi trabajo, algo inmensamente halagador.

Más adelante, cuando me empezó a susurrar cosas como "eres una chica preciosa", me empezaron a sonar las alarmas. Era un hombre muy respetado en la industria, pero era casi de conocimiento público que no había que quedarse a solas con él (y se lo rebatiré a cualquier persona que lo niegue). Solo lo conocí de forma profesional y nunca acepté sus ofertas de ir al teatro o a cenar cuando me las propuso.

Echando la vista atrás, me alegro de haberlo rechazado. Al día siguiente de la fiesta, averiguó en qué hotel y número de habitación me alojaba.

Mi pareja y yo pensamos que nos habíamos quedado dormidas cuando sonó el teléfono, pero era este cineasta pidiéndome que fuera más tarde a su hotel a verle. Le dije que no podía porque trabajaba, lo cual era cierto. Sinceramente, una parte de mí deseaba que ese hombre pensara de verdad que era buena en mi trabajo y que solo quisiera ayudar, pero cuando llevas un tiempo en esta industria aprendes a tener cuidado.

Averiguó en qué hotel y número de habitación me alojaba. Mi pareja y yo pensamos que nos habíamos quedado dormidas cuando sonó el teléfono, pero era este cineasta pidiéndome que fuera más tarde a su hotel a verle.

Nunca me sentí acorralada, pero tampoco alcé la voz, ya que pensaba: "¿Qué sentido tiene?". La gente pensará: "¿Para qué se iba a molestar él en hablar con ella?". Es triste que este fuera el primer pensamiento que me pasó por la mente. Mirad cuántas mujeres y cuántos años de lucha han hecho falta hasta que alguien ha empezado a tomarse en serio esta clase de acusaciones.

Tampoco pretendo restarles valor a las experiencias de otras personas ni "subirme al carro", como leí que comentó una persona al final del artículo de una famosa actriz.

Durante los siguientes doce meses tras la fiesta, cada vez que me mencionaban en la prensa, me calificaban como "el presunto interés amoroso de una estrella de Hollywood". Tengo mi carrera, he trabajado duro y aun así se empeñan en definirme como la posible aventura de otra persona. ¿Por qué se percibe eso como una forma de medir mi valía?

Cuando pensaba que la tormenta mediática no podía empeorar después de ese incidente, me apunté a un programa de televisión que me encantaba y con el que había crecido: Strictly Come Dancing. Sigo sin estar preparada para hablar detenidamente sobre mi experiencia en ese programa. Me encanta bailar y alcancé dos veces el primer puesto de la clasificación, pero antes incluso de que empezara, me lanzaron a los leones y me involucraron en una ruptura que no tenía nada que ver conmigo. De nuevo, me convertí en un "presunto interés amoroso".

Mirad cuántas mujeres y cuántos años de lucha han hecho falta hasta que alguien ha empezado a tomarse en serio esta clase de acusaciones.

Me asignaron a un compañero de baile con el que me sentía del todo incómoda y al final me sentí destrozada. Lloraba todos los días. Y acabé destrozada de verdad, tanto física como mentalmente. De cara al resto de la gente, intentaba aguantar el tipo y sonreír, y lo hice lo mejor que pude, pero me afectó profundamente. Mis amigos y familiares sabían lo que estaba sufriendo. Y estuvieron ahí para mí. Los medios, en cambio, solo me veían como una rubia atractiva con un vestido de lentejuelas.

¿Cómo hemos caído tan bajo, hasta un nivel en el que a las mujeres se las reduce y degrada sistemáticamente de esta forma? Es imposible comprenderlo, está todo mal, es falso y ruin.

Soy consciente de que, en comparación con muchas personas, he tenido suerte. Me encanta esta vida y se me han concedido unas oportunidades increíbles, pero ya me he cansado de que trivialicen y chismorreen a mi costa. Las mujeres no somos juguetes, ni para los hombres ni para los medios, y no se nos debería tratar así.

Como mujeres, deberíamos enaltecernos a nosotras mismas y reivindicar nuestra verdadera valía. No somos trozos de carne. Somos unas criaturas preciosas y complejas. No deberíamos sentirnos siempre en guardia. Tengo la suerte de contar con mujeres fuertes e inspiradoras en mi vida, así como con hombres que valoran y respetan a las mujeres. Siempre me ha parecido más sencillo alzar la voz por los demás, pero ahora soy consciente de la importancia de alzar la voz por mí misma.

Maya Angelou dijo: "Cada vez que una mujer se defiende a sí misma, posiblemente, sin saberlo y sin reivindicarlo, defiende a todas las mujeres".

Amén a eso.

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.