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14/02/2018 07:31 CET | Actualizado 14/02/2018 07:31 CET

La verdad no te hace libre

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En la sociedad actual, es posible que mucha gente tenga en alguna etapa de su vida una relación abierta. Bien porque así lo desea o porque se encuentra en esa situación sin haberla buscado. A menudo se dice que es aceptable tener una relación con más de una persona a la vez siempre y cuando todas las partes sean sinceras al respecto, pero, ¿es ese el requisito fundamental para que esa conexión sea sana? ¿La sinceridad?

Con frecuencia alguna de las personas que están en una relación abierta está más implicada emocionalmente que la otra y desea un compromiso más sólido. La otra persona puede decir que no se siente culpable porque siempre ha sido honesta, pero si sigue en esa situación, ¿está haciendo lo que debe o está pensando solo en su beneficio?

Lo que se necesita en toda relación probablemente es equilibrio, porque del equilibrio se desprende lo demás. Se necesita que todas las partes involucradas quieran algo parecido.

Lo que se necesita en toda relación es equilibrio

Cuando hablamos de relaciones abiertas, cuando hablamos de relaciones en general, nos tomamos la sinceridad como si fuera la palabra mágica, como una entrada para todas las fiestas, a free pass. "Yo nunca te prometí nada"; "Siempre te dije que no quería nada serio". Pero lo cierto es que si alguien quiere un compromiso más firme de su compañero, la honestidad del compañero no siempre es suficiente para resolver esa situación. Uno puede decir que sí es suficiente porque cada uno es responsable de su vida, cada uno es dueño de sus actos, pero, ¿somos dueños de nuestros actos cuando estamos enamorados? A menudo quien está enamorado alberga esperanzas de que las cosas cambien, sobre todo si hay muestras de afecto por parte de los dos, y no es capaz de asumir la responsabilidad de terminar la relación.

Nos tomamos la sinceridad como si fuera una palabra mágica

La sinceridad no es la solución: se hace un sobreuso de ese concepto en las relaciones. La solución es que la persona que está menos implicada emocionalmente corte el contacto hasta que los dos rehagan su vida. Porque le va a costar menos, porque en el fondo le va a costar poco. Esa es la verdadera actitud moral. Todos hemos sido víctimas y verdugos en las relaciones románticas, y todos hemos experimentado lo que es querer con locura y solo desear a medias. Todos estamos en posición de hacer lo correcto cuando estamos en pareja y no sentimos tanto como el otro. Y lo correcto es dejarlo.

Hoy en día cada vez tenemos más necesidad de estar solos y de estar con varias personas al mismo tiempo, una situación que se retroalimenta. En esa búsqueda de todo y de nada a veces caemos en relaciones que no nos entusiasman y que pueden perjudicar a otros. Quizás no podemos evitar caer en ellas pero sí podemos evitar prolongarlas.

Dejemos de usar la sinceridad como arma para mantener una relación y hacer lo que nos apetezca.

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