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05/04/2018 07:26 CEST | Actualizado 05/04/2018 07:27 CEST

FAD: Pasar del dicho al hecho

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"Pasar del dicho al hecho", eso es lo que nos ofrece la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción. He visto su último anuncio y me ha parecido diferente y valiente. Por eso yo también quiero sumarme a la acción.

Mis palabras van dirigidas a 'El Trecho', ese lugar que nos ofrecen desde la Fundación. Puede parecer un destino tranquilo y fácil de acceder, pero no lo es en absoluto.

Si miramos desde la perspectiva de alguien que no bebe o no ha empezado aún, hay acciones diarias, de fin de semana y de fiestas concretas que llevan asociadas otras actuaciones peligrosas a pesar de que las etiquetemos como "normales". Ejemplos: cualquier celebración de adultos lleva implícita la idea de beber alcohol. De hecho, seguimos repitiendo evento tras evento que brindar con agua da mala suerte; vemos normal que una persona de más de 40 años se "chispe" tras una cena con amigos aunque sus hijos estén presentes; hablamos de las borracheras que nos cogíamos cuando éramos jóvenes porque nadie nos entendía y los efluvios etílicos nos ayudaban a desinhibirnos. Asociamos juventud con riesgo, alcohol e incluso otro tipo de drogas. Y lo tildamos de normal porque es propio de la edad. Jóvenes de apenas 16 años bebiéndose entre dos una botella de ginebra o whisky.

La costumbre me parece de lo más peligrosa e hipócrita. ¿Por qué hipócrita? Porque después, cuando llegan las evidencias de que existe un problema real de adicción no sólo no decimos nada, sino que giramos la cabeza hacia otro lado y callamos. Que no se sepa, si no ¿qué pensarán los demás?

Tenemos que cambiar de actitud.

Por lo que respecta al ámbito educativo, los profesores no somos psicólogos ni expertos, y en secundaria, cuando llegamos a conocer casos de padres alcohólicos, no quedan muchas herramientas con las que ayudar. Adolescentes rebeldes que desafían actuando mal y llaman nuestra atención intentando encontrar un leve bienestar que apenas entienden. Lo peor llega cuando reproducen las mismas acciones que han visto hacer a sus progenitores. Normalmente, es tarde. Sin la guía de expertos, lo más probable es que acaben dentro de un círculo peligroso: beber para parecer mayor, para diferenciarse del resto, para ser conocido ante todos y creer que es la única forma de pasarlo bien.

Mi granito de arena en este inmenso desierto es proponer que el tema del alcohol deje de ser tabú y pueda tratarse como hacemos ya con otros asuntos espinosos

Sólo de pensarlo se abre un abismo.

No podemos mirar hacia otro lado, no podemos normalizar situaciones que no lo son, no podemos pensar que somos afortunados porque a nosotros no nos pasa, porque no es así. Nadie está libre de peligro, y menos en una sociedad como la nuestra que recurre al alcohol para cualquier celebración: reuniones familiares, cenas de empresa, fiestas populares, cumpleaños, obtención de títulos y un largo etcétera.

La solución a este grave problema es muy complicada de hallar, pero apoyo la propuesta de FAD. Mi granito de arena en este inmenso desierto es proponer que el tema del alcohol deje de ser tabú y pueda tratarse como hacemos ya con otros asuntos espinosos. Igual que normalizamos la ingesta, estandaricemos las consecuencias que puede acarrear.

Tengamos presentes las palabras de Bunbury en uno de sus temas: "¿Por qué siempre conviene alegrar a la gente? También de vez en cuando está bien asustar un poco. Las consecuencias son inevitables, la juventud no te acompañará los próximos mil años."

Empecemos a dar pasos para revertir datos. El Trecho nos espera a todos.

https://www.youtube.com/watch?v=PM-5aIbo--4

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