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11/10/2018 08:10 CEST | Actualizado 11/10/2018 08:10 CEST

Londres en ocho episodios

Brotherhood
Brotherhood

Es curioso cómo transcurre la ficción y cómo se inscribe en nuestra memoria como vivencia personal. Sucede a veces, no sé si les habrá pasado, que se produce una transliteración de los códigos de artificio y de realidad, percibiendo como propios sucesos que solo acontecen al otro lado de la pantalla. Quizá por ello algunos actores nos son tan queridos; quizá por esta razón ciudades como Nueva York son patrimonio del mundo y sus calles remiten a una realidad que, a decir verdad, sobreviene en forma de ficción.

Hace poco más de una semana, ocho días para ser precisos, descubrí buceando en las entrañas online una serie para mí desconocida, Brotherhood, una comedia de 2015 bienintencionada y bastante naïf que, por algún motivo, captó mi atención. La trama tenía cierto grado de enjundia emocional, estaba bien escrita, los gags eran adecuados y su argumento, suficientemente interesante para una sitcom, resultaba agradable a algún nivel. Dan (Ben Ashenden), Toby (Johnny Flynn) y Jamie (Scott Folan), tres hermanos londinenses, pierden repentinamente a su madre. Su padre, un viajero al que le queda corto el mundo, se desentendió de ellos hace años, quedando al amparo de su propia fraternidad. Cerca de ellos vive su tía Debbie (Sarah Hadland), una mujer resuelta y vivaz cuyo hijo, Christopher, no le atrae ni la mitad que sus sobrinos.

La serie, creada por Big Talk Productions, parece emitida in medias res, ya que, cuando conocemos a los hermanos, todo el drama de su vida trascurrió hace seis meses

De los tres hermanos, solo Dan tiene empleo, siendo recepcionista de una redacción en la que trabaja Poppy (Ellie Taylor), una desinhibida y alegre periodista con quien guarda una estrecha amistad. Los otros dos hermanos, Tobby y Jamie, viven gracias a escrúpulo obsesivo de Dan, quien les procura la atención que la muerte de su madre les ha arrebatado. Tobby, de veintitrés años, es un (muy atractivo) joven cuyas conquistas se cuentan por decenas y, aunque su retrato está desdibujado por el exceso de simplicidad (rayano en lo absurdo), su ternura y buen hacer prevalecen en todas sus decisiones. Jamie, el menor de todos, es quien más ha acusado el fallecimiento de su madre, enmudeciendo el día de su defunción y viviendo con ese bloqueo psicológico desde entonces. Aunque Miss Pemberton (Gemma Chan), la profesora del adolescente, le comprende y le apoya, Jamie necesitará tiempo y espacio, algo que en el apartamento de sus hermanos será difícil de encontrar.

La serie, creada por Big Talk Productions, parece emitida in medias res, ya que, cuando conocemos a los hermanos, todo el drama de su vida trascurrió hace seis meses. Aunque el pasado está muy presente, los tres pugnan por salir adelante, y lo hacen en clave cómica, no olvidemos que es una producción de Comedy Central. A pesar de que la temática bien podría haber traído innumerables meandros dramáticos, los guionistas Patrick Carr, Paul McKenna, Andrew Dawson, Steve Dawson y Tim Inman dotaron a la serie de un tono distendido que no se acerca a una dramedia, es más, no roza siquiera un retrato realista, es una comedia incluso física que en ocasiones acaricia el puro slapstick.

Durante ocho capítulos se puede acompañar a estos tres desafortunados hermanos en su caminar por la vida, compartiendo con ellos sus miedos, sus asignaturas pendientes y el dolor que se intuye deben estar sufriendo

A pesar de ello, de su ingenuidad, de sus golpes y caídas, de la torpeza a la hora de esbozar algunos rasgos, la serie se aleja en su fuero interno (muy interno, es cierto) de algunos arquetipos de ficción, procurando experimentar con la asunción de roles y las ideas preconcebidas. No siempre lo logra, pero ciertamente lo intenta. Además, Brotherhood ofrece una alternativa muy del gusto brit, con unos personajes que, si bien beben de fuentes extravagantes y manifiestamente norteamericanas, ofrecen un profundo sentido británico. Uno de los aspectos que más inciden en esta inmersión inglesa, quizá el más notable, es la incursión de escenas exteriores, pudiendo observar a los personajes deambular por calles reconocibles dentro del skyline londinense.

No es una gran serie, vaya la honestidad por delante; de hecho, fue interrumpida a su octavo día de emisión por algún motivo que se intuye de peso; no obstante, durante ocho capítulos se puede acompañar a estos tres desafortunados hermanos en su caminar por la vida, compartiendo con ellos sus miedos, sus asignaturas pendientes y el dolor que se intuye deben estar sufriendo. Y todo ello lo consigue Brotherhood sumergiendo al espectador en una vida alternativa más allá del drama y la comedia, un día a día de ficción que aleja de la cotidianeidad introduciéndote, precisamente, en ella. Un gran hallazgo, sin ninguna duda.

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