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11/06/2018 14:00 CEST | Actualizado 11/06/2018 14:00 CEST

Anochece con Béla Tarr

EFE
Asistentes a la Feria del Libro de Madrid.

En la Feria del Libro de Madrid acontecen los sucesos más extraordinarios. De pronto, un cielo estival se oscurece, cerniéndose sobre nosotros lo más crudo del crudo invierno; de entre la lluvia emerge, repentinamente, el oscarizado director José Luis Garci, quien se cobija en su caseta, que también es la nuestra, en pleno diluvio. Y sucede que, la que parecía una tarde de calma mecida por el paso del tiempo, derivó en un festín para los sentidos cinéfagos, capaz de calmar esa sed insaciable en que se convierte la vocación más pasional. Por aquella caseta, la 222, se vivió todo o casi todo el pasado 2 de junio. Compartiendo El Retiro con Rosa Montero, Almudena Grandes, Manuel Rivas o Juan José Millás, la vida que discurría frente a nosotros se convirtió en todo nuestro mundo. Gente que mira, que pregunta, que te fotografía y que se cruza con quien se marcha para después regresar. Se aprende mucho desde el interior de una caseta.

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Almudena Grandes firma ejemplares de su obra en la Feria del Libro de Madrid.

Fue en la de Notorious donde presentamos El mundo de Ingmar Bergman, un exhaustivo análisis de la obra del cineasta sueco escrita por una docena de autores como Gerardo Sánchez, Miguel Marías, David Arranz, Juan Carlos Laviana, la que suscribe o Víctor Arribas, con quien tuve la inmensa suerte de compartir nuestro cubículo literario y cinéfilo. Las casi tres horas que separaron una tarde soleada del diluvio universal comprendieron los casi ciento treinta años de la historia del cine, un repaso que incluyó apasionantes conversaciones en torno a Rita Hayworth, George Cukor, Bette Davis, Joon-ho Bong o Béla Tarr. La ventaja de reunirse con amantes del cine es que, por suerte, entre todos enriquecemos un arte con tantos meandros como adeptos, y que no solo existió antes que nosotros, sino que nos sobrevivirá y conquistará a quienes todavía no nacieron ni se figuran qué es el cine o por qué será tan importante en sus vidas.

Alguien se acerca, habla, adquiere un libro y se despide. Mientras, en el interior de la caseta, las cuatro personas que cohabitamos vamos creciendo. Ya sumamos cinco. "Tienes que ver Snowpiercer" me recomiendan, al tiempo que enhebro mi declaración de amor hacia Marguerite Duras. Hablamos de Hiroshima mon amour, de El amante –cómo no-, y de Cuadernos de la guerra. Pienso en lo mucho que me gusta Emily L., pero apenas puedo pronunciarlo, la dinámica de la conversación nos arrastra con fruición a Béla Tarr.

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Rosa Montero firma ejemplares de su obra en la Feria del Libro de Madrid.

De pronto, como homenaje al director húngaro, el cielo se nubla y comienza a lloviznar. El agua se filtra con serenidad al principio, con esa cadencia relajante que hace tan apetecible el otoño en junio, pero alcanza cotas de auténtica inundación con el paso del tiempo. "Puede gustarte algún tipo cine, pero no todo el cine", comenta Guillermo Balmori mientras María Jesús Díaz Prada, crítica y compañera de TodoEsCine, ratifica taxativamente: "El cine del Hollywood clásico es irrepetible". Entretanto, evocamos a Joan Crowford y a Frank Capra, de quien repasamos la filmografía desde Sucedió una noche a Un gángster para un milagro, mientras discurrimos acerca de su polivalencia y lo asombrosa que resulta Why we fight.

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El ministro de Cultura y Deportes, Maxim Huerta (d), saluda al poeta Luis Garcia Montero (i), en la Feria del Libro.

Muchos amigos se asoman a nuestra caseta, en un delirante acto de valentía y lealtad. La lluvia aumenta su ritmo y su ímpetu, golpeando con vigor los toldos. El viento no arrecia y en la caseta, de escasos metros, ya somos seis. En nuestro improvisado camarote de los hermanos Marx el tiempo, al igual que en esas inolvidables películas de Tarr, se paraliza. Como un eterno plano secuencia la gente corre, pregunta, se para y se va. Nada queda detenido, todo continúa. "Persona es una obra maestra" menciona Víctor Arribas, "pero qué mal se portó Ingmar Bergman con Liv Ullmann" añadimos Enrique Alegrete y yo mientras evocamos la química de la noruega con Erland Josephson. Repasamos El séptimo sello, Fresas salvajes o Secretos de un matrimonio mientras El Retiro se tiñe de noche. La lluvia no cesa, y no lo hará hasta pasadas varias horas, pero nuestro camarote de amigos cinéfilos ni flaquea ni se disipa.

Una llamada, un paraguas y varios minutos hacen aparecer a José Luis Garci, quien luce empapado al traspasar la frontera de Notorious, nuestro cobijo cinematográfico contra viento y marea. Éramos siete y ya somos ocho. Nos reímos, como lo hemos hecho antes y seguiremos haciendo mucho después, mientras cavilamos qué estrategia seguir para salir indemnes de tanta lluvia. No lo logramos, por supuesto, como no logramos dejar de repensar en el cine a pesar de los pesares, aunque atravesar el parque empape nuestro recuerdo.

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José Luis Garci firma ejemplares de su obra en la Feria del Libro de Madrid.

"Estamos aquí, es lo importante", rumio cuando la noche, la niebla y el frío conquistan nuestro plano secuencia. Recuerdo entonces, porque la escena lo propicia, la oscuridad del caminante en Werckmeister Harmonies o la lluvia incesante de Damnation, mientras pienso que, por mucho que quisiera, una tarde así no habría podido mejorarla ni Béla Tarr.

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