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21/05/2018 09:53 CEST | Actualizado 21/05/2018 23:09 CEST

La piscina como mensaje político

MG INMOBILIARI

La compra de su nueva vivienda por parte de Pablo Iglesias e Irene Montero es una de las operaciones políticas más inteligentes y de mayor proyección de la historia de nuestra democracia. Había que decirlo, pues transcurridos varios días desde que apareció la noticia, la inmensa mayoría de las interpretaciones que se han hecho de este asunto están, en mi opinión, absolutamente desencaminadas.

Porque atribuir un error de esta –presunta- magnitud a un estratega político del nivel de Pablo Iglesias, resulta estrafalario; como lo es suponer que Iglesias y Montero ignoraban que el marco conceptual "chalet" está preñado de connotaciones tóxicas para una formación que pretende transformar el mundo y cambiar la vida. No, es inconcebible que dos políticos de esa talla se hayan dejado llevar por la arrogancia, y hayan cometido la soberana estupidez que la mayoría de los comentaristas les atribuyen. Por eso, sostengo que la casa de Galapagar es el instrumento de una estrategia política de calado. Me explicaré.

Es inconcebible que dos políticos de esa talla se hayan dejado llevar por la arrogancia, y hayan cometido la soberana estupidez que la mayoría de los comentaristas les atribuyen

Hasta ahora, Pablo Iglesias había cultivado una imagen personal que combinaba estética vintage y hábitos enfáticamente austeros. Rescatando elementos que evocaban a las asambleas estudiantiles de finales de los 70, y apelando constantemente a su origen humilde, el líder de Podemos se dirigía a una parte muy concreta del espectro electoral. Por eso, su anacrónica coleta; por eso, sus expresiones de orgullo al mostrar los azulejos setenteros de la cocina vallecana de su abuela; por eso, su varonil indiferencia ante las comodidades de la vida moderna. Sin duda, este mensaje funcionó al principio, pero con el tiempo ha ido mostrando sus carencias. Había que cambiar, y una mente tan brillante como la de Iglesias ha debido comprender que la manera más directa, sobre todo si se trata de España, era apelando a los bienes raíces: era preciso pasar de Vallecas a Galapagar.

Quien esto escribe nació en Vallecas y pertenece a una familia de rancio abolengo vallecano, si me permiten el oxímoron. Por eso, estoy legitimado para afirmar que el porcentaje de tontos en ese populoso barrio madrileño no supera al de la media del resto del país. En consecuencia, la inmensa mayoría de los vallecanos cambiarían gustosos su vivienda en Martínez de la Riva, Monte Igueldo o Peña Gorbea por un chalet con piscina en la Sierra madrileña.

Aquí está la clave: Iglesias ha comprendido que el electorado en general –y si quieres tocar poder es a él a quien debes convencer- más que asaltar los cielos lo que quiere es arrasar el Corte Inglés con la tarjeta de crédito. Y que el electorado –de izquierdas o de derechas- prefiere una finca de 2000 metros cuadrados en mitad del campo a un piso de 60, y además cutre.

El cambio de vivienda es, por tanto, la expresión de la firme voluntad de Podemos de apelar a la inmensa mayoría, la que te hace ganar unas elecciones, la que te pone en Moncloa; y, de paso, una nueva demostración de la brillantez de este político. Que sus adversarios se desgañiten lanzando memes, Iglesias sabe muy bien a quién se dirige su gesto. Nunca en la historia de la política española una inversión habrá sido más rentable, y una hipoteca habrá tenido un mejor interés.

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