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21/12/2018 07:54 CET | Actualizado 21/12/2018 07:54 CET

Penny Marshall: la directora tras Zoltar

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Flores en homenaje a Penny Marshall.

Quienes hayan visto Big (1988), no olvidarán jamás la escena, ya emblemática, de un niño pidiendo un deseo al mago Zoltar, aquella máquina que todos creíamos ubicada en Coney Island (y realmente situada en el parque Rye Playland), que concedía deseos a quien se atreviese a formulárselos. Aquella atracción, más mágica que real, permitió a David Moscow convertirse en Tom Hanks y, con ello, marcar un hito en la historia del cine juvenil. A ello contribuyó también, es de recibo admitirlo, una audaz escena en la que Tom Hanks y Robert Loggia interpretan a piano las piezas Chopsticks (Euphemia Allen-Arthur de Lull), y Heart and Soul (Frank Loesser y Hoagy Carmichael). Quién no ha querido tener un piano de dimensiones astronómicas para emular aquella secuencia.

La artífice de Big, y de otras tantas cintas de éxito, no fue otra sino Penny Marshall, la directora que dio forma a decenas de películas con más garra de lo que se creía, y mucho más ingeniosas de lo que se pensaba. Aunque Big es su cinta más celebrada, la primera dirigida por una mujer en alcanzar los cien millones de dólares de recaudación, también Marshall firmó una comedia que rebasó con creces esa cifra, Ellas dan el golpe (A League of Their Own, 1992). La historia, situada en la segunda guerra mundial, narra cómo dos hermanas de Oregon, Dottie (Geena Davis) y Kit (Lori Petty), se enrolan en un equipo de béisbol femenino para cubrir la ausencia de jugadores masculinos. Para dirigirlas se asigna al entrenador Jimmy (Tom Hanks), un competidor profesional en sus horas bajas, perdido por una lesión y por la ebriedad. A pesar del inicial desprecio que Jimmy siente por sus jugadoras, irá descubriendo en ellas un verdadero equipo, comprendiendo al fin sus circunstancias y la fuerza de sus convicciones. El reparto, que incluye a Rossie O'Donnell, Bill Pullman y a la mismísima Madonna, es uno de sus alicientes, junto con un guion contundente y una espléndida banda sonora a cargo de Hans Zimmer.

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Penny Marshall.

Dos años antes, Marshall ya había captado la atención de público y crítica con Despertares (1990), una cinta que reunía a dos polos opuestos del espectro cinematográfico por aquel entonces, Robert De Niro y Robin Williams. En la cinta, que llevaba al cine la publicación homónima del neurólogo británico Oliver Sacks, Awakenings (1973), se relataba cómo un doctor (Williams) comienza a estudiar las reacciones en pacientes catatónicos, decidiendo aplicar un tratamiento novedoso a uno de ellos (De Niro). Su extraordinario despertar, de ahí el título, no solo le granjea una segunda -aunque breve- oportunidad al paciente, sino el reconocimiento científico al neurólogo. Por su elenco, su temática y su acertada tensión narrativa, Despertares fue una de las películas más memorables de Marshall, un drama que contrastaba sobremanera con sus títulos más conocidos, siempre en cierta sintonía con planteamientos de comedia, como lo fue Jumpin' Jack Flash.

Rodada en 1986, fue el segundo rol protagonista para Whoopi Goldberg tras El color púrpura (1985, Steven Spielberg), en esta ocasión convertida en una empleada de banca dispuesta a salvar el mundo tras descubrir un complot de sonadas dimensiones. La banda sonora de los Rolling Stones y la repercusión pública de una actriz que daría mucho que hablar, fueron solo el comienzo de una larga profesión para ambas. Aunque en los años noventa su popularidad decreció, llegaron nuevos títulos como La mujer del predicador (1996), protagonizada por Whitney Houston y Denzel Washington. Esta suerte de remake de The Bishop's Wife (1947, Henry Koster), sustituía a los originales Cary Grant y Loretta Young en una trama bienintencionada, en la que un ángel se convierte en el guía y acompañante de la mujer de un predicador.

Después de tantos años, se hace evidente que era Marshall, y no Zoltar, quien concedió tantos deseos imposibles...

En esta semana que Marshall ha desaparecido, debemos recordar que, pese a todo, ha legado para la posteridad unos títulos ya inmortales, debiendo agradecerle su buen quehacer cinematográfico y su entrega al séptimo arte.

Porque después de tantos años, se hace evidente que era Marshall, y no Zoltar, quien concedió tantos deseos imposibles: niños que se convierten en hombres; mujeres que consiguen que sus películas alcancen los cien millones de dólares; que Robin Williams encarne uno de sus registros dramáticos más conmovedores; que Geena Davis y Tom Hanks roben protagonismo a Madonna o que Denzel Washington y Whitney Houston reelaboren una cinta con Cary Grant y Loretta Young.

Ahora que está en postproducción su última película, el documental Rodman, solo podemos lamentar que Zoltan no le hubiera concedido a Penny Marshall, al menos, un año más.

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