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19/10/2014 09:59 CEST | Actualizado 18/12/2014 11:12 CET

La vida mientras tanto

Ahora, más de 18 meses después, tras 29 ciclos de tratamiento, entre quimioterapia y Herceptin, tras 25 sesiones de radio y una brutal operación, puedo decir que he vivido la VIDA con mayúsculas, poniendo en ella algo que me decían que era el 50% del éxito: la actitud, las ganas. Y he comprobado que se puede.

Este es el segundo año que vivo el Día Mundial contra el Cáncer de Mama como paciente y, al reflexionar sobre esta etapa de mi vida, me sorprendo al encontrar tanto bueno.

Cuando te confirman que tienes cáncer todo se paraliza. Todo tu mundo, los planes, lo urgente, lo importante que tuvieras que hacer ese día, o al día siguiente, queda aplazado. Todo pasa a un segundo plano porque tienes que hacer algo imprescindible: remangarte y trabajar para curarte. Lo primero que pensé es: ¿Qué se hace ahora?, ¿cómo se vive desde este momento?. Entonces leí testimonios de mujeres que ya lo habían pasado, o que aún lo estaban viviendo, y en muchos casos, cuando tuve la oportunidad, contacté con ellas, las conocí, y siempre me llevé una grata sorpresa porque todas tenían 'vida' durante el tratamiento. Todas me enseñaron algo muy importante: a ser parte en mi curación.

Ahora, más de 18 meses después de aquel día, tras 29 ciclos de tratamiento, entre quimioterapia y Herceptin, tras 25 sesiones de radio y una brutal operación, puedo decir que he vivido la VIDA con mayúsculas, poniendo en ella algo que me decían que era el 50% del éxito: la actitud, las ganas. Y he comprobado que se puede.

Mirando hacia atrás sólo veo cosas bonitas. Sólo puedo hablar de cariño, de apoyo, de solidaridad, de lo afortunada que soy. Es como si mi mente se hubiera abierto a más cosas que no veía antes... Soy capaz de decir: "Esto está pasando hoy, ahora, y duele, pero mañana habrá pasado y será un día estupendo." Y me lo creo porque es verdad. Al día siguiente todo es nuevo, lo malo ha pasado y se ve todo de forma diferente. Esta enfermedad te da la capacidad de aprovechar y disfrutar cada momento bueno, porque ya has comprobado que los malos vienen solos y que te quedan unos cuantos.

He estado un año y medio con diferentes tipos de tratamientos. Los primeros 12, semanales, pero el resto cada 21 días. Siempre haciendo planes solo en ese corto plazo, y he aprendido a disfrutar así, a vivir intensamente lo bueno, porque 21 días después volvería a encontrarme mal. El día que tocaba pinchazo y los dos o tres siguientes, no podría elegir estar bien, había que pasarlos, así que el resto los saboreaba al máximo. Puedo decir que he vivido de verdad, he sentido, he valorado, he querido más que nunca a los que me rodean.

No hay que tumbarse a esperar a que esto se acabe, hay que disfrutar los momentos buenos, que son muchos. Mi vida no ha sido la misma, está claro. Para empezar, dejé de trabajar desde el mismo día que me confirmaron el diagnóstico y aún sigo de baja, a mi pesar. Por lo tanto, el día a día es totalmente distinto. Pero hay que vivir este 'durante', este 'mientras tanto'... Yo tengo fotos de esta etapa chulísimas, preciosas, aunque tenga pañuelo, aunque aparezca calva, con 10 kilos de más o aunque lleve un bilkini ortopédico...fotos en las que me río de verdad y los que están conmigo enseñan hasta la última muela al reírse. Nada de penita a mi lado. Todos estamos disfrutando.

Como siempre he dicho, el cáncer venía contra mí, pero el resto del mundo se puso a mi favor. Sacaron sus mejores armas y las pusieron a mi disposición. Notar que los demás tiran del carro conmigo es lo que más me ha ayudado. Sentir que es importante que te cures, porque para mucha gente eres imprescindible. Y te dicen que sus vidas son mejores contigo... y permitir tantos reencuentros, dejar que te ayuden, que estén contigo...

Por supuesto que la lucha es de una misma y a veces hay cierta soledad, sobre todo frente al espejo, porque esta enfermedad y su tratamiento nos cambia mucho el físico, nos da donde más nos duele como mujeres, pero llevarlo bien es también muy importante para nosotras mismas, y para los demás. No ser egoístas, no hacer más daño del que ya supone tener una hija, una mujer, una hermana o una amiga con cáncer... Para mí, eso ha supuesto siempre un reto. Ser generosa con los que me rodean, oír de vez en cuando "es que tú siempre lo has llevado bien", para mí es muy satisfactorio. Dejarme acompañar, dejarme ayudar, ver cómo te quiere cada uno a su forma....entender que también les está pasando a ellos.

He visto la fuerza que tenemos, la fuerza que tengo yo, que hasta ahora no lo sabía. Y no soy ninguna excepción. Admiro a tantas mujeres que he conocido gracias a mi enfermedad, a mujeres que me han demostrado tanto....y me han ayudado a ser distinta, a ver más allá de mi mini mundo.

Así que si me preguntan qué me ha quitado el cáncer de mama, te diré que lo evidente...pero sin embargo, me ha dado mucho. Me ha dado una nueva forma de ver y de entender la vida, me ha enseñado a relativizar, a decir, esto es hoy, pero mañana habrá pasado y estaré bien, y no lo veré todo negro, y sobre todo me ha enseñado cariño, apoyo, solidaridad, la mejor cara de las personas. Me ha dado libertad para decir 'te quiero' más a menudo, para decir lo que pienso, lo que siento, para llamar sin esperar a que me llamen.

Hoy, más que nunca, quiero mandar un mensaje de fuerza, de que se puede, de apoyo a toda la que se enfrenta a este tipo de cáncer, un mensaje de que hay que luchar contra esto con ganas, y de que hay que ser parte de nuestra curación. Y de que todo lo malo se acaba. Que, cuando crees que no puedes más, aprietas los dientes y puedes. ¡Claro que puedes! Animo a todas esas mujeres a ser parte de su vida, de su historia, de su tratamiento, y a vivir la VIDA mientras tanto.

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