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14/02/2016 09:58 CET | Actualizado 14/02/2017 11:12 CET

Esto es lo que significa ser madre soltera

lindsey lightAl final, somos padres igualmente. Con pilas interminables de platos sucios y de ropa por lavar. Es verdad que hay días en los que no hay más que peleas y discusiones y en los que contamos las horas que quedan para irnos a dormir. Pero, como los padres casados, también cruzamos los dedos por que nuestros hijos se porten bien y nos preocupamos por su futuro.

Hoy ha sido un día muy largo. Mis hijos y yo hemos ido al velatorio de mi tataratío. Una encuentro emotivo, mucha gente y dos niños llenos de energía. Normalmente doy gracias por que aguanten quietecitos una hora, sin embargo hemos estado tres horas en este evento tan lúgubre y se han portado como angelitos. Aunque es verdad que varias personas me han echado una mano y que llevaba el bolso lleno de golosinas.

Cuando nos hemos ido de allí, todavía teníamos muchas cosas por hacer antes de irnos a la cama. Nadie había cenado (a no ser que las minimagdalenas y el zumo cuenten como cena). Todos teníamos que ducharnos. Había que sacar al perro, que seguro que estaría como loco por recibir un poco de atención. Así que hemos llegado a casa y hemos cenado algo. Nos hemos duchado y puesto el pijama. El perro nos perseguía, contento de que estuviéramos otra vez en casa. Hice una propuesta a mis hijos: les dejaría ver dibujos en la cama de Deacon si lograban ponerse de acuerdo en lo que querían ver (no me juzguéis). Sorprendentemente se han puesto de acuerdo (y rápido, además) para ver Mickey Mouse.

Les he dado un beso y un abrazo, pensando que se quedarían dormidos enseguida. Me disponía a recoger el salón y la cocina, a meter los platos sucios en el lavavajillas y a coger un brownie de mi alijo secreto escondido en la estantería más alta de la despensa (que nadie se ponga celoso, que el brownie era de esos bajos en calorías. Estúpido furor por adelgazar). Pero todos mis planes se han esfumado en el momento en que he oído a dos vocecitas decir "mami, túmbate con nosotros". Me han tocado la fibra sensible. ¿Cómo iba a decirle que no a mis hijos? Atención, spoiler: no he podido.

No he podido resistirme. Me he subido a la cama de Deacon, me he tumbado entre mis dos hijos y nos hemos arropado con su colcha de dibujos que con tanta generosidad nos han regalado. Nadie estaba viendo los dibujos, pero todos nos estábamos riendo. El perro también ha subido a la cama y se ha unido a nosotros. Ahí estábamos los cuatro acurrucados -una familia al completo, no por lo que dictan los estándares sociales, sino porque el amor que nos une es más fuerte que los estereotipos- y en ese momento he decidido que nos hiciéramos una foto. Y este ha sido el resultado:


Me he enamorado de la fotografía inmediatamente. Por la manera en que me está mirando mi hija, porque el perro quería darnos besos a todos, por el pelo recién lavado y aún enmarañado de mi hijo. Todos juntos, felices, sanos y ligeramente delirantes (bueno, puede que eso último solo se aplique a mí). No parece que mis hijos vivan en un "hogar desestructurado", ni yo parezco estar reviviendo la angustia de mi divorcio. Qué foto tan bonita. Qué vida tan bonita. Mirando a la fotografía, pensé: esto es el amor. Esto es lo que significa la palabra "familia". Esto es lo que significa ser madre soltera (o divorciada).

Todo esto me ha recordado a un post que escribí en verano donde detallaba lo que suponía para mí pasar dos fines de semana al mes lejos de mis hijos. Como de costumbre, intenté verlo de forma positiva y optimista (qué manera más loca de vivir la vida, ¿verdad?). Y no tuvo una muy buena acogida: en los comentarios, un usuario me comparaba con la madre de Adam Lanza -autor de un tiroteo en un colegio de Connecticut- y afirmaba que yo estaba glorificando algo que "ya era cultura de culto".

En primer lugar, sé que no debería leer los comentarios. En segundo lugar, me doy cuenta de que su comentario es absurdo y de que este usuario no tiene ningún derecho a opinar sobre mi vida. Pero me hizo empezar a pensar en la "cultura de culto" de la vida de madre soltera que yo estaba promoviendo inconscientemente. He pensado en los estereotipos que rodean a los padres solteros, independientemente del género y de la edad. Esos estereotipos que van más allá del nivel de ingresos, de la raza y de la religión. Y en que casi todos son poco halagadores.

Y después he pensado en mi foto. Es necesario que haya más así.

Vamos, padres solteros, compartid vuestras fotos y vuestras divertidas anécdotas. Demostremos a todo el mundo que somos algo más que personas con falta de sueño que desearían que las cosas hubieran salido de otra manera. Al final, somos padres igualmente. Con pilas interminables de platos sucios y de ropa por lavar. Es verdad que hay días en los que no hay más que peleas y discusiones y en los que contamos las horas que quedan para irnos a dormir. Y, como los padres casados, también cruzamos los dedos por que nuestros hijos se porten bien y nos preocupamos por su futuro. Y también tenemos amor. Es algo que no nos falta a los padres solteros.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

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