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15/04/2016 07:28 CEST | Actualizado 15/04/2016 07:28 CEST

Lo que pasó cuando me puse a darle el pecho a mi hija de cuatro años en un avión

589718629Todos hemos oído historias de terror, ¿verdad? Historias sobre madres humilladas por dar el pecho en un avión lleno de gente. Todos hemos leído relatos sensacionalistas, ¿a que sí? Sobre niños a los que se les regaña por cubrir una de sus necesidades más básicas.

Francisco Rama / EyeEm via Getty Images
Woman Looking Through Window While Traveling In Airplane

Hace unos meses, tuve la suerte de poder pasar una semana en la playa con mi marido y mi hija.

Habíamos llegado al aeropuerto con el tiempo justo, las maletas estaban facturadas y nos dirigíamos a nuestros asientos dentro del avión con una mezcla de alivio y emoción.

Mi hija ya tiene cuatro años y, sí, sigo dándole el pecho.

Así que no me sorprendió que a mitad del vuelo me preguntara: "Mamá, ¿puedo tomar un poco de leche?".

Todos hemos oído historias de terror, ¿verdad? Historias sobre madres humilladas por dar el pecho en un avión lleno de gente. Todos hemos leído relatos sensacionalistas, ¿a que sí? Sobre niños a los que se les regaña por cubrir una de sus necesidades más básicas.

Estas historias están llenas de incomodidad... la incomodidad del tío que apura su café con leche de vaca al otro lado del pasillo... la incomodidad del bebé que ha tenido que comer con prisas, escondido y tapado... la incomodidad de una madre que se ha ruborizado al defender su derecho a dar de comer a su hijo.

Pero en este contexto, no percibí incomodidad alguna por parte de los pasajeros cuando me levanté la camiseta para dar de comer a mi hija. De hecho, uno de ellos sonrió, pero la mayoría ni se dieron cuenta.

Mi hija tampoco se sintió incómoda; todo lo contrario: encontró la manera de sentirse cómoda durante un vuelo aburrido y en un ambiente que no le resultaba familiar.

En cambio, yo sí que me sentí incómoda. Sentí una incomodidad intensa, embarazosa, sin remordimientos... pero no del tipo que estáis pensando.

Veréis, no es que los asientos de avión sean muy grandes y no es que los niños de cuatro años sean muy pequeños. Así que nos costó lo nuestro encajarnos las dos en un asiento y colocarnos en el ángulo adecuado para que mi hija pudiera mamar... digamos que desde ese día podría trabajar en un circo como contorsionista.


Porque los días en los que me sentía incómoda por dar el pecho a mi hija en público son historia... sí, aunque ya tenga cuatro años.

Dar el pecho es normal. Y no hay peros que valgan. Es así de sencillo.

Tanto si el lactante tiene cuatro horas como si tiene cuatro años dar el pecho es normal y apropiado.

Es cuestión de tiempo que deje de llamar la atención que alguien dé el pecho en público. Es cuestión de tiempo que esta práctica tan normal empiece a convertirse en algo comprendido y aceptado.

Porque hace falta ver algo con frecuencia y en múltiples contextos y formas para concebirlo como algo normal.

Normalicemos lo que es normal juntos.

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Este artículo fue publicado originalmente en Mama Bean Parenting.

El post fue publicado con anterioridad en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

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