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10/02/2016 07:39 CET | Actualizado 09/02/2017 11:12 CET

La verdad sobre abortar

lauren casperHe perdido a dos de mis hijos. No sé si acabarían siendo rubios, castaños, si les gustaría la música, el deporte o la escritura. Me duele pensar en lo que nos hemos perdido y en las sonrisas y lágrimas que jamás compartiremos. Pero este sufrimiento no consigue apartarme de la felicidad y el agradecimiento que siento por los dos niños a los que sí puedo abrazar.

*Hace ocho años, celebramos nuestro segundo aniversario de boda en la zona de vacaciones Outer Banks, en Carolina del Norte (Estados Unidos). Esta es mi cara de valiente. Esta es la cara que pongo cuando quiero convencerme de que todo va bien cuando estoy destrozada por dentro. Tres semanas antes de nuestro aniversario, sufrí un aborto, el segundo; y sabía que, en cuanto acabaran las vacaciones, tendría que someterme a una gran cantidad de pruebas durante varios meses. Estaba cansada, triste y asustada. Y no quería que nadie lo supiera. Pero mi marido lo sabía y me ayudó con todo. Me compró un vestido nuevo (lo llevo puesto en la foto), íbamos a cenar fuera todas las noches, se tumbaba conmigo en la arena, nadábamos juntos, hablaba conmigo cuando lo necesitaba y compartíamos el silencio cuando yo no tenía ganas de hablar. Me siento muy afortunada y agradecida por haberme casado con un hombre que me conoce, me quiere y se preocupa por mí.*

Hace unos días publiqué en Instagram la foto y el texto que aparecen más arriba y me topé con varios comentarios preciosos que me obligaron a releer lo que publiqué. Una de las frases me llamó la atención, me gustaría haberla escrito de forma distinta para explicarlo mejor.

Esta es mi cara de valiente. Esta es la cara que pongo cuando quiero convencerme de que todo va bien cuando estoy destrozada por dentro.

Cuanto más lo pienso, más pienso que no me expresé bien. ¿Qué pasaría si, en vez de sonreír para la foto, tuviera expresión de tristeza? ¿Qué pasaría si hubiera decidido dejar de fingir que estaba bien y hubiera dicho que no nos hiciéramos fotos? ¿Qué pasaría si alguien me hubiera grabado durante mis momentos de vulnerabilidad? Esos momentos en los que lloraba abrazándome las rodillas e intentaba sofocar mis sollozos para que nadie me oyera. ¿No sería esa mi cara de valiente? Claro que sí.

La valentía consiste en sentir y dejar salir nuestro dolor. También consiste en ponerse un vestido nuevo, salir a cenar y sonreír para una foto cuando por dentro estás destrozada. Cada minuto de la vida desprende valentía. Hay veces en las que es más difícil mostrarte tal y como eres en los peores momentos de tu vida. Cuando perdí a nuestros dos primeros bebés, con 10 meses de diferencia, no quería que la gente me ayudara. Sufrí por intentar superar las pérdidas yo sola, no me sentía segura compartiendo mi sufrimiento con alguien más. Pasé mucho tiempo con esa cara de valiente, pero no siempre fue así.

Este es mi testimonio sobre el aborto:

La primera vez me dejó conmocionada. No me acuerdo de lo que pasó durante las horas que estuve en el hospital. Los recuerdos están borrosos y parece que todo pasó muy deprisa, aunque estuvimos en el hospital casi todo el día.

No podía dejar de llorar. Incluso cuando pensaba que ya había dejado de llorar, me daba cuenta de que seguía teniendo lágrimas en las mejillas. A partir de entonces, las lágrimas se convirtieron en mis amigas. Por las noches lloraba hasta quedarme dormida.

Fue tremendamente doloroso (emocional, mental y físicamente). Lo que más me sorprendió fue el dolor físico que experimenté.

Me culpé durante mucho tiempo. Cuestioné todo lo que hice durante el embarazo: la comida, la cantidad de sueño y de actividad física, y el par de días que olvidé tomarme las vitaminas. No podía evitar pensar que, de alguna manera, haber sufrido un aborto era mi culpa. Seguí sintiéndome culpable a pesar de que los médicos, las enfermeras y mi madre me dijeran que yo no había hecho nada mal.

Me sentía acelerada. Era como si alguien me hubiera dicho que siguiera adelante y que lo olvidara. Me di cuenta de que, después de las primeras semanas, la mayoría de las personas parecían creer que todo tenía que volver a la normalidad. Pero yo no había conseguido llegar a ese punto, me sentía sola y llevé el sufrimiento en silencio. Para ser sinceros, no conseguí volver a la normalidad. Mi vida cambió, y yo también cambié.

Después del primer aborto, cambió mi perspectiva sobre las pruebas de embarazo positivas. Me di cuenta de que estar embarazada no era una apuesta segura de que iba a tener un bebé que podría traer a casa... hay veces que puede acabar en un aborto espontáneo, muerte fetal o la muerte de tu hijo. De repente había perdido parte de mi optimismo, pero me convertí en una persona realista con esperanzas, y eso no tiene nada de malo.

Al principio, me costaba salir a la calle. Cuatro meses después del primer aborto, salimos a cenar a uno de mis restaurantes favoritos. La camarera era tan alegre y amable que me hizo pasarlo mal. Quería decirle que el mundo se me había venido abajo. ¿Por qué el mundo de los demás seguía intacto?

Perdí algo más que una idea, un sueño o un futuro, perdí a una persona. A dos personas. Un bebé real crecía dentro de mí y su corazón se paró. Todavía no sé por qué. Y volvió a pasar. Y sigo sin saber por qué. Es muy difícil explicarlo para que me entiendan bien, porque nadie más tenía contacto con mis bebés. Yo fui la única persona que les llegó a tocar. Yo fui la que los llevaba, la que estaba unida a ellos y la que les alimentaba... hasta que un día dejé de hacerlo. Fue horrible y lo sigue siendo.

He perdido a dos de mis hijos y no sé si acabarían teniendo los ojos azules, como yo, o verdes, como mi marido. No sé si serían rubios, castaños o uno de cada. No sé si les gustaría la música, el deporte, la ciencia o la escritura creativa. Me duele pensar en el tiempo que hemos perdido y en la cantidad de sonrisas y lágrimas que jamás compartiremos.

Pero este sufrimiento no consigue apartarme de la felicidad y el agradecimiento que siento por los dos niños a los que sí puedo abrazar.

SOMOS LO QUE HACEMOS