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31/12/2012 08:28 CET | Actualizado 02/03/2013 11:12 CET

El ídolo de Pablo

Un día de 1996 Albert Pla me telefoneó: "Busca a un rapero de tu ciudad que se llama Kase O. Tendrá unos 15 años. He escuchado una maqueta suya y ese chico es un genio. Me gustaría hacer algo con él". No resultó fácil dar con Kase O.

Mi sobrino Pablo tiene 17 años. En su cuarto, en un lugar principal, hace tiempo que se puede ver una foto que se hizo con Cani y un póster de Violadores del Verso. Es una buena síntesis de sus dos grandes pasiones, el fútbol y el rap. Cani es el mayor superclase que Aragón ha dado al fútbol desde Lapetra y Kase O, el líder de Violadores del Verso, es uno de los creadores aragoneses más talentosos de las últimas décadas. Mi sobrino revela un gusto excelente.

Pablo juega al fútbol y, hace un par de años, formó un grupo de rap, "Mal fario", para el que compone letras con las que nos deja boquiabiertos en Nochebuena.

Kase O, nombre de guerra de Javier Ibarra, fue aún más precoz: a los 13 años era uno de los críos más interesantes del fútbol aragonés y ya había grabado una maqueta que estaba deslumbrando en los ambientes del hip hop. Kase O vivía en su barrio de La Jota y jugaba en el equipo de Vadorrey. Su hermano mayor, al que llamaban Brutal, le había pegado el veneno del rap. Mi sobrino vive al lado de La Jota y también es rapero por contagio de su hermano mayor, Adrián. Parecía inevitable que Kase O fuera el ídolo de Pablo.

Un día de 1996 Albert Pla me telefoneó: "Busca a un rapero de tu ciudad que se llama Kase O. Tendrá unos 15 años. He escuchado una maqueta suya y ese chico es un genio. Me gustaría hacer algo con él". No resultó fácil dar con Kase O. Casi eché un bando en los medios donde yo colaboraba y conté, sobre todo, con la complicidad de Plácido Serrano en Radio Zaragoza. Pregunté por él a Matías Uribe, Javier Losilla y Gonzalo de la Figuera. Al final logré hablar con su encantadora madre. Luego Javier viajó a Barcelona para conocer a Albert, asistir a la grabación de su disco y colaborar con él en Alboraya.

Hacía poco que el Javier Ibarra futbolista se había llevado un buen sofoco. Los ecos de su poderío como delantero habían llegado hasta el Real Zaragoza y fue llamado para el cadete. Para él, forofo del Zaragoza desde la cuna, jugar en el equipo de su ciudad era lo máximo. Pero su estancia en el cadete fue muy poco agradable: ninguno de sus compañeros le dirigió la palabra en los tres primeros días. Él era muy tímido y muy de barrio y en ese equipo abundaban los niños bien. El cuarto día decidió no volver. Ahí se truncó una gran ilusión de su infancia. La historia del fútbol no lo sé. Pero, desde luego, la historia del rap siempre agradecerá aquella renuncia.

A los 14 años Kase O compuso Soy de Aragón, una canción asombrosa, sobre todo si se repara en la edad del autor. La letra respira conciencia social y política y aragonesismo de la mejor especie. Cuando la descubrió Jorge Melero, hijo del escritor José Luis Melero, enseguida hizo que la escuchara su padre, aun a riesgo de que sufriera un infarto de alegría. Pepe Melero debió pensar que Kase O podría ser el Labordeta del rap o el Bob Dylan maño del siglo XXI.

Kase O era muy radical y muy underground. Con Lírico, Hate y R de Rumba, amigos de su hermano, formó un grupo para el que eligieron un nombre a la altura: Violadores del Verso. Ahora nos hemos acostumbrado, pero en los comienzos esa expresión sonaba como el apodo de su hermano, brutal. Hace unos domingos, en las páginas de El Heraldo de Aragón, Javier confesaba a Picos Laguna algo fantástico: habían sido muy osados bautizando así a la formación pero luego él, si los vecinos le preguntaban cómo se llamaba su grupo, no se atrevía a pronunciar ese nombre y respondía "Doble V". Llegaron a publicar un disco como Doble V pero la marca de whisky se mosqueó y volvieron a Violadores del Verso. Con ese nombre se convirtieron en una referencia del hip hop y fueron aclamados por millones de adolescentes y jóvenes del mundo entero. Eva Puyó evocaba a Kase O en su libro Ropa tendida. Mis sobrinos Pablo y Adrián ponían sus canciones una y otra vez. Kase O disparaba las palabras, como si fueran balas. Sus rimas estaban cargadas de intención y de rabia. Pero también de lucidez y de una delicadeza romántica muy rara y muy adictiva.

Violadores del Verso ha hecho un parón como grupo pero sus miembros han demostrado que saben volar solos. Hate publicó Doble vida y esta misma semana Lírico ha presentado Un antes y un después. Kase O sacó Jazz Magnetism, una impresionante fusión de jazz y hip hop, y ahora rumia un disco de rap duro que tal vez salga en 2013. Pero algún día volverán a caminar juntos.

Este año he compartido con Kase O y su deliciosa novia libioespañola Muna Alsharif un par de ratos muy simbólicos: una noche con Albert Pla y otra noche con David Bustamante en el restaurante Casa Emilio, después de su concierto en el Pilar. El segundo encuentro no era nada obvio y por eso tuvo mucha gracia. David vino acompañado de su hermano, fan total de Kase O. En un momento dado, pillé a David en un rincón susurrándole a su hermano: "Recuérdame una canción de Kase O, que se la canto ahora mismo". David siempre trata de agradar a la gente con la que está y, de esa manera, él procuraba rendirle tributo a un músico que, aunque se encontraba en sus antípodas, contaba con toda su admiración. No logró entonar la canción pero sí que, en el salón Labordeta de Casa Emilio, se hizo una foto con Kase O que colgó en Facebook. Esa foto desató en las redes las previsibles reacciones airadas de los talibanes de Kase O. Pero un tuit era realmente divertido: "Acabo de ver una foto de Bustamante y Kase O juntos. Lo del fin del mundo empieza a tener sentido".

Javier se acaba de dar una vuelta de dos meses por Colombia y Perú. Se fue solo, a su aire, para saber cómo es eso de convivir con la soledad y el anonimato lejos de casa. Ha resultado ser un viaje iniciático, que le ha revolucionado la cabeza. Pero no pudo evitar que le reconocieran y le hicieran cantar en lugares remotos a los que había llegado su insólito duende. Feliz Navidad, co.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El Heraldo de Aragón.

#YONOMEOLVIDO