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27/01/2018 09:01 CET | Actualizado 27/01/2018 09:01 CET

Quién teme al cine feroz

EFE
Leticia Dolera

Algunas semanas son mucho más que la suma de sus siete días; en ellas se vive más que el conjunto de todas sus horas. Vidas que se concentran en un solo instante, que diría Oscar Wilde. En esta semana han sucedido tantos eventos cinematográficos, que es fácil desbordarse por lo imposible de aprehenderlo. Intentemos reflexionarlo.

El pasado lunes se celebró la quinta edición de los Premios Feroz, una ocasión inmejorable para recapacitar acerca de dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos en la industria audiovisual española. Dos títulos se alzaron con el Premio a la Mejor película, el drama Verano 1993, de Carla Simón, y la comedia La llamada, de Javier Ambrossi y Javier Calvo.

Ambas cintas, recordarán, están protagonizadas casi en exclusiva por un nutrido plantel femenino, algo poco habitual y, por ende, insólito (e insolente) para según qué espectadores. Y es que en la gala no solo se hizo un repaso sardónico a la actualidad, sino que también se hizo mención a la brecha, aún insalvable, entre hombres y mujeres en la industria. Jamás estaremos lo suficientemente agradecidos a personas como Leticia Dolera, valientes y decididas a la hora de reclamar lo que es nuestro, de todos.

Nunca entenderemos, porque esto es algo que requiere de décadas, lo injusto que es juzgar severamente a quien tiene una convicción y la defiende altruistamente, sin que por ello obtenga ningún beneficio personal, salvo que así se considere a algún que otro enemigo acérrimo. En la gala, Dolera hizo patente su disconformidad con nuestro papel de 'azafatas' y 'entregadoras', subrayando que a pesar de suponer el 7% de las producciones, el tercio de las nominaciones las implican a ellas. Algo estaremos haciendo bien, se presume, aunque la sociedad lo esté haciendo decididamente mal.

De los ochenta y nueve premios a Mejor Director que se han concedido desde 1928, ochenta y ocho se han entregado a hombres y uno, solo uno, a una mujer

No es pecado capital y exclusivo del cine español, por supuesto, en Estados Unidos libran su propia batalla, aunque no siempre tenga una respuesta unívoca de la industria. Esta semana también hemos sido conocedores de la lista definitiva de nominados a la 90 edición premios Oscar, un listado que llega en pleno proceso del movimiento de #MeToo y que, cómo no, también ha encontrado su repercusión a nivel global. No se engañen, no es un fenómeno que busque likes, sino adhesiones efectivas; tampoco persigue provocar susceptibilidades, sino promover el entendimiento y la igualdad. Parece lo mismo, pero no lo es.

Atendiendo a los candidatos, cualquiera vislumbrará lo absurdo de la distribución de las nominaciones, una disparidad que deja el ratio femenino a la altura de las azafatas que recalcaba Dolera. Recapitulemos. De los ochenta y nueve premios a Mejor Director que se han concedido desde 1928, ochenta y ocho se han entregado a hombres y uno, solo uno, a una mujer. Antes de que Kathryn Bigelow se consagrara como Mejor directora con The Hurt Locker en 2009, otras tres mujeres fueron nominadas a los Oscar, sin que la fortuna le sonriera a ninguna de ellas. Así Lina Wertmüller (Seven Beauties, 1976), Jane Campion (The Piano, 1993) y Sofia Coppola (Lost in Translation, 2003) soñaron con obtener el mismo galardón que Bigelow consiguió tan esforzada y retardadamente. "Ya era hora" exhortó Barbra Streisand. Y efectivamente, ya lo era. A pesar de que las mujeres copan las escuelas de cine, solo una, por cada veinticuatro hombres, consigue sacar adelante sus producciones, lo que supone que tan solo cuarenta de cada mil películas que se ruedan, sean firmadas por una mujer.

El referente de Woolf debería iluminar a hombres y mujeres cada día, al ser una autora cuyo genio encauzó hacia la defensa de la igualdad

Este año, de nuevo contamos con una nominada al Oscar a Mejor dirección, Greta Gerwig, directora y guionista que propone un cine fuera de todo límite de la convencionalidad. Su Lady Bird, escrita y dirigida por ella, vuelve a entrar de lleno en una categoría cuyo galardón, y esto es palmario, no es probable que vaya a obtener. No este año, no contra Guillermo del Toro.

El nombre de Gerwig figura asimismo en el listado al Mejor guion original, mientras otra nominada, Dee Rees, también hace historia con el guion adaptado de Mudbound, siendo la primera mujer afroamericana en ser nominada a mejor guionista. Otro gran paso. Y ya por último, en la categoría de Mejor documental encontramos a una de mis favoritas, a una grande, Agnès Varda, Oscar honorífico que, de existir justicia, también obtendría el galardón por su Faces Places.

Finalmente, esta semana se han cumplido ciento treinta y seis años del nacimiento de Virginia Woolf, aquella mujer talentosa cuya fortaleza pervivirá sine die. Sin duda, el referente de Woolf debería iluminar a hombres y mujeres cada día, al ser una autora cuyo genio encauzó hacia la defensa de la igualdad y que es inspiración para generaciones de escritores y artistas.

No sé quién la temía a ella, ni tampoco quién teme que se reivindique lo que se reivindica. Quizá porque sé que el problema no está en quien denuncia lo feroz de la realidad, sino en quien teme que se diga.

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