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14/12/2017 07:27 CET | Actualizado 15/01/2018 16:49 CET

Cómo te cambia la vida cuando eres mexicano y llegas a vivir a España

Cuando llegues a Madrid, chulona mía

voy a hacerte emperatriz de Lavapiés;

y alfombrarte con claveles la Gran Vía,

y a bañarte con vinillo de Jerez...

Madrid, Madrid, Madrid,

en México se piensa mucho en ti

por el sabor que tienen tus verbenas

por tantas cosas buenas

que soñamos desde aquí;

y vas a ver lo que es canela fina

y armar la tremolina

cuando llegues a Madrid.

Chotis Madrid, de Agustín Lara.

maf_caballero

Vivir en España es una experiencia agridulce. Los mexicanos compartimos con los españoles muchas cosas: el idioma (supuestamente), la pasión y la inclinación al caos, por lo que uno se piensa que será todo una bonita alfombra de claveles a su paso... Excepto que no. Esto es lo que ocurre:

Cada que abro una carta o mantengo una conversación en España, les juro que entiendo más y más a los chicos de la canción "¡Qué difícil es hablar el español!" Más allá de las palabras, que más me vale no decir (todas las chs de "Chilanga banda"), es súper frustrante cómo existe una barrera muy real de comunicación.

Todo comienza en el avión -porque la aeromoza es azafata- y culmina en el mesero -que es camarero– quien se mofa de nuestro bien intencionado "Podría traerme una cerveza por favor", al responder "Podría, pero no quiero. Se dice 'dame una caña'". Y es ahí cuando tienes que saber que aquí no se da propina ni te van a tratar como tu taquero de confianza. Mal asunto.

Cada que abro una carta o mantengo una conversación en España, les juro que entiendo más y más a los chicos de la canción "¡Qué difícil es hablar el español!"


Abres la carta y lo primero que ves es que hay "bocatas" y tú no tienes ni idea, pero son de jamón serrano, así que pa'delante. Cuando por fin el camarero te trae la bocata, te das cuenta de que es un pedazo de barra de pan, con un jamón que no es nada como el serrano del súper mexicano, y que a diferencia de la torta, no le untan nada. Mal asunto.

Y del lenguaje solo les diré una cosa más: no, los españoles no están enojados, solo hablan medio brusco y golpeado. Encima, nosotros les sonamos a telenovela, película de Disney o Cantinflas (la comparación depende de la edad), y hasta cierto punto les damos risa a la hora de hablar pero sobre todo, ternura. Por más que me esfuerce en ser una perra desgraciada, mi telenovelesco nombre compuesto y cantadito no imponen ni un ápice de miedo. Mal asunto. Pero un día, sé que esta escuincla babosa les dará una sorpresa al puro estilo de Soraya Montenegro.

Luego está la comida. Sí, sí, los españoles tienen una cocina estupenda, paellas deliciosas (que no se parecen en nada a las que tenemos nosotros llenas de chícharos y verduras), jamón alucinante y turrón que hace al más ateo un fiel creyente. Pero nunca hay limón ¡carajo! Me doy cuenta de que los mexicanos estamos demasiado acostumbrados a ponerle mil menjurjes a nuestra comida, que si el limón y la salsa o el pico de gallo y la crema. Creo que es prácticamente seguro que de tantas cosas que le ponemos a nuestra comida, pasa a un segundo plano si está buena o no. El sazón es un elemento subjetivo, pero aquí no es el mismo, además quiero constantemente pararme sobre las mesas y gritar "¡todo mi reino por dos limones para esta sopa de lentejas!" Mal asunto.

De lado esos triviales problemas, entre más tiempo paso del "otro lado del charco", más entiendo por qué Agustín Lara escribió todas esas canciones a España sin conocerla.

La gente aquí es brusca, pero buena como nosotros. Admiro su generalizada franqueza la cual encuentro refrescante siendo de un país en donde todo es azucarado.


La discusión sobre violencia machista está a kilómetros luz de distancia de la nuestra, con ello basta ver la indignación pública sobre el llamado caso de "La Manada" y que las 44 víctimas en lo que va del 2017 sí tienen nombre y apellido.

Los españoles defienden a capa y espada su relativamente joven democracia (a pesar de ciertos intentos de independencia), militan en partidos y mantienen discusiones acaloradas sobre política dejando de lado nuestra maldita cruz de "todos son iguales".

Aquí el que tranza no avanza, los crímenes usualmente son castigados (salvo casos de corrupción con la realeza o el presidente involucrados) y no reina el caos total de la impunidad marca México.

De la realidad mexicana, no paro de escuchar la frase "Es una lástima lo de tu país, es tan bonito y su gente es tan buena..." y yo solo quiero responderles parafraseando al buen Agustín Lara: "En México se piensa mucho en ustedes, por tantas cosas buenas que soñamos desde ahí".

Este post se publicó originalmente en el HuffPost México

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