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29/10/2018 07:20 CET | Actualizado 29/10/2018 07:20 CET

Móviles en el aula para educar en competencia digital

Pixabay

La última vez que estuve en el dentista me sorprendí al observar las mejoras tecnológicas que había instalado en la consulta. El sistema para hacer radiografías y para manejar la información que éstas proporcionan había mejorado muchísimo. Todo era rápido, eficaz y fiable. Rápidamente trasladé la evidencia al ámbito educativo, pero la realidad es muy distinta. Porque lo ideal sería poder aprovechar los avances tecnológicos en los centros, pero la situación es realmente complicada. Para empezar, la mayoría de los colegios o institutos carecen de una buena red wifi, por no hablar de la disponibilidad de ordenadores nuevos. Además, al problema económico que supone dotar las instalaciones de buenas herramientas se suman, al menos, dos más: la brecha tecnológica que padecen la mayoría de los docentes y el rechazo de las familias al uso de los móviles dentro de las aulas.

Atender sólo a esta última realidad implica tener que plasmar varias situaciones ya típicas del S.XXI y que se interrelacionan. Por un lado nos encontramos con que la edad a la que los niños empiezan a manejar los dispositivos móviles cada vez es más temprana. Por lo tanto, no es extraño (aunque sí escalofriante) que haya pequeños enganchados a la tableta con sólo 10 años. Tanto si los usan sólo en casa como si se los dejan llevar al colegio, a ellos les encanta hacer alarde de los canales de YouTube que siguen, y fotografían cualquier nimiedad para compartir el momento aunque sea por el chat de sus padres. Ante esto, la primera reacción es sumarse a la línea que pide la prohibición de los móviles en la escuela. Pero, ¿realmente sería ésa la solución? Creo que no. Sólo se conseguiría alejar aún más el sistema educativo de la realidad y cortar el acceso a la red mientras los jóvenes están en el colegio. En cuanto salieran, volverían a cogerlos y a pasar la tarde entera viendo vídeos. Y es que, como dice Jordi Jubany, autor de ¿Hiperconectados?, "no se puede pedir a la escuela límites que no se ponen en casa".

¿No sería mejor educarlos en su uso? Ya hay ejemplos de buenas prácticas por parte de docentes y también de escuelas que utilizan aplicaciones creadas expresamente para el ámbito educativo, o que dan un uso alternativo a las famosas redes sociales. Todo puede resultar interesante.

Flipped Primary
Buen uso tablet.

Josep R Cerda (@pepcerda), profesor del IES Juniper, de Palma, usa diferentes apps para motivar a sus alumnos. Por ejemplo, el curso pasado recurrió a plataformas como Canva, Padlet o Generatestatus (para reescribir argumentos de novelas como si fueran diálogos de Whatsapp o de otras redes sociales como Instagram o Facebook). También flippeó algunas clases ayudado de Edpuzzle para que sus alumnos llegaran a clase con el temario aprendido y pudieran así trabajar los comentarios de forma colaborativa. Y más. Hacen gifts de escritoras contemporáneas o preparan fichas con Quizzlet para repasar los contenidos jugando entre equipos. Este curso ha abierto una cuenta en Instagram para ir subiendo información de los autores que tienen que ver en la asignatura. Los resultados le acompañan. Ha mejorado las notas en la temida prueba de la selectividad.

@pepcerda
Buenas prácticas

No es el único ejemplo. Sólo hay que bucear un poco en la red para encontrar todo un abanico de recursos educativos: blogs (como Tiching), páginas web (como Flipped Primary, con app incluida que lleva ya 18.000 descargas) y revistas (como Educación 3.0) que ayudan a difundir los beneficios de las herramientas tecnológicas aplicadas en la educación. Videojuegos que educan, redes sociales usadas como herramientas de lecto-escritura, claustros virtuales que comparten sus creaciones, reflexiones o descubrimientos...

El S.XXI ha llegado a las aulas. Quizá sería más conveniente para todos dedicar un tiempo en nuestras clases a educar en el uso correcto de los dispositivos en vez de cerrar las puertas a la realidad.

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